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"Al periodismo de hoy no le falta nada. A algunos de quienes lo practican, sí", Alberto Salcedo

Por: 
Redacción Cromos
Si alguien sabe contar historias es el cronista barranquillero.

Amante de las palabras, exhaustivo en la investigación y refinado en la escritura, acaba de recibir un premio más en Francia (el Prix du Livre du Réel) por su libro El oro y la oscuridad (2005), que narra la vida gloriosa y trágica del exboxeador Kid Pambelé. 
 

 

¿Qué le quedó de Pambelé?
Aprendí a imitarle el vozarrón bastante bien.

 

 

¿Con cuántas personas habló para reconstruir su historia?
Más de cincuenta.

 

 

¿Qué fue lo más difícil de escribirla?
Escribir siempre es difícil. Cuando brota fácil es porque uno está haciendo algo mal.

 

 

¿Y lo más gratificante?
Cuando era niño, mi abuelo me volvió fan de Pambelé. Al escribir el libro tuve la sensación de que le estaba contando la historia a él. 

 

 

¿Qué tiene el boxeo que no tengan otros deportes?
En el boxeo, la derrota es más derrota y te deja más solo. Para el boxeador el verbo ‘caer’ no es una metáfora.

 

 

¿Cuál es el mejor deporte y por qué?
El béisbol, por sus emociones lentas pero explosivas. 

 

 

Su palabra favorita del español.
Uf... ¡Hay tantas! “Incienso”, “ventanal”, “llovizna”. Como caribeño, no solo escojo las palabras por su significado, me gusta que suenen bien. 

 

 

El periodismo, ¿para qué?
Para informar, opinar, narrar, denunciar, revelar. Para ayudar a que la gente entienda. Para entretener, sacudir, sorprender.

 

 

Si no escribiera, ¿a qué se dedicaría?
De pronto tendría un café para conversar con los clientes. Hay un impresionante repertorio de cosas que hago mal. 

 

 

Una frase para aprenderse.
Una que decía mi abuelo: “El que quiere besar, busca la boca”.

 

 

El mejor cuento de la historia.
Un día perfecto para el pez banana, de J.D. Salinger.

 

 

Un poder femenino que le gustaría tener.
El de dar a luz. Hubiera sido justo que yo pariera a uno de mis dos hijos. 

 

 

¿Qué es lo más costeño que tiene?
Todo. Soy más costeño que el mote de queso. 

 

 

Una historia que le falte por contar.
La historia de cómo viajó el tambor africano en los barcos esclavistas. Nadie lo vio porque venía escondido en el alma de los negros. Cuando llegó a América surgió como un conjuro y, desde entonces, no ha dejado de sonar.

 

 

¿En qué cree?
Creo profundamente en la capacidad de producir alegría que tienen el pargo frito y los patacones.

 

 

Y una que le gustaría haber contado.
La de Muhammad Alí. 

 

 

Un pecado.
La gula.

 

 

Un objeto imprescindible.
Dos: el bolígrafo y la libreta de apuntes.

 

 

¿Una pregunta recurrente en sus entrevistas?
Procuro averiguar qué actividades diarias suele realizar la persona para acompañarla. Me gusta más ver cómo vive la gente que atacar con preguntas.

 

 

A quién resucitaría para invitarlo a un café.
A Ernest Hemingway.

 

 

Una lección que le gusta dejarles a sus estudiantes.
Que sean reporteros apasionados y salgan a ensuciarse los zapatos en la calle. 

 

 

¿Qué extraña de Barranquilla?
La banda sonora de un sábado al mediodía. Es un momento para pedir en la tienda una cerveza ‘enyesada’, es decir, recubierta de escarcha. 

 

 

¿Hay algo que recuerde en especial de Gabriel García Márquez?
Cuando Jaime Abello nos presentó, Gabo se quedó varios segundos más con mi mano derecha entre las dos manos suyas. Me pareció un gesto de abuelo sosegado. 

 

 

Un consejo para aquellos jóvenes que planean estudiar Periodismo.
Fájense, muchachos, que la vaina está durísima.

 

 

¿Qué le falta al periodismo de hoy?
No le falta nada. A algunos de quienes lo practican, sí. Les falta ser más humanos que creídos, por ejemplo. 

 

 

Una palabra para describir a:
a. Álvaro Uribe: marrullero. 
b. Juan Manuel Santos: tahúr.
c. Humberto de la Calle: esperanza.
d. Claudia López: honestidad.

 

 

¿El peor enemigo de Colombia?
Su odio encostrado.
 

 

Foto: Daniel Álvarez.

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