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Juanita Onzaga, la colombiana que ganó en Berlín

Por: 
Juan Carlos Rincón Escalante
Juanita Onzaga
La directora ganó el premio Especial del Jurado de la sección Generation en la pasada Bernilane por The Jungle Knows You Better Than You Do.

A Juanita Onzaga la empezaron a buscar para hablarle de muertos: padres, madres, tíos, hermanos, amigos, amores, conocidos; todos los que alguna vez se fueron y significaron algo para alguien. Lo hacían porque en su cortometraje, The Jungle Knows You Better Than You Do (La jungla te conoce mejor que tú mismo), retrata con delicadeza y misticismo cómo dos hermanos buscan entender la muerte de su padre en esta Colombia de violencias irracionales. Sin embargo, y pese a ser una historia nacida de nuestra tierra, se siente universal; como un poema que gente de todo el mundo puede sentir propio y usar para proyectar sus propias tragedias. 

 

Por eso se ganó el premio Especial del Jurado Internacional de la sección Generation durante la más reciente Berlinale, el Festival de Cine de Berlín y uno de los más importantes del mundo. “Esta es una película –escribió el jurado– que oscila entre el pasado y el presente, y aun así tiene una manera muy intuitiva de mostrarnos un personaje que no podría ser más cercano a la cineasta”. Se refieren a que el protagonista, interpretado por Pablo Rodríguez Onzaga, es el hermano de la directora. ¿Cómo se crea una historia tan personal y, al mismo tiempo, tan porosa para que cualquiera la haga suya?
“Todos somos fantasmas en esta vía, borrados por la violencia de esta ciudad fantasmal”, dice la narradora de The Jungle, la misma Onzaga, sobre un paisaje bogotano. Es ella, bogotana de 25 años que lleva seis años por fuera del país y que llama a Bruselas su hogar. 

 

“Lo más interesante de la cultura colombiana son estas creencias tan extrañas que tenemos y que hacen que todo pueda ser real”, dice. “Es decir, la aparición de la Virgen María en una tierra es real; la aparición del fantasma de un tío es verdad. Todo es verdad. Y eso me gusta mucho porque crea un territorio entre la ficción y lo documental que es increíble”. Para escribir, sirve que en Colombia cualquier cosa pueda suceder y que lo aceptemos como cierto. 

 

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El cortometraje le permitió a Juanita acercarse de nuevo a su hermano, de quien se había distanciado. 

 

A Onzaga, Colombia le genera “explosiones” en la imaginación; y la realidad del país le ha dado fuego desde niña para contar historias. Su próximo cortometraje es en Bojayá y nació después del plebiscito, cuando vio que, pese al triunfo nacional del 'No', y pese a haber sido el lugar de una de las peores masacres en la historia del país, el 95 % de sus pobladores votó por el 'Sí'. “Ellos, por medio de las canciones, lloran sus muertos hasta más no poder y dejan que se vayan por medio de su canción. Luego siguen adelante. Me pareció un mensaje poético, político y necesario de contar en este momento en que el país va a tener que aceptar que tenemos que perdonar a estos guerrilleros y tenemos que aprender cómo. Esta gente tiene la clave”. 
Además, eso le da la oportunidad de crear sobre el tema que más le interesa. “Lo que yo quiero con mi arte es tranquilizar a la gente con respecto a la muerte; decirles que la muerte en sí no es mala. Hay muchas visiones distintas de la muerte que las que nos han vendido el cristianismo o el catolicismo. Y hay que reconciliarse con eso”. 

 

Sin embargo, su interés no es ser discursiva. Su arte no es sobre el conflicto, solo lo tiene de necesario contexto porque “si no se habla de eso no se puede entender la complejidad del barro sobre el que estamos parados, pero ese nunca va a ser el eje central. El núcleo de mi peli es una historia emocional de brujería, magia o mística”. Su acto de rebeldía frente a la violencia es tomar la vocería y contar las historias del país porque, como dice, “si no somos nosotros, ¿quién nos va a contar? ¿Los medios comprados por los corruptos?”.

 

Y contará las historias a su manera, con poesía visual, el arte de la sugestión. Cuando un amigo la invitó a un rodaje descubrió que “haciendo cine tú eres Dios. Sinceramente, puedes crear lo que quieras”. Era, además, la solución perfecta para su crisis profesional porque involucraba “todo lo que amo junto: no solo la escritura sino la pintura, la música y la composición en la fotografía, que fue lo que me mató”. Hizo un pregrado en dirección de Fotografía en Bélgica y luego una maestría en Dirección. Se fue porque sentía que aquí en Colombia no iba a poder ser libre para dedicarse a lo que quería hacer.

 

 

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"En Bojayá, las personas lloran a los muertos por medio de canciones. Luego dejan que se vayan y siguen adelante. Es un mensaje necesario ahora que el país va a tener que perdonar a los guerrilleros."

 

Allá tampoco es que haya sido muy fácil. El mundo de la dirección de fotografía suele estar reservado para los hombres. “Para mí fue muy difícil porque, además de todo, tengo cara de niña todavía y mido 1,54. Por eso nadie creyó que yo iba a poder hacer cualquier cosa que fuera física”, un problema en un trabajo que involucra cámaras y luces pesadísimas. “Pero ahí empecé a pensar más en la estética, en el ojo, por qué cada plano tiene que ser así, y por eso comenzaron a apreciarme, por lo que yo tenía para decir sobre cómo contar una historia”. Hoy, además de escribir, dirigir, producir, hacer fotografía, editar y financiar casi la totalidad de sus propios proyectos, es buscada por directores para que trabaje con ellos. Pronto irá a ser directora de fotografía en un cortometraje en Sudáfrica.

 

“Nunca nadie va a creer en uno, pero si uno no lo hace, nadie lo va a hacer –dice–. La solución es creer que uno es un puto unicornio y ya, que lo miren como sea, pero hacer lo que uno quiere”.

 

Crédito foto: Sergio Rodriguez Ortega

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