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¿Cómo criar en tiempos de miedo?

Entre padres nos preguntamos cómo sacarlos adelante cuando el temor agobia y la desconfianza, hasta de los más cercanos, crece.

Por: Natalia Piza Calvache

 

Lo principal es no tener miedo. El miedo nubla la mente y distrae la acción, que es lo más importante durante la crianza. “Para quien tiene miedo, todo son ruidos”, dejó dicho Sófocles.

 

Acá algunas ideas para criar en estos tiempos de asfixia informativa y de mentiras disfrazadas de posverdad.

 

¿Por qué vemos en redes sociales tantas noticias sensacionalistas? 

 

“Al conectarme a Facebook me siento como entre titulares de El Espacio –comentó Mariana Vejarano, mamá de una niña de 3 años–, como si las noticias sensacionalistas brillaran más".  En medio de las toneladas de información que se suben a Internet a cada instante (A Youtube se cargan 500 horas de contenido por minuto), las empresas de tecnología intentan resaltar por medio de algoritmos los contenidos más populares y más relevantes a los intereses del usuario. Por ejemplo, si la red identifica el perfil de una madre joven, seguramente aparecerán pautas y noticias sobre pañales o biberones. En un reportaje hecho por el diario The New York Times, clasifican los videos con más éxito en Internet en tres categorías: los lindos o ‘cute’, que incluyen bebés, cachorros o gatitos; los ‘win’ o victoriosos, que devuelven la esperanza en la humanidad, y los ‘fail’ o fracasados, que nos atemorizan o nos hacen sentir que todo está mal. El reportaje trataba sobre Junkie Media, una compañía que creó un imperio comprando videos con potencial viral y que entiende con claridad que el consumo en la red se mueve apelando a las emociones más extremas. En los tiempos de Sófocles o en estos de Internet la conclusión parece la misma: la emoción es el vehículo narrativo más efectivo para tocar masivamente nuestra humanidad.

 

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Las buenas noticias poco se cuentan

 

Al hablar del tema con Ana Leiderman –diseñadora textil, activista y mamá de dos hijos, parafraseó una caricatura de la revista The New Yorker que dice: “Mi deseo de estar bien informada va en contravía de mi deseo de mantenerme cuerda”. Para Leiderman es fundamental “concentrarse en el día a día y en las personas que están a nuestro alrededor, que es donde vemos los efectos de nuestros actos. Debemos hacer que los niños sean conscientes de su lugar en la sociedad y de sus responsabilidades”.

 

Cecilia Zuleta, psicóloga de crianza y desarrollo del jardín infantil Vueltacanela de Bogotá, recomienda contarles a los niños historias positivas y hablarles de temas que despierten su interés, porque “las buenas noticias poco se cuentan”. Además, cree ella, “se debe dosificar la información de acuerdo a la edad y evitar los detalles de las noticias que apelan al morbo. Algunas veces los papás dan información sin que los niños formulen la pregunta”.

 

¿Qué hacer cuando los niños se enteran de noticias indeseables? 

 

Cuando las malas noticias llegan a sus oídos “les queda la sensación de que esto pasará dentro de su casa, por eso es importante preguntarles a nuestros hijos cómo se sienten y qué piensan al respecto”, responde Zuleta. 

 

Si es inevitable que los niños se enteren de noticias que son abrumadoras es importante hablar sobre ellas. Inicialmente preguntar qué es lo que más les preocupa o les asusta de esa información con el fin de dar explicaciones de la mejor manera posible, sugiere Claudia Sánchez Salamanca, psicóloga clínica, terapeuta familiar y miembro del Grupo Opciones. Para ella “no es recomendable mentir sobre lo que pasó, sino más bien darles la información básica teniendo en cuenta su edad. Por ejemplo: si se trata del caso de una violación, a un niño entre los 4 o 5 años se le debe explicar que es algo muy malo que una persona adulta hizo con un niño, que no ha debido hacer y que nadie debería hacer jamás. Y que por eso la persona adulta debe ir a la cárcel.  Si es un niño o una niña de 8 o 9 años, vale la pena explicar un poco más: se podría decir que esto se llama abuso sexual y que esta situación ocurre con personas conocidas y desconocidas”.

 

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También hay que recordarles a los hijos que los adultos protectores estarán ahí para evitar que esto les ocurra, pero que también es necesario que ellos aprendan algunas habilidades de protección. La conversación se puede complementar enseñándoles las estrategias de manipulación que utiliza un agresor para convencerlos de que acepten o colaboren con sus invitaciones. 

 

“Tenga cuidado en no dar toda esta información en un solo momento –aclara Claudia Sánchez–. “Usted puede dar información poco a poco, contándole una o dos cosas y más adelante puede tratar otros temas de prevención. Recuerde: son preferibles los pequeños momentos de conversación que pueden repetirse y complementarse con el tiempo, a una sola conversación llena de información que nunca se retoma y que puede dejar al niño más abrumado y confundido”. 

 

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Construir confianza para tener comunicación 

 

Para Cecilia Zuleta, la confianza con los hijos se puede ganar de diferentes formas. Está, por ejemplo, la posibildiad de mostrarles qué pueden hacer para resarcir sus errores cuando se equivocan, evitar gritarlos o reprenderlos. En la medida que los niños no se sientan amenazados por sus papás, más confianza van a sentir para comunicar algo que les sucede o  les sucedió. 

