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Ser mujer desde la mirada de tres fotógrafas

Ana Casas, Isabel Tallos y Melissa Cartagena han hecho de su arte un medio para reflexionar sobre las vicisitudes de la condición femenina.

Por: Diana Franco / Daniela Ospina

 

En sus imágenes, el cuerpo de la mujer, como elemento central, escapa de cualquier intención de ser cosificado, para ser revelado desde su propia naturaleza. Desde esta óptica, temas como la maternidad, la lactancia, la relación del cuerpo con el espacio y la sexualidad no solo rompen cánones estéticos y se muestran sin ninguna clase de tabú sino que además logran trascender el plano visual y la atracción que generan los desnudos, para plantear preguntas sobre  qué significa ‘ser mujer’ en la sociedad actual.   

 

A través de la cámara, ellas logran pensarse y nos ponen a pensar. 

 

Isabel Tallos, España

 

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Isabel viene del ámbito de la pintura y el dibujo, sin embargo, la fotografía, como un medio para coleccionar y resguardar la memoria, la enamoró. 
La exploración del espacio y su relación con las personas, tanto a nivel técnico como conceptual, ha sido el tema central de su obra. En su serie Incúbitas, esta obsesión recae sobre los espacios pequeños y la dualidad que generan, en cuanto pueden ser lugares agobiantes o protectores, dependiendo de las circunstancias. “Creo que muchas veces no llegamos a ser conscientes de cómo influye en nosotros el espacio que nos rodea”. 

 

En gran parte de su obra, Isabel se ha convertido en su propia modelo. Autorretratarse fue la salida más práctica que encontró, ya que de esta forma no tenía que desgastarse explicándoles a terceros su visión. Pero, poco a poco, esta práctica se fue transformando en una parte fundamental de su ‘ritual’ al hacer fotografías y en un ejercicio de introspección y honestidad con su propia forma de ver el mundo. Quizá sea por eso que, aunque nunca pretendió inyectar algún tipo de discurso feminista en sus imágenes, estas han sido interpretadas desde esa perspectiva.  “No realicé fotografías con una intención reivindicativa, pero cierto es que era una mujer libre, obsesionada con el espacio, con el aire, con el vuelo y con no salir maquillada o delgada en las fotos. Puede que eso haya causado que se perciban como feministas”. 

 

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Hoy en día su forma de pensar, lo confiesa, es diferente. Se dio un respiro de la fotografía (aún no sabe si de manera temporal o permanente) para incursionar en un campo que la ha puesto de cara con una realidad que antes ignoraba. Ahora se dedica a hacer videojuegos. “En mis fotografías no tenía un discurso feminista pero ahora si lo tengo. Vivía muy cómoda en mi estudio, trabajando sola y no era consciente en absoluto de los problemas que siguen existiendo en el ámbito laboral para las mujeres”.

 

“Es lamentable que tengamos que seguir imponiéndonos para que nos escuchen en una reunión o nos hablen directamente. Una cosa que he descubierto es que el trato que recibimos las mujeres depende mucho de sí encajamos o no en la cajita que la sociedad ha creado para nosotras. Cuando me dedicaba a la fotografía, encajaba: era una chica joven, que viajaba, que sabía de arte, que exponía, que daba pie a conversaciones y resultaba agradable. Ahora soy empresaria y, además, en el sector de los videojuegos. Eso implica reacciones muy curiosas. Suelen preguntarme: ‘¿Quién te ha engañado para que te metas ahí?’, ‘¿Pero tú has jugado videojuegos?’, ‘Hacer fotos te pegaba mucho mejor’". 

 

 

Ana Casas, México

 

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Foto: Gerardo Montiel Klint.

 

Ana Casas nació en Granada, vivió parte de su infancia en Austria y llegó a México de la mano de su madre, a los 8 años. Comenzó a tomar fotos a la par que inició la carrera de Artes Visuales, pero, muy pronto, la fotografía invadió todo en su vida. El cuerpo y la memoria, desde sus propias reflexiones, fueron sus principales temas de exploración: “Las fotos me empujaron a realizarme muchas preguntas sobre el afecto, el amor, el deseo, el vínculo entre madre e hijo, como esa experiencia que nos catapulta a la propia infancia y, también, a sus lados más oscuros”. 

