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¿Qué significados tiene el fenómeno de las modelos de talla grande que vemos en el mundo y en Colombia?

Por: 
Vanessa Rosales
Modelo en pasarela
Acogida y entusiasmo, rechazo y recelo. Disección y análisis de una tendencia.

 

Uno de los motivos por los cuales la moda siempre ha sido un tema incómodo es porque conduce inmediata e inevitablemente al cuerpo. La ropa viste el cuerpo desnudo. El cuerpo habla de la vida, la  muerte y el sexo.

 

Desde hace siglos, tanto los filósofos griegos como los pensadores cristianos hicieron del cuerpo un lugar de debilidad y de peligro inminente. Las visiones religiosas han fabricado un temor visceral hacia la vivencia de la carne, cuyas latencias más vale vigilar y controlar. En distintos prismas religiosos, la vanidad y la belleza del cuerpo reflejan las ‘artimañas’ de las que solo son capaces las mujeres, esos seres deleitables pero amenazantes, capaces de descarrilar al hombre seducido. 

 

Que la moda esté conectada con el cuerpo y que se haya construido como un tema femenino no es casualidad. Permite ver, además, por qué ha sido rechazada con frecuencia.  Indudablemente, los grandes cambios en la historia de la moda están marcados por el cuerpo. El corsé generaba un tipo de gestualidad y ceñía las cinturas de las mujeres. La minifalda propuso la aparición pública y desinhibida de los muslos femeninos, por primera vez. Hubo, incluso, ciertas teorías de la moda que explicaban que las tendencias del vestir se debían al cambio de foco en cierta parte del cuerpo de la mujer: fijación en las muñecas o en las clavículas, por ejemplo. 

 

Que la moda esté determinada por el cuerpo ayuda a entender, por ejemplo, que ciertas siluetas, avistadas en las espigadas y jovencitas modelos norteamericanas, asiáticas y europeas, no se traduzcan de la misma manera en las latinas. La vestimenta se ciñe al tipo de cuerpo que tenemos. Una tendencia puede no encajar con nuestra propia corporalidad. 

 

Cada época ha inventado un cuerpo y una mujer ideales. En un tiempo como el nuestro, saturado visualmente, ¿cómo es ese ideal? 

 

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En los cincuenta, las noticias tardaban meses en llegar; incluso, los acontecimientos de la moda, que en ese momento solo se ubicaban en París. 

 

En el presente, la información   y las imágenes están disponibles 24/7. En ese sentido, Internet ha tenido un efecto en esa ecuación de moda y cuerpo. Por un lado, las redes introdujeron un cambio importante: amplificaron el espectro de lo que era percibido como estiloso y bello. 

 

Con los blogs y el acceso digital, la idea de que la moda era solo sinónimo de blancura y delgadez fue perdiendo fuerza. Fotografías con sujetos con mucho estilo empezaron a florecer en sitios como Tiblisi, Melbourne y Yakarta. 

 

También sucedió que la imagen digital trajo consigo la posibilidad de los retoques y, como escribe la teórica Elizabeth Wissinger, de manipular las apariencias. No en vano, la llegada del Photoshop llevó a un régimen inédito de delgadez, como la de Kate Moss, quien fue emblema de esa estética noventera. 

 

El fenómeno de las tallas grandes es una reacción a ese régimen de flacura – en algunos casos, notoriamente blanca y extrema–. Que Ashley Graham –tal vez la modelo de tallas grandes más reconocida en el mundo– sea un referente poderoso es reflejo de cómo las tecnologías digitales han llevado a celebrar la belleza en su variedad. No obstante, ciertos temas de la moda tienen fronteras muy delgadas. Existen debates en torno al sobrepeso: vale la pena pensar dónde se diluyen los límites entre la pluralización de la belleza y la promoción de la obesidad, que es casi una epidemia mundial. 

 

¿De dónde viene el ideal de delgadez que la moda ha celebrado tan asiduamente? ¿Es cierto, como han expresado feministas ortodoxas, que se trata de una estrategia más del patriarcado para mantener a las mujeres en posiciones débiles? La cosa va un poco más allá. 

 

En los años 20, el modelaje se volvió una profesión y sus protagonistas eran muchachitas ligeras y pálidas –conocidas como flappers, las bellezas celebradas de ese momento–. Esa blancura y esa delgadez coincidieron con la época en la que la fotografía se convirtió en el medio visual por excelencia. Como explica Wissinger, moda y cuerpo delgado se sellaron de manera simultánea en el inconsciente colectivo. Se creó una asociación. 

 

De allí que, pese a las variaciones que ha traído Internet, en términos de estilo y belleza, la bloguera de moda más exitosa a nivel global sea Chiara Feragni, quien, además de otros factores que inciden en su éxito, encarna el ideal de blancura y delgadez. 

 

Ahora que en Colombia se ha fundado una agencia de modelos de tallas grandes, que Leonisa ha incorporado en su mensaje visual mujeres más diversas y que el discurso está circulando entre las mujeres que lo representan con sus cuerpos, emergen las críticas y, en algunos casos, algo de recelo. Muchos celebran la ampliación del significado de lo bello. Otros se resisten y encienden miradas feroces de destrucción. 

 

Es innegable que la manipulación de las apariencias que sembró el Photoshop creó un desbalance entre realidad e imagen que se ha debatido con frecuencia. Muchas mujeres han experimentado, a lo largo de sus vidas, insatisfacción, rechazo y descontento hacia su propio cuerpo, precisamente, por los empaques visuales que la moda promueve, por medirse contra esas figuras imposibles, manipuladas por la tecnología para captar la atención de un público saturado y con dificultades para la concentración. 

 

No es fácil deshacer un imaginario que, desde hace un siglo, se ha incrustado con tanta fuerza en la imaginación general de la moda. Los cuerpos musculosos y robustos de las mujeres entregadas a cierto tipo de ejercicio físico también nos hablan de una reacción a esa fragilidad que se palpa en la delgadez extrema. Pero la flacura como ideal tiene razones históricas y se ha intensificado en un mundo en el que las marcas desean generar una lectura inmediata de algo que está a la moda, a partir de un mensaje que se transmite  con poco esfuerzo.

 

En medio de ambivalencias y matices, lo cierto es que, a través de esta ampliación de prototipos, al menos las mujeres pueden aprender a aceptar su propia belleza. La apertura del abanico puede ser una fuente de poder. Que haya múltiples imágenes de lo que significa ser bella puede contribuir, en su aspecto más luminoso, a que las mujeres se aprecien ante la imagen de su propio reflejo. 
 

 

Fotos: Getty 

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