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Ensalada de pollo apanado con coco y fríjol negro con naranja

Por: 
Juanita Umaña
Una receta fácil, fresca y rápida para cuatro personas.

Para empezar:

Una receta ideal para un almuerzo refrescante con un toque caribeño. Una ensalada versátil en la que puede reemplazar el pollo por camarones o cubitos de cerdo. Si la desea vegetariana, puede agregar pedacitos de ahuyama cocinada que le darán un acento de frescura.

 

Ingredientes:

8 cubos de pollo

2 huevos

½ taza de coco fresco

½ naranja

½ cucharadita de jalapeño finamente picado

1∕3 taza de cebolla roja

5 tomates cherry partidos por la mitad

1 y ½ cucharada de cilantro picado

1 cucharada de jugo de limón

2 cucharadas de aceite de oliva

1 taza de fríjoles negros cocinados

Harina de trigo

Sal, cajún y pimienta

 

Para el domingo:

La gastronomía siempre debería ser una oportunidad para poner en pausa la vida y tomar un descanso del caos cotidiano. Sin embargo, a veces, el día no nos alcanza. Para esas ocasiones, vale la pena tener estos ingredientes en la nevera y así preparar una buena comida sin necesidad de invertir mucho tiempo. Eso sí, tendrá que haber preparado los fríjoles negros con anticipación, tal vez el domingo, en esa calma que antecede la tormenta de la semana que se acerca. Después, guárdelos en el congelador hasta que los necesite.  

 

 

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Preparación:

 

Freír:

Condimente los cubos de pollo con sal, cajún y pimienta. Espolvoree el pollo con harina de trigo. Bata dos huevos y bañe cada cubo de pollo. Ralle el coco y cubra totalmente los cubos de pollo. Fríalos en aceite caliente hasta que obtengan un color dorado.

 

Mezclar:

En una vasija mezcle los fríjoles negros, los gajos de naranja, el jalapeño, la cebolla roja cortada en rodajas delgadas, los tomates cherry, el cilantro, el jugo de limón y el aceite de oliva. Salpimiente al gusto.

 

Servir:

Agregue a la ensalada de fríjol el pollo y sirva en dos recipientes hondos.

 

***

 

Del desierto a la mesa

Las vajillas de Laly Zulena Cuéllar tienen formas irregulares porque están inspiradas en la sinuosa geografía del desierto de la Tatacoa, en las piedras de San Agustín y en muchos otros paisajes del Huila, esa tierra que la vio crecer en medio de la arcilla. Sus papás tenían una ladrillera que en ese entonces funcionaba de manera artesanal, así que su facilidad para las manualidades la lleva en las venas. Por eso, después de estudiar Administración, regresó a Campoalegre, y montó el Patio de la cerámica. Pero a ella nadie le enseñó la manera correcta de trabajar con sus manos, y la cerámica no se fabrica a partir de la intuición, por eso se fue en busca de mentores a Carmen de Viboral, Antioquia, y a La Chamba, Tolima. Así encontró a José Ignacio Vélez y a Carmen Prada, a quienes convenció –después de varias semanas de apasionada insistencia– de que era la persona correcta para recibir sus enseñanzas. Tan solo dos años después de empezar el proyecto, y con un equipo de diez personas, su trabajo es admirado por su belleza y su originalidad. Ahora, además, incluye en sus productos objetos de otros artesanos de la región. 

 

Fotos: David Schwarz.

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