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¿Es machista depilarse?

Por: 
Catalina Ruiz-Navarro
Mujer depilándose las piernas
La mayoría de nosotras tenemos una idea contradictoria sobre ese proceso en el que nos quitamos el pelo del cuerpo.

 

¿Alguna vez se han detenido a pensar por qué las mujeres nos depilamos el vello corporal y los hombres no? Cuando era adolescente, mi mamá hizo que esperara hasta después de los 15 años para depilarme las piernas. Me decía que era esclavizante. Y lo es. Las cuchillas dejan heriditas, resecan la piel. La cera duele tanto que es como ver al mismo diablo. La crema deja toda la casa oliendo horrible. No hay una sola forma de depilación que no sea una tortura repetida. Y esto, para las mujeres peludas (estoy segura que cada mujer piensa que es la más peluda) es un gran problema que implica vigilar y revisar todo el tiempo el pelo de nuestro cuerpo, planear nuestras salidas y nuestra ropa, según el estado de crecimiento de ese vello corporal.   

 

Por ejemplo, cuando me casé, el plan era irnos luego una semana a la playa. Esto quería decir que si el matrimonio era un sábado y la gente llegaba el jueves, yo debía hacerme la cera el miércoles. No suelo hacerme la cera porque duele mucho, pero tiene la ventaja de durar bastante; es decir, durante todo el viaje a la playa. Sin embargo, mis amigas querían hacerme una despedida de soltera el fin de semana antes del matrimonio. Yo llevaba al menos 15 días sin depilarme porque para que la cera quede bien hecha toca tener los vellos largos. Estábamos en Barranquilla, así que salir de pantalón y camisa manga larga no era una opción. Y bueno, a mí me encanta mostrar las piernas, y no iba a pasar calor. ¿Qué hacer? 

 

No se imaginan cuánto tiempo gasté tratando de resolver este problema tan estúpido. ¿Qué podría pasar si salía sin depilarme? ¿La gente iba a descubrir que yo tenía vello corporal, como si no fuera obvio? ¿Acaso creían que yo era una rana? Ah, pero sí tenía un costo social: iba a ser criticada, rechazada, iba a ser negada como potencial interés romántico de un hombre. Como esto último no me interesaba en lo más mínimo, me importó un carajo y salí así, sin depilarme, con un culivestido y tacones. ¿Y saben? Nadie se dio cuenta, pero cuánta energía gasté en esta pendejada, y solo por una convención social que tiene muy poco de razonable y mucho de represión. 

 

Y, sin embargo, me sigue gustando como se ven mis piernas recién depiladas, es algo que me hace sentir bonita y elegante. Yo no puedo saber si me gusta depilarme las piernas porque me gusta la textura suave de la piel o porque desde pequeña el patriarcado me ha enseñado que el vello corporal es masculino y mejor primero parecerse a una rana que a un hombre. Todas nacimos en esta cultura machista y es muy difícil que nuestros gustos o las cosas que nos atraen no estén de alguna manera mediadas por ella. Eso dicho, no hay nada malo en que a uno le guste depilarse, el problema es pensar que todas las mujeres se tienen que depilar por obligación porque es el único modelo de belleza posible y porque los cuerpos peludos no se valen. 
 

 

Las preguntas son: ¿A quién tratas de complacer? ¿Quién tiene el control sobre tu imagen? Si la respuesta a ambas, con todo y sus contradicciones, es “a mí misma”, entonces ¿Cuál es el problema?

 

 

Foto: Istock

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