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Los secretos de una asesora de imagen

Por: 
Redacción Cromos
La mexicana Ana Paula Celis, invitada por la marca española Adolfo Domínguez, nos compartió sus trucos para resaltar nuestra singularidad

Cuando era niña, Ana Paula adoraba el arte. La pintura, la cerámica, la fotografía. A medida que creció, a esa pasión se sumó el interés por la gente, por la condición humana. Por eso, cuando llegó el momento de escoger un camino, decidió hacer de las personas su lienzo y se convirtió en maquilladora y asesora de imagen. “Mi trabajo es un medio para llegar a un fin: generar un diálogo interno en las mujeres, mejorar su autoestima y, así, explotar toda su belleza –explica la experta–. Todos tenemos un mensaje que comunicar y si uno no tiene una buena imagen, la gente no se va a detener a escucharte”. 

 

Las mujeres que la visitan llegan distintas a como se van. Ana Paula las ve grises, sin vida, temerosas. Se sienten muy bajitas o demasiado altas. Están inconformes con su cuerpo. Creen que no encajan dentro de la idea de belleza que llevan en la cabeza. Cuando se despiden de ella, han cambiado de color. “Son como mariposas, están encerradas en un capullo y yo las ayudo a salir”. Y lo hace invitándolas a conocer su propio cuerpo, a identificar aquellos rasgos que las hacen únicas y a que entiendan cómo aprovecharlos.  

 

El error más frecuente cuando las mujeres se arreglan

 

Las mujeres no se conocen y en esa medida no saben qué les queda bien. Les da miedo preguntar, pedir asesoría y arriesgarse a cambiar. Siempre está bien pedir ayuda para lograr una armonía, un ritmo. Según el tipo de piel sabremos si hay que usar una base líquida, en crema o a base de agua. 

 

No ignorar las cejas

 

Las cejas, como el pelo, son un marco. Encuadran lo bonito de los ojos y lo sacan para que resalten. Si el marco no es bonito, lo que está adentro no se va a lucir. 

 

¿Qué evitar?

 

Los  arcoíris. La combinación de muchos colores nos hace pensar en un circo. Caer en este error hace que la gente se fije en el maquillaje y en la ropa, pero no en nosotros. Y eso tergiversa todo el sentido de la moda y los accesorios, que existen para llamar la atención y que nos vean a nosotras, no lo que llevamos puesto. 

 

El rubor ideal 

 

Se consigue al mezclar un tono cálido con un tono frío. Dentro de los cálidos están los que van más hacia el naranja, como el salmón y el melocotón. Dentro de los fríos están los rosados, como el fucsia.

 

A la hora de ir de compras

 

El mejor consejo es comprar la pinta completa, no prendas por separado. O al menos tener en mente qué tiene uno en el clóset para combinar con la camisa que le gustó en el almacén. Muchas veces compramos una falda que se queda guardada porque nunca buscamos la camiseta que le quedaría bien o los zapatos con los que se podría lucir. Además, en algunos almacenes la vendedora puede asesorarnos para saber con qué quedan bien esos pantalones que nos encantaron.

 

¡Aguántense los tacones!

 

No hay glamour sin tacones. Si queremos vernos sofisticadas, son la mejor opción. Estilizan y hacen que nos veamos más delgadas. Lleven una bolsita con los tacones si tienen que caminar, pero una vez lleguen a su destino escondan los zapatos planos. 

 

Cinco trucos claves en la asesoría de imagen

 

1. Saber a qué se dedica la mujer, cuáles son sus roles. ¿Es mamá? ¿Es empresaria? ¿Tiene hijos? ¿Cuánto tiempo pasa en la casa, cuánto en la calle, cuánto en la oficina?

 

2. Conocer cuáles son los colores que predominan en su clóset. 

 

3. Analizar cómo es su postura. A veces no dependemos de la ropa sino de la manera en que la llevamos. Si andamos encorvadas, si no nos sentimos cómodas, así llevemos la ropa más linda, no se va a ver bien. A partir de ahí hay que empezar a trabajar en asuntos internos, relativos a la personalidad y a las inseguridades de la persona. 

 

4. Determinar cuáles son sus necesidades, en qué se siente atorada. Conozco mujeres que tienen muy claro cómo vestirse en la oficina, pero no entienden cómo adquirir un estilo más casual fuera de ella. 

 

5. Invitarla a que no tema a romper su estructura y la imagen que tiene de sí misma. Uno suele caer en la sobriedad y lo aburrido. 

 

Foto: Cortesía.

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