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¿Es machista ver porno?

Por: 
Catalina Ruiz-Navarro
Hombre viendo porno
Todo depende. De la manera en que lo hagamos, de las películas que veamos,de los intereses que tengamos.También puede ser una práctica sana.

 

Primero lo primero: es importante saber si lo que uno está viendo es porno o es otra cosa. El porno es una puesta en escena de una representación del sexo con fines de entretenimiento, en donde todos los involucrados son adultos y acceden a participar voluntariamente. Si esto no se cumple, probablemente no se trata de porno sino del video de una violación. ¿Recuerdan esa película que escandalizó en los setenta, El último tango en París, dirigida por Bernardo Bertolucci? Bueno, la película fue protagonizada por Marlon Brando, de 48 años, y María Schneider, que entonces tenía 19 años.

 

 

Luego de la película, Schneider tuvo serios problemas de adicción durante el resto de su vida y murió de cáncer en el 2011. Antes de morir alcanzó a decir que una de las escenas –en la que Brando (o el personaje interpretado por Brando) viola al personaje interpretado por Schneider usando una barra de mantequilla como lubricante– no estaba en el guión. “Durante la escena, aunque lo que hacía Marlon no era ‘real’, yo estaba llorando lágrimas reales. Me sentí humillada y, para ser honesta, me sentí un poco violada, tanto por Marlon como por Bertolucci”. Después de la muerte de la actriz, Bertolucci admitió que la idea de la escena se les había ocurrido a los dos hombres la mañana de la grabación y que no le habían informado a Schneider para capturar su reacción real. Añadió que “se siente un poco culpable, pero no se arrepiente”. En resumen, lo que vemos en El último tango en París no es ni pornografía ni erotismo, es una violación. Cualquier consumidor ético, entonces, tendrá que asegurarse, antes que nada, que lo que está viendo es una representación para su entretenimiento y no un crimen. 

 

 

Muchas feministas han criticado la pornografía con justa razón, porque en sus formas más mainstream suele cosificar y humillar a las mujeres. En la mayor parte del porno las mujeres están ahí para complacer las fantasías de los hombres, pero su deseo no importa. Otras formas de pornografía son abiertamente misóginas y, algunas, son más sutiles, simplemente se quedan en el punto de vista de los hombres. Eso sin contar los serios problemas de explotación a las actrices y la falta de garantías en salud y derechos laborales de algunas formas de porno aficionado. Usualmente estas formas de porno están hechas por hombres y para hombres heterosexuales, y las mujeres terminan siendo nada más que tetas y orificios, y los hombres no aparecen más que como un pene penetrador y desarticulado. Además, este tipo de porno crea, especialmente en los hombres, expectativas falsas y les enseña poco sobre cómo darle placer a una mujer. 

 

 

Pero el porno también puede ser feminista (y, de hecho, ya existe porno feminista, busquen en Internet). La diferencia radica en que representa a las mujeres como copartícipes del sexo y la conquista, no solo como objetos. No es de extrañar que la mayor parte del porno feminista que existe es también lésbico, pero esto no quiere decir que no se pueda encontrar algo para las feministas heterosexuales. El porno puede usarse para reproducir ideas violentas del patriarcado o para hablar de sexo de una manera sana y emocionante; ojalá cada vez sea más común y accesible esa segunda opción. Mientras tanto, tanto los hombres como las mujeres podemos ser consumidores éticos de porno (ojalá feminista). Es cosa de buscar. 

 

 

Foto: Istock

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