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Está bien tener la malparidez alborotada

Está bien tener la malparidez alborotada
Estamos acostumbradas a ignorar nuestras emociones. Para entendernos y liberarnos, necesitamos aprender a sentir.

Por: Matilda González Gil.

 

Lora Mathis es una poetisa y artista que habla de “la suavidad radical como un arma”. Su objetivo principal es, como lo explica en su página de Internet, “aceptar mi propia vulnerabilidad y saber que no hay nada de malo en ella”. Es hablar de las emociones en público, en especial de aquellas que son vistas como debilidad: la tristeza, la humillación, el dolor e, incluso, las enfermedades mentales como la depresión. La suavidad radical se trata de no banalizar lo que sentimos, de darles a las emociones la importancia que merecen. Reconocer que las aventuras también se encuentran en nuestra cotidianidad. No hay nada más doloroso que una tusa, no hay alegría más grande que reencontrarse con los amigos y la familia, no hay nada más triste que sentirse sola. Es supremamente frustrante que te guste alguien que no siente lo mismo por ti y no hay traición que se compare a esa vez que tu novio se comió a tu mejor amiga. Ponerle los cachos a alguien es como una película de suspenso y que te los pongan se siente como si te metieran el corazón en una licuadora: ahí hay más violencia que en cualquier película de Tarantino. 

 

Ser suaves de forma radical implica ser conscientes de la humillación que nos han dicho que debemos sentir al llorar en público. Es hablar de las cicatrices que te ha dejado la vida y los exnovios –esos malditos exnovios–. Es no cargar con culpas por sentir miedo y humillación. Es reconocer que somos humanas. Ahí radica su importancia como arma política: para liberarnos como sociedad, necesitamos liberarnos a nosotras mismas, primero. Debemos independizarnos de toda la mierda que nos han enseñado. Es un proceso que busca encontrar lo que a uno le duele y no huir de ello, sino enfrentarlo. Es aprender a vivir con la incomodidad que produce la vulnerabilidad. Es empelotarse con uno mismo e intentar al máximo derrotar a ese terrible villano que es el autoengaño, ese famoso y mentiroso “estoy bien”. 

 

Es una estrategia que tiene como objetivo subvertir el mandamiento de que siempre tenemos que estar felices, contentas y sonrientes (¿y esta por qué está triste si no le hace falta nada?). Al hablar en público de algo que nos hace humanas, como la tristeza, sin sentir que debemos pedirle disculpas al mundo por ese sentimiento, estamos liberándonos. Pero ser vulnerable no implica ser pendeja, la suavidad radical no es ponerse flores en la cabeza y creer que el mundo se arregla a punta de besitos y abrazos. Al contrario, es politizar nuestras relaciones con otras personas y con nosotras mismas, para pensar dos veces antes de tragarnos algo que nos incomoda o no nos gusta. La suavidad radical es no tragarse la rabia y aprender a comunicarla de forma asertiva, sin dejar que nadie te diga que le bajes al tonito. 
 

Foto: iStock.

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