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Manuel Medrano: "No soy músico de fórmulas"

Por: 
Beatriz Arango
El artista cartagenero se llevó esta noche dos Grammy Latinos: mejor nuevo artista y mejor álbum de cantautor. ¡Felicidades!

Desde los 19 hace canciones atravesadas por una frase que pronuncia como una especie de mantra: «Volver a empezar». Compone y canta para los nuevos comienzos, dice, para salir de esa etapa de tristeza, cuando un afecto termina.

 

La música siempre le ha hecho guiños, bien como compañía, diversión y hoy como una  forma de vida, de pasión. Hoy es parte de su todo, gracias a que hace seis años su bajista conoció las canciones y lo invitó a crecer su proyecto. Vio un material profundo, que merecía darse a conocer.

 

Conciertos universitarios, videos acústicos y algunos proyectos audiovisuales fueron la plataforma que luego se trasladó a redes sociales con el nombre Manuel Medrano y letras como «Hoy me siento fuera del planeta y no puedo respirar muy bien. No están tus labios donde los dejé, no fue la vida como la soñamos» tuvieron otros dueños, que se sintieron identificados con las emociones de este solista que hace música romántica, como él mismo se define.

 

«Cada quien vive mis letras de manera diferente y eso no deja de ser emocionante. Hay personas que se están casando con Fuera del planeta y es increíble».

 

La historia que le tocó el corazón fue la de una joven que tenía una relación muy especial con su padre y este fue diagnosticado con una enfermedad degenerativa, que afectó su cuerpo y su cerebro. Ella empezó a pelear con la vida por lo que sucedía y le resultaba inexplicable. La rabia le estaba ganado la batalla al amor por su padre. Ella le contó a Manuel que la canción Fuera del planeta la ayudó a entender el episodio y seguir adelante. 

 

«No fue la vida como la planeamos… Y ahora sé cuál fue la fuerza que me ató a ti. Corramos juntos, vámonos de aquí, a donde tú quieras».

 

Que ocurran momentos como este, propiciados por unas letras que Manuel compuso sentado al piano, no deja de ser intrigante. Gratas coincidencias que le recuerdan que las canciones, sus canciones, no le pertenecen.

 

Antes de oír sus canciones en las emisoras, de hacer conciertos en Medellín y Bogotá, o de deleitarse cuando en un recital el público corea todos los temas y no solo el sencillo que presentó de manera oficial, Manuel tocó en bares en Bogotá, vendió instrumentos musicales, administró un café. La música, al final de cuentas, le coqueteaba al cartagenero, que tiene la ciudad presente en la piel y ausente en el acento.

 

La modestia aparece en sus frases para sugerir que no se siente dueño de una voz especial, o que no se atreve a decir si canta bien o mal. De lo que tiene certeza es de que su voz y sus letras han cautivado.

 

¿Será porque, como asegura, lo hace con una voz limpia, sin artificios, con sinceridad y respeto?
Manuel recuerda que es un empírico musical, que llegó a este universo de canciones y arte porque un día cualquiera lo fascinó la música de Silvio Rodríguez que su hermano guardaba en un casete.

 

A ese placer inicial de las letras, le siguieron Gustavo Cerati, Robi Draco Rosa, Chico Buarque, Sergio Mendes… Cantautores emotivos, todos ellos, por lo que no es casual, entonces, que ese fuera el camino que emprendió Manuel.  Celia Cruz, Héctor Lavoe, Rubén Blades, Henry Fiol y Willie Colón también tienen su cuota de responsabilidad en el instante en que el joven Manuel, que calza botines y viste corbatín, a veces con calzonarias, decidió tomar una guitarra y proclamarse solista, de canciones románticas, para más señas.

 

Hoy está interesado en la música colombiana contemporánea, firmada por bandas y artistas como Pedrina y Río, Monsieur Periné, Juan Pablo Vega, Puerto Candelaria, Los Petit Fellas y Esteman.

 

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El pop fundido de Manuel Medrano une conceptos musicales, con alto contenido de amor y acentos colombianos.

 

Le atribuye la honestidad de su música al empirismo, «no soy músico de fórmulas», y a que sus composiciones nacen de experiencias personales. De ahí una frase repetida en sus entrevistas, cuando sostiene que le canta al momento de volver a empezar, porque está convencido de que si las relaciones se rompen, llámense amistad, amor o familia, no debe haber resentimiento, sino amor. «Hay que volver atrás y conservar ese amor que un día los unió». Principios y finales, que son parte de la vida, y que no necesariamente admiten un calificativo de mejor o peor. Solo seguir adelante.

 

Compone y graba. Canta y comparte sus letras. Se las entrega a quienes quieran hallar en ellas las palabras justas para expresar sentimientos, pedir perdón o empezar una relación. Promete un álbum para mediados de año, con muchos matices, muy romántico, advierte, con esa impronta que le sigue a su nombre cuando se busca una respuesta a la pregunta «¿quién es Manuel Medrano?». Tendrá, seguro, mucho color y toques de música colombiana, porque quiere llegar hasta fuera del planeta.

 

Lo de pop fundido suena a arrebato, a definición particular de un género, cuando su música no estaba lista para encasillarse. El disco tendrá pop, baladas, rock, salsa y fusión, al estilo de Manuel Medrano.

 

Los sentidos envolverán cada tema. En redes sociales, en las emisoras o en un bar. La música de Manuel está pintada de fucsia, sabe a besos y huele a perfume de mujer.

 

Fotos: Miguel Ángel Torres.

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