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Pacheco, de cómico en un buque a presentador y entrevistador

Por: 
Redacción Cromos
Pacheco, de cómico en un buque a presentador y entrevistador
Una carrera multifacética que le aseguró un lugar en el corazón de todos los colombianos.

 

Antes de que fuera Pacheco se llamó Kid Pecas, un boxeador más bien malito -como él mismo se describió-, cuyo talento con los puños no le alcanzó ni para ganarse la vida. Y antes de eso fue estudiante de medicina, de economía y de derecho, sin que llegara a graduarse, según diría él por problemas familiares. Después de su malogrado paso por los cuadriláteros fue camarero y mayordomo en un barco mercante, y fue allí donde la providencia le puso al frente a Alberto Peñaranda, fundador de Punch, quien quedó flechado al verlo cantando y diciendo “tonterías” que divertían al público. Fue gracias a ese encuentro fortuito que Fernando González Pacheco, un español que llegó a Colombia a los doce años de edad, y que no se ubicaba en la vida, terminó al frente de un programa de televisión llamado Agencia de artistas, en 1956.

 

Su éxito le impidió volver al mar, donde él creía que tenía futuro. “La única cosa que extraño en mi vida tras haber escogido un oficio como la televisión es el mar. El mar lo marca a uno muchísimo, le cambia los valores, le cambia a uno muchas formas de pensar, lo convence a uno que uno es un gorgojo en el mundo”.

 

Lo cierto es que su decisión de aceptar el reto que Peñaranda le puso de rasgar la guitarra y echar chistes, le abrió las puertas para un mundo que desconocido pero que lo recibió para no dejarlo ir jamás. De hecho, ese primer programa lo puso a prueba para demostrar lo que sería Pachecho de allí en adelante, el hombre que afrontaría con buen humor su vida profesional y personal, hasta convertirse en su sello, en su impronta.

 

Así recordó Pacheco aquella metida de pata al aire, en directo, en la que mostró el temple del que sería el mejor presentador de la televisión colombiana de todos los tiempos. “Yo presentaba al maestro Pedro Vargas y él iba a cantar una canción del maestro Agustín Lara que se llama Noche de ronda y yo dije: aquí está el maestro Pedro Vargas cantando Noches verriondas”.

 

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De ahí en adelante, Pacheco demostró que tenía la personalidad suficiente para sacar adelante cualquier entrevista, para presentar cualquier programa, para sostener en vivo una transmisión difícil o para lanzarse en paracaídas o vestirse de payaso solo con la intención de hacer reír a los niños o meterse en un ruedo para esquivar un toro, solo por placer.

 

Su mayor placer era divertir a la gente, sobre todo a los niños. Tal vez por eso siempre dijo que el programa que lo marcó para siempre fue Animalandia. Varias generaciones de colombianos crecieron escuchando “si lo tiene tráigalo” o recordando sus intervenciones con los célebres payasos Bebé, Tuerquita, Juanito y Pernito. Años después sería el “quiere cacao” de Compre la orquesta, el mejor programa que hizo, según lo reconocería después.

 

Nunca se consideró un periodista, pese a que después de innovar con los programas concursos de todos los colores y sabores como Sabariedades, Cabeza y cola, Los tres a las seis, El programa del millón, Pacheco y el gordo, incursionó como entrevistador. Fue uno de los mejores porque se caracterizó por sacar a los personajes más solemnes y serios de su empaque acartonado y mostrarlos como seres humanos, con sus gustos, debilidades y aficiones. Alguna vez dijo que los premios de periodismo que había ganado con estos programas eran en realidad de los entrevistados y no suyos.

Pacheco insólito, Cita con Pacheco, Charlas con Pacheco, fueron los nombres de esos programas en los que el televidente podía conocer desde artistas, políticos y empresarios en la mejor de sus facetas.

 

Pacheco dijo que recordaba tres entrevistas memorables: la del general Omar Torrijos, porque con ella ganó un Simón Bolívar; la de Luis Carlos Galán porque le conmovía el corazón y la del maestro León de Greiff, por la dificultad para entrevistarlo porque ser frío y distante. Le quedó una pendiente: “con el Papa, no para hablar de catolicismo, sino como humano”.

 

Foto: Archivo CROMOS. 

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