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Inundadas de leyendas sobre su origen, son una muestra del mayor esplendor que es capaz de regalarnos la Naturaleza.

Cuenta una leyenda esquimal  que los límites de la tierra y del mar están bordeados por un inmenso abismo sobre el que aparece un sendero estrecho y muy peligroso que conduce a las regiones celestiales.

 

El cielo es una gran bóveda de material duro, arqueado que se encuentra situado sobre la tierra. En él hay un agujero a través del que los espíritus pasan a los verdaderos cielos.

 

Pero sólo los espíritus de aquellos que han tenido una  muerte voluntaria o violenta, así como el cuervo, son los que han recorrido ese sendero.

 

Los espíritus que viven allí encienden antorchas para guiar los pasos a los que puedan llegar. Esa luz es la aurora. Y allí se encuentran festejando y jugando con un cráneo de morsa los que lo habitan.

 

También tienen, los esquimales, una simbología para el sonido silbante que acompaña, algunas veces, a esa aurora. Se trata de las voces de los espíritus que intentan comunicarse con las gentes de la tierra. Se trata de los “selaimu”, los “moradores del cielo.

 

Una leyenda preciosa que se une a otras muchas de aquellas zonas próximas al círculo polar ártico donde se pueden apreciar, no siempre que se quiere, ese fenómeno de la naturaleza que el investigador francés Pierre Gassendi denominó, en el año 1621, “Aurora Boreal”, es decir, “Luz del Norte”.

 

 

Vientos solares y campo magnético

 

Es indudable que, por mucho que se quiera dar una significación, una casualidad más científica y menos simbólica, las auroras boreales no dejan indiferentes a aquellos que tienen la suerte de verlas, bien sea al amanecer o al anochecer.

 

 

De hecho, hay muchos viajeros que eligen para sus vacaciones desplazamientos a los países nórdicos europeos y, una vez en ellos, marchan hacia las zonas más próximas al círculo polar ártico, para poder degustar esta exaltación de la naturaleza.

 

Porque una de estas experiencias, una visión de esas columnas luminosas que, por unos instantes, unen el cielo y la tierra irradiando diversos colores es algo más, sí, algo más que un fenómeno atmosférico, y que desde luego, entra más en la magia que tienen algunas tierras, como por ejemplo la que mantiene ancestralmente la isla de Islandia.

 

Científicamente este fenómeno natural se produce cuando los vientos solares afectan al campo magnético de la Tierra y, entonces, las partículas liberadas en explosiones solares quedan retenidas en la atmósfera y dan lugar a las tormentas solares.

 

Con esa liberalización de energía  se efectúa una ionización y disociación que estimula la dispersión de las partículas. Merced a ello se crea un estado de inestabilidad que da como resultado que sean enviadas ondas luminosas al espacio, mientras se lleva a recuperar el equilibrio.

 

Y esa búsqueda es cuando el cielo aparece poblado de puntos luminosos que se unen formando líneas rectas, franjas onduleantes, circulares, de variados colores, rojos, azules, verdes, amarillos, anaranjados... que se unen dando al cielo un aspecto mágico, de leyenda, y que recuerdan a la historia de los esquimales pues, de una forma o de otra, se asemejan a caminos que cruzan de la tierra hacia el cielo.

 

 

Diferentes tipos según la intensidad

 

Existen diferentes tipos de Auroras Boreales, en función de la intensidad con la que se puedan observar, así como de la duración de las mismas en el cielo.

 

Se suele aceptar un ordenamiento del uno al nueve, considerando la de menor valoración como una simple línea blanca que cruza el horizonte, hasta la de máxima intensidad, donde el juego de colores y el mantenimiento en el cielo estrellado, muestra un contraste que es de una indescriptible belleza.

 

El mejor tiempo para acercarse hasta las proximidades del Círculo Polar Ártico para verlas suele ser los meses de septiembre, octubre y luego marzo. No hay un país en esa proximidad que destaque por encima de otro en las posibilidades de verlas y fotografiarlas. Tanto se puede acudir a Noruega, a Finlandia o a Islandia, como hasta Alaska.

 

No obstante, conviene tener en cuenta que muchas veces se ve únicamente una línea blanca en el horizonte. No hay que preocuparse, si se hace una fotografía, al ver la imagen el autor de la foto seguro que se queda sorprendido por lo que se encuentra.

 

Consejo, la mejor forma de ver una aurora boreal, es aprovechar la máxima oscuridad en lugares donde el cielo esté claro y despejado.

 

 

 

Fotos: EFE.

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