 

Estas inquietudes fueron el punto de partida de Kinderwunsch –un término alemán que combina las palabras niños y deseo-, una serie de imágenes que revelan lo bello, lo tenaz y lo indescriptible de la maternidad. 

 

Contraccionprincipal

 

El proyecto inició en el 2003, cuando la artista se sometió a un tratamiento de fertilidad para lograr ser madre después de los 40 años. Su paso por los procesos médicos, el embarazo, el parto y la propia esencia de ser madre  se transformaron en una línea narrativa que habla abiertamente de lo tortuoso y a la vez gratificante de convertirse en madre desde un ejercicio casi de desdoblamiento: “pude ver la sorprendente transformación de mi cuerpo, mi gesto en el avasallador momento de una contracción antes de dar a luz, o mi expresión al tener a mi segundo hijo por primera vez en mis brazos. La fotografía es para mí la posibilidad de ver aquello que jamás vemos de otra manera y que nos perturba”, señala Casas. 

 

Para ella, aún hay un tabú en torno al tema de la maternidad, que algunos artistas han buscado romper, pero que la sociedad sigue manteniendo en un ámbito de lo aparentemente ‘doméstico’, “como si eso fuera una categoría que descalificara esta fundamental experiencia humana”. 

 

Cien fotografías componen esta serie que, más allá de su carácter personal, busca generar una profunda reflexión sobre la naturalidad y complejidad que hay detrás de esta etapa de la vida en una mujer, en tiempos donde las imágenes de violencia se han vuelto 'normales y aceptables' y, en cambio, el cuerpo desnudo sigue resultando provocador: “Me parece muy grave que actualmente se considere inmoral que una madre esté amamantando cuando vemos el nivel de tolerancia que tenemos hacia imágenes de la más extrema violencia. El hecho de que mi trabajo pueda despertar preguntas en ese sentido es muy importante para mí”. 
 

 

Melissa Cartagena, Colombia
 

 

Felipe Loaiza

 

Gracias a las cámaras análogas de sus padres, a los 14 años despertó la pasión por la fotografía de esta colombiana nacida en el Urabá antioqueño.  Su madre, trabajadora social de aquel complejo rincón del país, fue su inspiración. El entorno matriarcal de su niñez la llevó a buscar el empoderamiento femenino a través del retrato del cuerpo de la mujer. Su exploración en este arte comenzó con mujeres vulnerables, a quienes se aproximó para producir imágenes con un estilo documental.   

 

Melissa Cartagena01 (2)

 

Luego empezó a adentrarse en el arte del placer.  Para ella el erotismo hierve en sus venas y es un arma que utiliza para explorar asuntos como la libertad femenina y el empoderamiento de un cuerpo que vive su sexualidad: “El cuerpo va más allá de lo que aprecia o sexualiza una persona de ti”.  Sin embargo, estamos en Colombia. Su visión de la mujer choca con los lineamientos culturales de una sociedad conservadora que muchas veces ve su trabajo como pornografía y no como una representación de lo femenino en su estado perfecto.  

 

Sus fotografías de mujeres no solo muestran desnudos, todas tienen un trasfondo y el poder del erotismo. En ellas las mujeres son lo que quieren ser. “La sensualidad es un tema de arte, de poder”. 

 

Su trabajo se ha movido muy bien a través de plataformas como Flicker e Instagram, lo cual le ha dado la posibilidad de presentarlo por el mundo. Ha expuesto en países como Estados Unidos, Lituania, Francia, Brasil, Argentina y Colombia. 

 

Desde sus 15 años trabaja en Dócil, un proyecto personal, que recopila 100 rostros de mujeres colombianas, con los que luego  creará una instalación y un único rostro femenino. Esta obra es un tributo a la mujer, en especial a su madre. Un homenaje a la sensualidad como arte y poder.  Sus protagonistas son  mujeres reales que le ayudan a complementar su carrera como directora de arte.  

 

En sus planes futuros está dirigir cine. Ve en el documental femenino un medio para llegar a un público más amplio y abrir posibilidades para las mujeres en Colombia y el mundo.
 

 

Fotos: cortesía. 

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