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Llega mayo y las salas de las mamás se convierten en jardines. Las flores son símbolo de todo tipo de cursilerías: amor, romanticismo, felicidad… Pero también son la personificación del trabajo invisible de cientos de mujeres que en esta edición sacamos a la luz. 

Luz Mery Marín corta más de 600 tallos de rosa al día. Tiene 48 años y 13 los ha dedicado a las flores. Está despierta desde las 4:00 de la mañana y su jornada laboral se extiende hasta las 4:00 de la tarde. Debe mantenerse de pie por más de doce horas y luego llega a su casa a hacer oficio. Su rutina es dura, pero siempre tiene buena cara. Parece que no conociera el cansancio y que no supiera lo que es una queja. “Cómo no ser feliz, si las flores me lo han dado todo”, asegura.

 

Gracias a su trabajo en Sunshine Bouquet sacó adelante a sus tres hijos y construyó su casa. Una prima para los muros, otra para las ventanas y la siguiente para las puertas. Con las que vengan piensa pintar las paredes y cambiar el techo. Luz Mery lo tiene todo, hasta dos nietas, Nicole y Lizeth Mariana; y un espíritu luminoso, honesto, echado para adelante, corajudo. A ella nada la para. Y no hay quién le quite esa alegría que le mueve el cuerpo. 

 

A las 5:45 sale en bicicleta hasta el cultivo. Tarda unos 15 minutos en llegar. De buen comer, no le sobra una arepita más para coger impulso antes de empezar a recolectar flores. Luego, arranca a cortar. Una, dos, tres. Después las tijeras al desinfectante. Y otra vez.  Una. Dos. Tres. Y las tijeras al desinfectante. Hay que evitar la botritis, esa enfermedad que es la principal enemiga del sector. Cada paso del proceso es pensado, medido, delicado. No cualquier rosa se recoge y no se recoge de cualquier forma. Por eso, quienes cortan flores suelen ser mujeres: por la delicadeza de sus manos y sus movimientos. Esas manos son las que suelen verse más afectadas en este oficio, en el que se presentan, con cierta frecuencia, casos de tendinitis; por eso, en el cultivo hacen pausas activas dos veces al día, y las lidera Mery. La empresa cuenta con 400 cultivadores y 700 empleados que arman los ramos en esa finca ubicada en Tabio (Cundinamarca), donde se cortan más de 300.000 tallos cada día, durante la temporada del Día de la Madre.    

 

Son las 3:00 de la tarde y se siente cierta agitación en el cultivo. Se acerca la hora de salida y hay recolectores que están colgados. Piden refuerzos, hay que cumplir la meta diaria. A las 4:00 todos están listos para salir. Mery se monta en su caballito de acero y pedalea ilusionada con el tinto que la espera en su casa. Al llegar, se sienta en su silla favorita y se toma el café con calma. En un rato saldrá a comprar la carne para mañana. Después barrerá y trapeará para poder envolverse en las cobijas al caer la noche y ver el reality del momento. 

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