Pasar al contenido principal

Se encuentra usted aquí

El colombiano que lleva indígenas latinoamericanas a Asia para que se vuelvan ingenieras solares

Por: 
Diana Durán
Rodrigo París, Barefoot College
Rodrigo París es el director de operaciones de Barefoot College, una escuela en donde las mujeres se entrenan para llevar luz a su gente.

Todo empieza con el sol. Rodrigo París fue por primera vez a Tilonia, una aldea india de unos 7.500 habitantes, en 2013. Su recibimiento fue el grito de cuatro mujeres: “¡Colombiano, colombiano!”. Eran unas matronas wayuu. Le costó unos segundos entender la escena que observaba en ese pueblo aislado, a siete horas de Nueva Delhi, hasta que se transportó a una noche en Londres, un año atrás, cuando era él quien manejaba los asuntos de prensa en la embajada colombiana de esa ciudad. Eran las siete y alguien golpeó a la puerta. Ahí estaba un hombre indio, llamado Bunker Roy, con la urgencia de sacar una visa para poder viajar a Colombia al día siguiente. 

 

Esa noche, Roy y París —el único funcionario que quedaba a esa hora en la embajada— se sentaron a hablar. Fue así como París, un fan del reportero Tintín, se enteró de la existencia de Barefoot College. La Universidad de los Pies Descalzos. “En India tuve una educación muy costosa, elitista y snob que casi me destruye”, ha explicado Bunker Roy en escenarios públicos, al relatar cómo surgió su idea de redefinir quiénes son considerados profesionales hace más de 45 años. “Un profesional es quien combina competencias, confianza en sí mismo y fe”, dice Roy. “Por ejemplo, una partera tradicional”. O las ingenieras solares que él y su fundación preparan para que puedan llevar luz a sus pueblos. 

 

París había viajado a Tilonia para hacer un voluntariado mientras definía qué paso seguir en su carrera y esas cuatro abuelas wayuu estaban allí por sugerencia de él mismo, aunque lo ignoraba. Luego de su conversación en la embajada, Bunker Roy había acatado su sugerencia de tomar en cuenta a las indígenas guajiras colombianas. El proyecto de Barefoot College de transformar la energía solar en electricidad, le explicó esa noche París a Roy, podría lograr por fin que el desierto guajiro se convirtiera en un aliado de los indígenas. En esas comunidades la gente suele desplazarse horas hasta encontrar, por ejemplo, dónde cargar su celular. 

 

Alta (1)

Costa Rica es el país latinoamericano número 19 en unirse a la iniciativa de Barefoot College. Acaba de hacerlo. 

 

Todo empieza con el sol, dicen en Barefoot College. Y con las mujeres, agrega París. “Dice un proverbio asiático que si se educa a un niño se forma a un hombre, y si se educa a una niña se forma una aldea. Las mujeres generan cambios positivos en su comunidad más rápidamente. El hombre es nómada, emigra; la mujer echa raíces, permanece, cuida de sus hijos. Es muy generosa con su conocimiento y lo comparte con su entorno; el hombre lo usa para su propio beneficio. Este proyecto no es solo la oportunidad de prender un bombillo en medio del Amazonas, sino de sacar del empobrecimiento a las personas que, cuando el sol se oculta, se quedan sin la opción de hacer nada más”.  

 

Camino a India

Rodrigo París, periodista y politólogo de profesión, se unió a Barefoot College hace más de tres años, luego de haber hecho un recorrido por distintos países y diversos trabajos. Los  medios de comunicación eran el sueño original. Por eso, cuando tenía 14 años y todavía era un estudiante del Liceo Cervantes en Bogotá, inspirado en su héroe Tintín le ofreció al suplemento dominical de El Espectador (Los Monos) su propia historieta: Robert Baker, un investigador privado. En Los Monos rechazaron su propuesta, pero la puerta igual se abrió. Lo recomendaron ante María Antonieta Cano de Busquets, quien manejaba la separata juvenil Espectadores 2000, y así se volvió colaborador del diario.

 

El viernes 1° de septiembre de 1989 todo se desvaneció. Horas después de haberse ido, cuando ya era sábado en la mañana, un camión con 60 kilos de dinamita explotó junto al periódico. Sus padres, Germán París y Gloria Teresa Rojas, le pidieron que no volviera. No volvió más.

 

El 9 de diciembre de 1991 fue elegido en el Teatro Patria de Bogotá para prestar servicio militar —por elección propia— en la Escuela de Ingenieros. En 1993 entró a la Javeriana a estudiar Periodismo y, dos años más tarde, hizo una práctica en el Ministerio de Transporte. Más tarde entró a estudiar Ciencias Políticas y en el año 2000 se fue para Madrid a hacer una maestría en Relaciones Internacionales. 

