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“Yo no soy gorda, soy LA GORDA”

Por: 
Matilda González Gil
¿Por qué solo consideramos bellas a las mujeres flacas? Una organización feminista invita a que cambiemos nuestra manera de medir la belleza

"Yo no soy gorda, soy LA GORDA" dice una de las canciones de Yela, una de las integrantes de la colectiva Gordas Sin Chaqueta, una organización feminista que busca reflexionar y reivindicar la gordura como un acto político. Cuando empezaron a reunirse y a compartir experiencias, se dieron cuenta de que muchas compartían una relación muy particular con las chaquetas: las utilizaban para esconder el cuerpo del que debían avergonzarse. Tenían que esconderlo porque no parecía apto para lo que les habían vendido como deseable para el consumo de los hombres heterosexuales. A varias, desde pequeñitas, en las reuniones familiares, les aconsejaban dietas, les escondían el pan y hasta les recomendaban liposucciones, y meterse un balón gástrico para que comieran menos.  

 

Dicen que no son gordas sino LAS GORDAS (en mayúsculas) porque se niegan a pedirle perdón al mundo por ocupar espacio. En un manifiesto que escribieron para responder a un artículo escrito en el 2012 por Alejandra Azcárate en contra de la gordura dicen: “Saludamos con abrazos gordos y apretados, si no cabemos, abrimos nuestros propios espacios con orgullo, creamos puertas más grandes por donde podamos transitar libremente”. Hacen talleres con otras mujeres para sanar las heridas y politizar la relación con sus cuerpos, les recuerdan que no venimos en tallas únicas. Dicen que al nombrarse “gordas” le quitan el poder al insulto que, por tanto tiempo, ha sido utilizado para mantenerlas resignaditas y con el autoestima por el piso para que sean más manejables. 

 

Están cansadas de que les digan que son las de la cara bonita, las buenas amigas, las de buenos sentimientos, “a pesar” de que son “gorditas”. Resignifican sus estrías y su celulitis y rompen con los estereotipos inalcanzables de belleza. Se preguntan por qué todas debemos parecernos a esas imágenes de mujeres flacas y por qué solo a esos cuerpos se les dice bellos. También cuestionan el valor tan desproporcionado que le damos a la belleza para medir lo femenino.  

 

Estas gordas ya no están acomplejadas y ya no agachan la cabeza cuando las maltratan. Estas son peligrosas, fuertes, sin vergüenzas y vienen a causar temblores sobre las concepciones que tenemos del cuerpo de las mujeres. No están enfermas y controvierten la cultura de la belleza saludable porque saben que es solo una forma disfrazada de desprecio hacia las mujeres: otra forma de cambiarlas y moldearlas para que se adapten al deseo del machismo, de decirles que nunca son suficientes en sí mismas y una estrategia para darles a entender que deben ocupar la menor cantidad de espacio en el mundo. Estas mujeres representan las luchas políticas que pueden darse desde el cuerpo y nos están enseñando que es hora de que dejemos de creernos con el derecho para opinar sobre el cuerpo de las demás.
 

 

Fotos: iStock.

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