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Cuba, un paseo a bordo de una máquina de tiempo

Por: 
Juan Camilo Maldonado Tovar
Hombres tocando trompeta
Viaja a esa isla en donde los turistas se devuelven al pasado. ¡A viajar!

 

Por: Juan Morales

 

Mi propósito estaba claro: descubrir no solo su capital, La Habana, y su playa más visitada, Varadero, sino vivir el resto de la isla. Después de aproximadamente tres horas de vuelo desde Bogotá, una visa de quince dólares y un "Bienvenido, señor, a Cuba", me encuentro en un taxi que me recuerda películas como la de Dick Tracy y las de Al Capone. El conductor, un hombre mulato, improvisa como guía turístico mientras recorremos las avenidas casi desoladas de La Habana. Identifico, antes de que el taxista me lo indique, la Plaza de la Revolución, con las dos grandes esculturas de los guerrilleros Ernesto "Che" Guevara  y Camilo Cienfuegos.  

 

La recomendación, si usted desea conocer la verdadera Cuba, es buscar hospedaje entre las casas autorizadas por el gobierno en cada ciudad. En la capital, los barrios El Vedado, Habana Centro y Habana Vieja son los que ofrecen las mejores opciones. Doña Marta me acoge en su casa en una cómoda habitación con aire acondicionado, baño privado y un coctel de bienvenida. 

 

Los primeros seis días recorro La Habana. Sus barrios, sus calles, su arquitectura, sus playas y sus plazas cuentan por sí solas la historia de una urbe que parece haberse detenido algunas décadas atrás. Mientras camino por la capital, declarada por la Unesco patrimonio de la humanidad, llama la atención la cantidad de niños que juegan en la calle, los ancianos reunidos en las esquinas fumando habanos y los paladares (restaurantes de comida típica) con son cubano en vivo. Sin duda es un espectáculo colorido, que contrasta con los puntos de internet, donde extranjeros y locales se reúnen para conectarse con el exterior. 

 

 

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La Cuba ecológica

 

Baracoa y Viñales son dos ciudades con un propósito turístico común: proteger el medio ambiente. La primera es la más antigua de Cuba. Allí pude visitar el Parque Nacional Alexander von Humboldt, con su encantadora biodiversidad, el río Toga y sus hermosas playas blancas con arrecifes de coral. En Viñales, el turismo ecológico está enfocado en deportes extremos como escalada, torrentismo y treking, además de paseos a caballo y visitas a fincas tabacaleras.

 

 

Para mí era imperdibles el atardecer en el malecón, lugar de encuentro de músicos, artesanos y gente de diversas edades. Una cena acompañada de son cubano y un coctel es el plan perfecto para las noches isleñas. Son obligados el mojito de La Bodeguita del medio y el daiquirí del Floridita, bares que frecuentaba el escritor Ernest Hemingway. 

 

Los amantes de la historia tienen que ir al Museo de la Revolución, un lugar para revivir, en treinta salas organizadas cronológicamente, la historia de Cuba desde el gobierno de Fulgencio Batista hasta el régimen socialista actual. A los que les atraen los misterios del pasado, les sugiero visitar El Vedado, un área con construcciones coloniales y modernas, sede de hoteles y edificios gubernamentales. Sus amplias zonas verdes y clubes nocturnos atraen a turistas que durante el recorrido se encuentran con el Hotel Nacional y la Plaza de la Revolución.  

 

 

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También vale la pena visitar Partagas, la tabaquería artesanal de habanos más antigua de la isla. En ella el visitante es partícipe de todo el proceso de elaboración de sus famosos tabacos. Así mismo, hay que conocer el Capitolio, antiguo parlamento del gobierno de Batista, donde actualmente se encuentra la Academia de Ciencias. ¿Cómo no pasear por Miramar? Era el barrio de la clase alta cubana antes de la Revolución, que hoy hospeda embajadas, restaurantes y hoteles. La Habana es un lugar de arte, cultura, música e historia que contrasta con una realidad política y económica difícil de descifrar. Encanta e invita a vivirla, como el mismo nativo de a pie lo afirma: cogiéndola suave y a ritmo de son cubano. 

 

 

Foto: Istock.

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