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Juguetes sin estereotipos

No hay unos juguetes para niños y otros para niñas. Ese es el mensaje que pedagogos buscan promover para eliminar los estereotipos de género

Por: María Alejandra Medina C. 

 

Si a los adultos nos confiscaran el celular, probablemente el aparato con el que más interactuamos, el captor podría llegar a saberlo casi todo sobre nuestras vidas. Lo lograría a partir de nuestras conversaciones, búsquedas o descargas. Así explica Emily Quevedo Pinzón, maestra de infancia y adolescencia, el vínculo que los niños tienen con los juguetes: la forma en que se relacionan y juegan con ellos habla de sus vidas, sus sueños, sus heridas o sus experiencias. Los juguetes son sus confidentes. 

 

El problema es que esos amigos de vida, por lo general, son escogidos por  adultos, que posiblemente están cargados de prejuicios. Las decisiones de los mayores pueden estar determinadas por estereotipos, como que los niños son sagaces, fuertes y resistentes, y por eso es adecuado que jueguen al constructor, aviador o futbolista. Las niñas, por otro lado, son delicadas, o más bien, débiles, así que es mejor darles un bebé o una muñeca que, además, tradicionalmente ha reproducido un ideal clásico de belleza.

 

Mucho más que juegos

 

En abril del 2016, la oficina de prensa del expresidente de Estados Unidos, Barack Obama, publicó un documento en el que llamaba la atención sobre la importancia de romper los estereotipos que se reproducen a través de los juguetes. Eso va en línea con la necesidad de que los niños y las niñas sean expuestos a diferentes modelos para seguir y de que se les enseñe una variedad de habilidades para que, así puedan desarrollar sus talentos y perseguir sus gustos. 

 

Para la administración Obama no eran ‘niñerías’: las vivencias a temprana edad, decía el documento, no solo afectan el desarrollo de los niños e influyen en su  vocación, también determinan la composición de la fuerza laboral de un país y la solidez de la economía nacional en los años venideros. Un mundo en el que los fabricantes de juguetes y los medios han establecido a quién van dirigidos los productos –sugería la Casa Blanca– ha contribuido a que solo el 29% de los puestos de trabajo estén ocupados por mujeres en las áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática, pese a que hay unas 600.000 vacantes solo en el sector de las tecnologías de la información y la comunicación. 

 

Un cambio de mentalidad 

 

Hace mucho tiempo no entraba a una juguetería. Volví a hacerlo hace algunas semanas. Pensé que los bebés de mi generación posiblemente llegarán a un mundo con menos estereotipos o mayor libertad de elección. Aunque supe la historia de un conocido que casi no encuentra una cocina de juguete para su hijo, se empiezan a ver algunos cambios, como que las barbies ahora son más gorditas, se encuentran muñecas de diferentes razas y Ken ya no tiene el típico abdomen marcado.

 

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Sin embargo, eso ocurrió en una tienda en el norte de Bogotá. Quevedo Pinzón señala que los juguetes están ligados al poder adquisitivo. “En la medida en que tengo posibilidades económicas, tengo acceso a juguetes de diferente calidad o tendencia”, dice la docente. Cuando habla de tendencias se refiere a productos que no vengan discriminados por género, como un set de construcción que también se promocione para niñas, por ejemplo. Estas son reflexiones a las que difícilmente se aproximarán los padres que no hayan ido a la universidad, pues es en la academia en donde principalmente se están dando estos debates.

 

Materializar el cambio

 

“Creemos que tenemos una responsabilidad ante las niñas y sus padres, para reflejar una visión más amplia de la belleza”, dijo Evelyn Mazzocco, vicepresidenta sénior y gerente general global de Barbie, el año pasado, en el marco del lanzamiento de tres nuevos tipos de cuerpo para las muñecas, que se sumaron a siete tonos de piel y 22 colores de ojos. Sin embargo, para Quevedo Pinzón, Colombia aún está muy lejos de que los distribuidores compongan una oferta neutra. 

 

Si bien, para ella, los juguetes no determinan el futuro, en efecto preservan estereotipos de género, que se cultivan en los menores. Supongamos que un niño juega con un muñeco bebé. En ese caso, dice la docente, el pequeño puede aprender dos cosas: si nadie le dice nada, el día que sea padre sabrá que tiene responsabilidades. Pero si lo señalan y le comentan  que eso es de “mariquitas”, el estereotipo se reproducirá. Además, si el niño es homosexual o transgénero, se le enseñará que lo que siente está mal.

 

Abogar por el cambio

 

Sin duda, una forma de escapar a estos estereotipos es la educación, pero también “que los adultos entendamos que en la relación con el juguete no importa el juguete sino la posibilidad que tiene el niño o la niña de descubrir el mundo a través del juego”, añade Quevedo Pinzón. El mensaje concuerda con campañas que han emprendido marcas, como los supermercados U, de Francia. Durante la Navidad ofrecen catálogos libres de estereotipos de género. Básicamente, dejar que el niño desarrolle su personalidad con los juguetes que le interesen. 

 

En el Reino Unido, incluso, ha surgido un movimiento: ‘Let toys be toys’ o “Dejen que los juguetes sean juguetes”, que tiene el fin de llamar la atención de la industria para que deje de limitar los intereses de los más pequeños al promover la venta de objetos específicos para cada género. “Empezamos a entender que es responsabilidad de todos que los niños sepan que está bien soñar con ser papás amorosos, o que  las niñas se imaginen siendo grandes científicas o deportistas, si así lo quieren”. En este proceso deberían involucrarse los fabricantes y distribuidores de juguetes, los medios, los colegios, los papás y los abuelos. Cada uno de nosotros debería aportar.

 

Foto: iStock. 

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