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¿Debo premiar a mi hijo siempre que haga algo bien?

Por: 
Redacción Cromos
Padres premiando a su hijo
A pesar de que este mecanismo es aceptable y en ocasiones puede resultar muy útil y positivo, puede traer grandes desventajas.

 

Expertos del Jardín Infantil 'El Rincón Del Tercer Puente', explican este método que es utilizado por muchos padres para motivar a sus hijos para que se porten bien. Analizando sus ventajas y desventajas. ¡Mucha atención! 

 

 

Consecuencias perjudiciales

 

Se da pie para que los niños se acostumbren a que sólo hagan las cosas por interés, generando en ellos una visión equivocada de colaboración, haciéndoles creer que ésta siempre debe ser remunerada. De esta manera, no es raro que con el tiempo los menores solo hagan las cosas cuando se les den premios o regalos, de tal manera que cada vez que se les solicite algo exigen alguna retribución.

 

Los premios igualmente pueden ser “inflacionarios”, si la retribución ofrecida o prometida ya no es lo suficientemente atractiva, hay que ir escalando en valor y en tamaño hasta encontrar una que mueva al menor a actuar o a cambiar.

 

Así mismo, es necesario ir subiendo el mando del premio para lograr el mismo resultado, la primera semana, es posible que el niño mantenga su habitación ordenada por el interés de ver una película o que la lleven a comer un helado, pero a la semana siguiente, es posible que exija tres películas o un viaje al exterior si los padres quieren ver nuevamente su habitación organizada.

 

Además, los premios con frecuencia producen tan sólo un cambio temporal y los niños regresan al comportamiento o hábito inadecuado, cierto tiempo después de que han logrado el regalo deseado, a menos que se perpetúe el chantaje y se prometa despojarlo del artículo si “las calificaciones vuelven a bajar o las uñas a desaparecer”.

 

Los premios, no permiten que el niño asuma responsabilidades, pues con ellos se le enseña que él no tiene que ser responsable a menos que se le remunere por serlo. En estos casos son los padres quienes tienen la responsabilidad de los actos y las conductas de los hijos porque son ellos quienes tienen el poder de la autoridad para administrar los regalos que los deben mover a actuar.

 

 

¡Atención!

 

No es menos grave el hecho de que con este sistema los niños aprendan que el buen comportamiento y el cumplimiento de las obligaciones son una forma de manipular para lograr nuevos juguetes, permisos, privilegios, etc.

 

 

¿Premios como reconocimiento?

 

Desde luego que un regalo espontáneo dado ocasionalmente como reconocimiento a un buen acto, un progreso destacado o a un determinado logro del niño puede ser muy adecuado y estimulante para los menores. Invitarlo a celebrar con un helado la condecoración que logró en el Jardín o darle alguna cosa para indicar nuestra complacencia con su éxito en el campeonato deportivo, es algo muy distinto a los premios que se ofrecen anticipadamente y a condición de que obtenga lo que nosotros esperamos.

 

Sin embargo, casi siempre la mejor recompensa para los niños es un sincero reconocimiento verbal de los padres, un abrazo, un beso, dedicarles un buen rato para ir al parque, compartir un juego en familia, cualquier frase estimulante que describa sencilla y sinceramente lo contentos que se siente ante su progreso, ante su buena conducta o ante su ayuda y su colaboración, llega más profundo y hace más bien, que muchos regalos.

 

 

Las consecuencias sí enseñan

 

Una modificación importante en la conducta o el comportamiento inadecuado de los niños y un decidido cumplimiento de su deber, más que con premios, se logra haciéndoles asumir y pagar las consecuencias de sus acciones o sus omisiones.

 

Seguramente un niño hará un gran esfuerzo por dejar de orinarse en su cama (a menos de que haya un problema médico que lo impida ) el día en que tenga que pasar la noche con sábanas mojadas, una pijama húmeda y mal oliente, y al día siguiente tenga que ayudar a cambiar su cama; mejorará sus calificaciones el día que tenga que retirarse del grupo de baile o no volver a ver su programa favorito de televisión para dedicar más tiempo a sus estudios; mantendrá su habitación ordenada el día que no pueda salir con sus amigas porque no tiene tiempo para limpiar y recoger todo ese reguero antes que vengan a buscarla y se dejará vacunar tranquilo cuando no pueda ir a la casa de su amigo porque es peligroso que se contagie de la enfermedad contra la cual no se ha dejado vacunar.

 

Las consecuencias que traen su incumplimiento o su mal comportamiento deben ser conocidas por el niño anticipadamente y no se deben plantear como castigo impuesto por sus padres sino, como una alternativa que ocurrirá si no cumple con lo que debe hacer. En esta forma son los menores los responsables de sus actos y quienes deciden su suerte dependiendo de si eligen o no cumplir con sus obligaciones.

 

 

Foto: Istock

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