 

El plan era quedarse en esa ciudad, donde ejercía como corresponsal de la revista Semana, pero CNN lo contactó y sus planes cambiaron. La cadena estaba expandiendo su planta de periodistas ante la invasión de Estados Unidos a Irak en marzo de 2003 y París se fue a Atlanta. “Me tocaba trabajar desde las 2 hasta las 11 de la mañana escribiendo sobre ataques y atentados. Terminaba extenuado física y emocionalmente. Finalmente renuncié”. 
En 2004 se unió a un diario para latinos en Texas llamado Rumbo y, cuatro  años más tarde, Noemí Sanín, recién nombrada embajadora en Londres, lo invitó a unirse a su equipo. Así fue como se pavimentó su destino hacia Bunker Roy, hacia la Universidad de los Pies Descalzos y hacia el remoto pueblo indio de Tilonia, donde está la sede principal de Barefoot College. 

 

Alta (2)

Imagen de una ranchería wayuu iluminada con paneles solares construidos por las matronas que asistieron a Barefoot College. / Foto: Rodrigo París. 

 

Esa aldea, en la mente de Rodrigo París, es “como un pedacito de literatura de Las mil y una noches. Las mujeres van vestidas con sus saris preciosos y los hombres, de turbante. Pero queda en un estado muy conservador, Rajasthan, y las tradiciones de discriminación contra la mujer se mantienen muy vivas. Son las que tienen que hacer los deberes de la casa, caminar hasta tres kilómetros por agua dos veces al día, recoger la leña, cocinar y estar pendientes de los hijos, mientras los maridos se la pasan divagando, tomando té y, lo más absurdo, persiguiendo a las mujeres para que cumplan con sus obligaciones. Son siglos de prácticas que no han cambiado. Es una vergüenza”. 

 

La luz se hizo

Todo empieza con el sol, dicen en la India. Hace más de tres años, Rodrigo París se convirtió en el director de operaciones de Barefoot College para Latinoamérica y su misión es ser un puente entre India y este continente. Hasta ahora, 65 mujeres de 18 países latinoamericanos han viajado a la India para entrenarse como ingenieras solares, para llevar luz a su gente, para volverse “profesionales”, en palabras del fundador de la Universidad de los Pies Descalzos, Bunker Roy. A Tilonia han ido a parar mujeres del Amazonas e indígenas colombianas huitoto o wayuu, como las cuatro matronas que tan efusivamente saludaron a París.     

 

81830858

El fundador de Barefoot College, Bunker Roy, dice que su organización sigue los preceptos de Gandhi, especialmente el de servir a los demás. 

 

La mayoría de las indígenas latinoamericanas tienen una condición transversal: son analfabetas. Y otra: nunca han salido de sus comunidades y, de repente, se ven embarcadas en un viaje hasta el otro lado del mundo que hacen solas. “El impacto es maravilloso. Llevar luz es iluminar el camino de las personas y abrir brechas de esperanza. El cerebro piensa diferente cuando el ambiente cambia, cuando se puede ver. Las mujeres superan cualquier obstáculo, simplemente necesitan una oportunidad. Ellas quieren una mejor vida para sus familias”.

 

Cada año, 80 mujeres de todo el mundo se capacitan por seis meses para volverse ingenieras solares en la India. Tilonia, entonces, se convierte en una especie de Torre de Babel donde resuenan múltiples lenguas, dialectos y costumbres. “Parecen niñas que van al colegio por primera vez”, dice Rodrigo París, quien cuenta que las estudiantes aprenden con colores, números y señas los componentes, el ensamblaje y la reparación de los paneles solares.  
  De Colombia, ocho mujeres han viajado a la India para formar parte de esta iniciativa global. Las primeras fueron las wayuu, que sin saber leer ni escribir ya han instalado paneles solares en cinco comunidades de La Guajira que han beneficiado a 900 indígenas. Escribieron los nombres de las herramientas tal cual sonaban, aceptaron comer vegetales y las extrañas carnes, y al final, donde había oscuridad, la luz se hizo y se sigue haciendo. En Caquetá y en el Cesar, dos indígenas huitoto y dos kankuamas también trabajan para darle luz a su gente. Para Rodrigo París, la razón es contundente: “Una mujer con determinación y apoyo transforma la vida de toda una comunidad”. 

 

 

 

Foto. cortesía - Getty. 

Leer mas: 

Leer más

Publicidad
Publicidad