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Los colombianos que llevaron el sabor Caribe a Buenos Aires

Los colombianos que llevaron el sabor Caribe a Buenos Aires
Dos jóvenes bogotanos abrieron uno de los restaurantes más destacados del momento en la capital argentina. ¡Y eso que es a puerta cerrada! Esta es su historia.

Una reja y un zaguán con piso de mosaico negro y blanco separan la casa de la calle. No hay aviso, solamente unos faroles a media altura con velas encendidas iluminan el corredor que lleva hasta la puerta principal de estilo francés.

Adentro, una atmósfera cartagenera y una cocina enmarcada por un vitral de época reciben a los comensales. No hay carta, no hay meseros y nadie llega por casualidad porque I Latina es un restaurante a puerta cerrada. Se escuchan voces en otros idiomas, en el salón no hay más de doce mesas y es posible que haya personas de siete nacionalidades distintas compartiendo el mismo menú.

La propuesta de los hermanos Santiago y Camilo Macías se inspiró en una tendencia que está tomando cada vez más fuerza en Buenos Aires y que se impone como una de las formas más refinadas de cenar. Se trata de los lugares a puerta cerrada que a menudo son las propias viviendas de los cocineros o sitios sin aviso que atienden solamente con una reserva anticipada: “Nuestra propuesta está pensada para personas que no tienen afán”, dice Santiago, el chef.

La historia comenzó hace diez años, cuando Santiagó decidió estudiar gastronomía en la escuela Mausi Sebess, en Argentina, luego de graduarse como bachiller en Bogotá. Algunos años después, durante unas vacaciones en Bariloche, se dio cuenta de que era el momento y el lugar ideal para poner su propio restaurante.

Antes había trabajado en hoteles como el Intercontinental, Desing Suites y Arelauquen Lodge, una experiencia laboral que lo animaba a probar suerte. Se trataba de un sueño que había tenido desde siempre con su hermano: “Me llamó un día, dejé mi trabajo en Colombia y vine a la Patagonia”, cuenta Camilo, quien trabajaba en planeación urbana. En 2007 abrieron I Latina en una casa amplia del centro de la ciudad.

El restaurante ofrecía una carta de comida latina con sabores de la costa caribe colombiana, toques peruanos y técnicas de alta cocina. Su reputación creció tanto que algunas noches recibieron al actor argentino Ricardo Darín y la modelo Valeria Maza llegó a ser cliente habitual. El restaurante funcionó muy bien hasta que el volcán Puyehue llenó de cenizas toda la región y el turismo se vino abajo durante casi seis meses.

Entonces resolvieron trasladarse a Buenos Aires. La casa, ubicada en Villa Crespo (un barrio porteño residencial que ha cobrado un auge similar al de Palermo) abrió hace siete meses. La experiencia que ofrecen se ha convertido en una tendencia que no paran de destacar diferentes guías turísticas y blogs gastronómicos internacionales como Time Out, Planeta Joy y Pick up the fork, entre otros. Incluso el portal Trip Advisor les otorgó el primer puesto entre más de 1.500 restaurantes en Buenos Aires.

Solamente atienden bajo reservación y una vez ahí, Camilo envía la dirección. La experiencia comienza a vivirse con anticipación porque el comensal recibe el menú que se servirá ese día, además de algunos otros datos útiles para que nada quede al azar.

Mientras tanto, en la cocina se van preparando los platos a base de mariscos, cortes de res, pato, pescados, frutas como el maracuyá, el tamarindo, el limón, el aguacate y la guayaba. El menú va maridado con una selección de vinos argentinos de alta gama y el café que ofrecen es 100% colombiano. Un domingo al mes ofrecen un brunch que ya es famoso por los “foodies” de la ciudad y ofrecen servicio de catering, cursos y atención a eventos privados. 

Al final de la velada, en medio de un ambiente más festivo que solemne, la gente se para de las mesas, entra a la cocina, toma fotos y felicita al chef. Es verdad que la comida despierta emociones y en este lugar nadie los oculta.

Los hermanos Macías tienen claro que el momento de los sabores latinos es este. Saben que la cocina peruana abrió las puertas a otros países para que se animaran a presentar con orgullo lo que es digno de mostrar. Estos colombianos se han dado el lujo de ser anfitriones de primera y demostrar que la cocina colombiana no solo es un patrimonio, sino una experiencia memorable. 

 

 

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