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Las personas negras no están para servirnos

Por: 
Matilda González Gil
El racismo lleva a que deslegitimemos las luchas de los chocoanos, a pesar de su validez.

Las reacciones negativas al paro del Pacífico son prueba del racismo tan berraco de los colombianos. Todavía queremos que los negros sean dóciles, obedientes y humildes. No nos gusta que reclamen ante ninguna de las injusticias a las que los sometemos. Creemos que existen para servirnos y, si se emberracan, les mandamos a la fuerza pública –a lo Santos–, porque todavía los vemos como delincuentes revoltosos que hay que neutralizar y encarcelar. Pero eso sí, cuando nos preguntan si somos racistas, respondemos que cómo se les ocurre, si acá todos somos mestizos o que tenemos un amigo negro. 

 

El paro es un reacción justificada y hasta suave para toda la mierda que les ponemos a comer: solo desde hace 50 años escogen a sus gobernantes; por lo general, el Estado hace acto de presencia con personas blancas del interior del país; la mayoría no tiene agua potable ni servicios públicos; no cuentan con hospitales y los que existen están que se caen; las carreteras son un desastre; los dueños del puerto son blancos y eso hace que las ganancias no se distribuyan entre los locales; las economías de la minería y la caña de azúcar les exprimen hasta la última gota de sudor para enriquecerse, pero a ellos les toca la tajada más pequeñita... entre otras 'guevonaditas'.

 

Reconozcamos que los que tenemos la piel más clarita nos beneficiamos del vergonzoso racismo estructural de este país. Desde que llevaron a las personas negras esclavizadas a recoger oro, la relación del país con el Pacífico ha implicado que extraigamos todas sus riquezas sin darles nada a cambio. La tal locomotora minera es una continuación de ese sistema descarado. La minería legal le paga al gobierno por extraer sus recursos, pero esa platica no se invierte en beneficio de las personas negras de esa región donde están varias de las zonas de explotación. Las relaciones coloniales nunca se fueron de allí,  se transformaron y se adaptaron. La locomotora de Santos es un colonialismo reloaded. 

 

Como cereza en el pastel, les tenemos contaminados sus ríos con mercurio por la misma puta minería que se suponía que iba a traer el desarrollo a su región. Eso sin mencionar que se vienen otros prometedores proyectos de desarrollo, que inevitablemente van a desplazar a la población de sus tierras ancestrales.

 

Pero, para los medios, lo violento es el paro y no esta relación abusiva entre los blancos y los negros. Lo violento es el racismo, no el paro. Los que les hacemos daño a las personas negras somos nosotros al tenerlos viviendo al margen de la sociedad y no es suficiente con reconocer que hacemos parte del problema, es hora de hacernos responsables. Un buen punto de partida es demostrar solidaridad, contactar al Comité Cívico por la Dignidad del Chocó para preguntarles cómo podemos colaborarles, apoyar las marchas y foros a los que convocan, presionar al gobierno por incumplirles y engañarlos, y no dejar que deslegitimen sus luchas. 

 

Foto: iStock. 

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