 

Hay que involucrarse en la vida de los hijos. Conocer su entorno, sus amigos, las familias de sus compañeros de clase, dice Mónica Garcés, trabajadora social, educadora y madre de tres hijos mayores de edad. Acompañarlos a las fiestas infantiles es una buena forma de crear lazos de comunicación con otros padres de familia.

 

En la familia de Ana Leiderman, por ejemplo, las comidas sin televisor crean un espacio que permite conversar con los hijos de manera relajada y plantearles preguntas. Pero para que ellos hablen también es importante abrir la vida de uno, sin dar detalles innecesarios. Si los niños se resisten a contar, se les pueden hacer preguntas más específicas, como: ¿con quién jugaste hoy?, ¿qué fue lo más divertido que pasó?, o ¿qué te disgustó en el colegio? 
Un punto en el que muchos expertos coinciden es en la necesidad de fortalecer la confianza y esta debe trabajarse desde la primera infancia. Zuleta, experta en educación en esta etapa, pide a los padres acompañar a los niños cuando estén en medio de una pataleta. En lugar de pegarles o gritarlos se les debe ayudar a entender por qué se sienten como se sienten. Enseñarles a respirar y luego ofrecerles algunas posibilidades para resolver el conflicto. Por ejemplo, se les puede aclarar que “no es hora de comer chocolate pero podemos jugar”, y así no se quita  la restricción. Los niños a esta edad no tienen la habilidad de distinguir límites, que se deben enseñar pero con amor”. 

 

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Enseñar en la diferencia y fortalecer la empatía 

 

Tras su reciente maternidad, la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie le escribió una carta a una de sus amigas de infancia en la que le da 15 consejos para educar a su hija. Uno de ellos es enseñar en la diferencia. Ella considera que a los niños se les debe decir que “la norma de nuestra existencia como seres humanos es la diferencia, no somos todos iguales y está bien”. Esto hace que “se encojan de hombros cuando las cosas que no se ajustan a su angosta existencia aparecen de repente”. 

 

Para la Navidad de 1868, Charles Dickens le escribió a Plorn, su hijo más joven –quien estudiaba en Australia–, una carta que incluía este consejo atemporal: “No te aproveches vilmente de nadie en ninguna ocasión, y jamás seas duro con los que están bajo tu fuerza. Procura hacer con los demás lo que quisieras que ellos hiciesen contigo, y no te desalientes si a veces dejan de hacerlo”.

 

Como si tuviera siempre presentes las palabras de Chimamanda Ngozi y de Dickens, Ana Leiderman cree que los niños son los evangelistas de los valores que se tienen en la casa. Por ejemplo, dentro de la educación de su familia está el uso de un lenguaje incluyente, el reconocimiento de sus privilegios y el poder que tienen de cambiar la sociedad. 

 

 

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Aprender a cuidarse

 

Estas son algunas de las habilidades que los niños pueden aprender desde los cuatro o los cinco años para prevenir abusos o maltratos. Los padres pueden reforzarlas a partir de la construcción de relaciones basadas en la comunicación y la confianza. 

 

 A continuación, resumimos los consejos de expertos. 

 

El cuerpo es privado: 

 

Luego de enseñarles que su cuerpo es solo de ellos, los niños y niñas pueden aprender a diferenciar entre formas de tocar adecuadas e inadecuadas. Deben decir no, alejarse y contarle a un adulto de confianza cuando alguna forma de tocar los haga sentir mal, incómodos o confundidos.  Asimismo, tienen que rechazar cualquier forma de tocamiento en sus partes privadas (todas aquellas que están debajo del vestido de baño o de su ropa interior), especialmente si le piden guardar el secreto o les ofrecen regalos o dinero a cambio. 

 

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Decir no: 

 

Deben aprender a decir no, incluso a los familiares, explicando las razones.  No todo lo que hacen los adultos está bien y no deben obedecer a ciegas a lo que un adulto les ordena. En especial si la situación los hace sentir mal, confundidos o se sienten en peligro. 

 

Es necesario recalcarles que ninguna persona puede tocar su cuerpo en contra de su voluntad. En esa medida, como padres debemos evitar contradecir el mensaje y no obligarlos a “dar besitos” o abrazos cuando ellos no lo quieren hacer. 

 

Chimamanda le aconseja a su amiga Ijeawele enseñarle a su hija a que “si algo le incomoda, se queje, lo diga, grite”.

 

Pedir ayuda: 

 

Los niños deben identificar adultos de confianza a quienes pueden pedir ayuda cuando se sientan en una situación en la que la necesiten.

 

 

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Diferenciar entre un secreto bueno y un secreto malo: 

 

Tenemos que decirles que cuando guardan un secreto bueno se sienten con expectativa y felices. Por ejemplo: saber cuál será el regalo que se le dará de cumpleaños a la mamá. Un secreto malo es aquel que lo hace sentir mal, incómodo, y lo lleva a decir mentiras. Lo que debe hacer con un secreto malo es contarlo a uno de los adultos de confianza.

 

Identificar situaciones de riesgo:

 

Se puede plantear con los niños y las niñas un juego donde se expone una situación de riesgo que sea probable en la comunidad en la que vivimos, y pedirles que exploren alternativas para enfrentar ese riesgo, con preguntas como  “Qué harías tú si...”. Durante el juego se le deben brindar opciones reales para que sepa cómo debería actuar si se enfrenta a algo semejante.

 

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Imágenes: iStock. 

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