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¡Tener síndorme de down no es un impedimento!

Por: 
Revista Mi Bebé
El síndrome de Down es una condición que no debe limitar a los niños en su vida escolar.

En el salón Vaca Lola estaba David*, no hablaba mucho pero participaba en las actividades con sus compañeros de 2 años. Al principio los compañeros de David no comprendían sus reacciones cuando la gente se le acercaba, no fue fácil para él que sus amiguitos lo tocaran y reaccionaba más fuerte de lo normal. Poco a poco los otros 8 niños aprendieron que había que respetarle un poco más sus espacios, pero que él también quería jugar, hacer dibujos y participar de las actividades del circuito. Para los otros niños David era uno más, le cantaban la canción de bienvenida en la mañana y le daban un abrazo de despedida los viernes, para nadie en el salón era un problema que David tuviera síndrome de Down.

Así crecen los niños cuando desde pequeños viven en espacios de inclusión. Logran respetar e integrar a los pares que tienen alguna discapacidad cognitiva o física de manera que esta no se vuelve una barrera en sus relaciones. Es precisamente por esta razón que cada vez más, los expertos recomiendan que los niños con síndrome de Down hagan parte de la escolarización regular, que empieza en el jardín infantil.

 

Esta tarea pone un reto para instituciones regulares, familias y para los mismos niños y niñas pues para llegar a las aulas, entonces, hay que trabajar en sensibilizarlos a ellos y a sus familias. “La percepción del mundo hacia nuestros niños comienza por nosotros mismos”, afirma Marcela Fernández, miembro de la Corporación Síndrome de Down. Ella explica que los padres viven el rechazo de las instituciones que no conocen del tema y están llenos de prejuicios, pero para poder salir adelante son ellos mismos quienes deben tumbar esas barreras. Este proceso se inicia en la Corporación, donde se hace el acompañamiento y la asesoría a todos los miembros de la familia, y se prepara a los niños para que en el momento indicado puedan llegar a un jardín y sacar el máximo provecho.

 

“Los procesos académicos aquí no son lo más importante. Lo clave es que el niño haga parte del mundo en el que está. Que adquiera herramientas indispensables como matemáticas y lectoescritura y que logre un proceso socioafectivo positivo que lo estimule”, explica Carolina Celis, quien teje el puente con los colegios. Así los niños llegan a las aulas con lo mejor de ellos para darles a sus compañeritos y para aprender de ellos. Al fin de cuentas un aula que integra niños con discapacidades y sin ellas se parece más al mundo en el que vivimos y los prepara a todos para que cuando les llegue el turno, lo conviertan en un lugar mejor.

 

Mitos y verdades

Las personas con síndrome de Down no están escolarizadas por su condición: Falso. Hoy en día las personas con síndrome de Down están incluidas en instituciones de educación formal siendo partícipes de actividades educativas, sociales y recreativas.

 

Todos los niños con síndrome de Down son iguales por la parte física: Falso. Cada uno tiene sus particularidades de acuerdo con el contexto social en el que se desarrolla.

 

La mayoría de niños que nacen con síndrome de Down son de padres de edad mayor: Falso. El 80% de los niños que nacen con síndrome de Down son de madres menores de 35 años.

 

Las personas con discapacidad intelectual son retardadas: Falso. Son inteligentes, tienen capacidad de aprendizaje; cada una con ritmo y estilo propio.

 

Los niños con síndrome de Down son cariñosos y hasta libidinosos:

 

Falso. Al igual que todos los niños, si se les da cariño responden de la misma manera; si los maltratan son agresivos, lo que ocurre es que son muy sensibles, por lo que perciben con más claridad cuándo los quieren o los rechazan.

 

Foto: Istock

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