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Detrás de los pasos de Harry Potter

Londres
Londres vio nacer al mago más célebre de todos los tiempos, que este año cumple dos décadas de ganar fervientes seguidores.

Por: Juan Pablo Rueda García

 

Me acerco con nostalgia a la antigua biblioteca de mi casa. Ahí, entre los libros que me llevó a consumir JK Rowling –la mujer que revolucionó la literatura del siglo XXI–, descansa la novela que publicó hace veinte años. Lo abro con una sonrisa perdida. Una fotografía se resbala de sus páginas, pero la alcanzo a atrapar en un solo movimiento. Estamos mis mejores amigos y yo, sentados en un Ford Anglia azul, que vuela sobre las montañas de Escocia. Una de las experiencias más extraordinarias de mi vida atrapada en una imagen: el viaje al país del mago más famoso del mundo, la travesía a la ciudad que vio nacer a Harry Potter.

 

Un día en la nublada Londres es suficiente para entender de dónde proviene la historia que cautivó a toda una generación. El contraste entre el vidrio y el acero del mundo moderno con la piedra y la madera que edificaron el antiguo dispara la imaginación de los miles de transeúntes que recorren sus andenes. Yo, uno más de ellos, caminaba perdidamente enamorado de la ciudad. Por primera vez creí en la posibilidad de que un universo mágico yaciera oculto detrás de las fachadas de los pubs, los bancos y las oficinas. Sin importar a dónde mirara, todo estaba por descubrir.

 

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Entre la realidad y la ficción

 

Empezamos por la inmensa catedral de San Pablo, ya que detrás de ella se esconde el Millenium Bridge. Mientras atravesaba el río Támesis, en una suspensión de acero, reviví la desgarradora imagen con la que empieza el sexto capítulo de la serie: el ataque en el que magos tenebrosos destruyen una de las estructuras más visitadas de la ciudad, donde los sedimentos metálicos del año 2000 se alinean a la perfección con una catedral del siglo XVII. 

 

Unos minutos después, recorría la Abadía de Westminster, que inspiró la arquitectura del colegio Hogwarts de magia y hechicería. La luz se filtraba entre los arcos góticos de piedra para dar paso a los jardines donde cientos de estudiantes podrían estar descansando. Estaba extasiado, y apenas comenzaba. Más adelante me esperaba una visita imprescindible para todo fanático: en la estación King’s Cross, junto a las plataformas 9 y 10, se encuentra la parada de tren que transporta a Harry a su colegio. Tantas personas visitaban la estación, que para el 2012 fue necesario construir un punto organizado de visitantes, nos reveló el encargado. Las personas esperan en fila para tomarse una foto con el carrito que atraviesa el muro mágico y lleva a la ficticia Plataforma 9 y ¾. 

 

Donde los hechizos cobraron vida

 

Bajamos a la estación del metro, teníamos una cita pendiente a las afueras de la ciudad. En el pequeño pueblo de Leavesden se encuentran los estudios de Warner Bros, donde se filmaron las películas de la saga. Las bodegas fueron convertidas en un inmenso museo, al finalizar la producción, al que cualquier persona puede ir. Nos subimos al metro y cuarenta minutos más tarde llegamos a la estación de Watford Junction, donde un bus morado de dos pisos nos recogió, junto a unas treinta personas más, para llevarnos a los estudios.

 

Dar un pie adentro del museo es una experiencia sublime, una oportunidad que todo amante del cine y la dirección de arte deben aprovechar, más allá de su gusto por Harry Potter. Es sumergirse en el proceso de producción de un blockbuster, es Hollywood encarnado. 

 

Ingresamos por el gran comedor, donde se grabaron algunas de las escenas más icónicas. Es una estructura de piedra donde disponen los extravagantes platos de comida y el vestuario de los legendarios personajes de la serie. Le sigue un recorrido por los diferentes escenarios. Allí, personas que realmente trabajaron en las películas explican sus trabajos y sus métodos. Pudimos volar en escoba, aprender a usar una varita y, por supuesto, tomar esa fotografía en el carro volador. 

 

Las marionetas y los robots de criaturas mágicas, los libros, las túnicas y la decoración hablan de la ejecución perfecta de los miles de artistas que trabajaron detrás de las cámaras. 

 

No hay momento más emocionante que la despedida. Al abrir las últimas puertas, ingresamos a la inmensa maqueta del castillo, ambientada con la música de John Williams. Se me erizó la piel. Finalmente, pude ser un testigo más de cómo el universo creado por JK Rowling cobró vida y de esa magia latente en el corazón de Inglaterra.

 

Fotos: Istock.

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