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¿Mujeres vs. mujeres?

Por: 
Mónica Diago
Percibo un aire de superioridad tanto en mujeres que son madres como en aquellas que decidieron no serlo.

Sucedió hace poco. Mi barriga aún no me delata así que ningún desconocido advierte mi nuevo estado. Estaba justo contándole a un gran amigo mi noticia. Él me escuchaba con atención y ponía su amistad a mi disposición mientras merendábamos con empanada y capuchino.

 

Una amiga de su pasado se acercó a nuestra mesa de manera efusiva. Recuerdo que tenía una blusa de tela de malla que dejaba ver su panza, libre. Se saludaron y él la interrogó:
—¿Qué hay de sus amigas del colegio? – se habían conocido en esa época.

 

—Bien, ya sabes, todas casadas, con hijos, familia, bla, bla, lo típico –hacía un ademán con las manos que se quedó en mi mente porque indicaba desinterés. Sus ojos, además, miraron hacia arriba para reforzar un mensaje clarísimo: a ella eso le parecía propio de una mujer convencional, predecible, clásica, aburrida, básicamente. Sus amigas del colegio se enmarcaban en una casilla a la que ella no quería pertenecer.

 

Su posición es válida, pero me hizo pensar en la superioridad moral que nos caracteriza. No sé cómo se referirán a ella sus amigas casadas y con hijos. Es posible que hablen de ‘Paquita’ como la que no ha sentado cabeza, la que sigue creyendo que tiene 25 años, la hippie. Como si la única forma de arraigarnos a la tierra y a la vida (de ‘sentar cabeza’) fuera reproduciéndonos.

 

He estado también en presencia de madres que creen que son superiores a las demás mujeres porque parieron, porque ocupan la mayor parte de su tiempo en su hijo o porque saben cómo calmar un resfriado sin pastillas. 

 

Además, he conocido aventureras que se jactan de tener todo el tiempo en sus manos, de canalear los domingos sin parar o de coquetear con hombres guapos los fines de semana.

 

Solo por eso consideran que llevan puesto un manto de libertad y rebeldía que las hace sentir mejores que las demás.

 

Yo estoy a punto de convertirme en mamá y no quiero dejar de viajar, ni de poner toda mi concentración en un trabajo que me apasiona, ni de juntarme con mis amigas o tener citas románticas con mi novio. No veo cómo una cosa va en contra de la otra. No entiendo por qué, en ocasiones, las mujeres nos enfrentamos a otras mujeres. ¿Cómo es eso de que ser mamá me quita lo que me ha hecho feliz? He sido independiente y, justamente por eso, elegí ser mamá por convicción, porque sentí que la vida me lo plantó en la cara y fue más que natural decir “sí”. Así como muchas han dicho “no” con certeza, fuerza y convicción. Lo cual también es válido.

 

La liberación femenina consiste, precisamente, en tener autonomía a la hora de escoger qué queremos: ser mamás, ser tías, viajar libremente por todo el mundo, montar un emprendimiento, adoptar un hijo, no tener hijos, operarnos para tener sexo tranquilas, abortar... La liberación femenina  busca que podamos definir nuestra ruta en la vida sin atender las imposiciones sociales que definieron el camino de muchas de nuestras madres y abuelas.

 

Liberación femenina no es menospreciar a aquellas que han decidido tomar una vía con la que no nos sentimos identificadas. Hagámonos pasito. Todas hemos batallado esta guerra, disfrutemos el camino al triunfo de la mano.
 

 

Foto: iStock.

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