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"Nosotros necesitamos una sociedad que no le cobre a la mujer ser mamá" Paloma Valencia

Por: 
Camila Builes - @CamilaLaBuiles
Una de las senadoras más representativas del Centro Democrático, se convirtió en mamá y Amapola, la puso al filo del abismo.

Cuando Paloma Valencia era niña recitaba en todas las reuniones familiares los poemas de su bisabuelo, Guillermo Valencia. A veces, cuando los tíos oían exaltados a la niña, Paloma alzaba las manos y comenzaba a declamar a Juana de Ibarbourou: “Y voy por la senda voceando el encanto / y de dicha alterno sonrisa con llanto / y bajo el milagro de mi encantamiento /se aroman de rosas las alas del viento”. Los ojos puestos sobre ella, las miradas henchidas sobre su cuerpo grácil la hacían levantarse del suelo. Mientras la nostalgia del poema abrazaba a sus familiares; ella, en su cabeza, solo podía imaginar un túnel lleno de flores. Repetía palabras plagadas de emoción que no sabía lo que significaban, pero sus padres no lo sabían. Nunca lo supieron.  

 

Esa misma escena quisiera que fuera protagonizada por Amapola, su primera hija. Hace un mes y medio Paloma Valencia se convirtió en mamá y la idea de ver declamando a su hija la llena de alegría. De nostalgia. Sin embargo, Amapola la puso al filo del abismo. Ahora no sabe si puede seguir haciendo política sin dejar de ser una buena madre y se cuestiona cada vez más el tipo de costos sociales que tiene la maternidad para las mujeres. Valencia ha comenzado a plantear luchas políticas para cambiar la licencia de maternidad y convertirla en una obligación compartida con el hombre, aunque ella, en la privacidad de su casa, se obstina en lidiar sola con la cotidianidad de su bebé.

 

¿Cómo se enteró de que estaba embarazada?

Estaba buscando el bebé, esto no es casualidad. Me hice una prueba y salió positiva y sentí una mezcla de cosas:  pánico y felicidad. Cuando me hacías las pruebas y salían negativas quedaba muy triste, así que cuando vi el “positivo” no lo podía creer. Mi esposo estaba en España, le mandé una foto de la prueba y ahí mismo me llamó feliz.

 

¿Cuál fue el primer miedo al que se enfrentó?

No poder quedar embarazada. Me daba mucha ansiedad. Pensaba: “¿Y qué tal que ya no pueda tener hijos?”. Ese fue mi primer susto. Después piensas en la responsabilidad de ahí para adelante en caso de tenerlo. Uno comienza a pensar cómo realmente te va a cambiar la vida, cómo vas equilibrar tu vida profesional. Todas esas preguntas se vuelven trascendentales y miedosas. 

 

¿Habría adoptado en el caso de no haber podido tener hijos?

Era una opción. Aunque entiendo que el proceso de adopción es tremendamente duro, creo que lo hubiéramos intentado. Mi esposo estaba muy seguro de que, si no podíamos, adoptábamos.

 

¿La idea era tener sí o sí un hijo?

Creo que sí. Lo que pasa es que tiendo a ir por pasos. Pensaba en agotar primero la vía natural y luego pues intentarlo de otra forma. Trato de no mezclar porque si no me hubiera enloquecido. Creo que sí no hubiera podido sí habríamos adoptado. Incluso mi esposo dice que deberíamos adoptar otro. Yo le digo que primero deberíamos criar esta. Él quiere adoptar un bebé y tener un perro, yo creo que hay que ir por partes.

 

Ahora que recién tuvo un bebé, ¿cree que es indispensable para las mujeres ser mamás?

 No creo que indispensable. Lo que pasa es que es un momento muy feliz, digamos que en muchos sentidos sería un desperdicio no tenerlo porque el bebé te da una felicidad y una oportunidad de explorar una relación y unos sentimientos que no se tienen con otra persona. Un bebé lo devuelve a uno a sentimientos primordiales que a veces se olvidan. Entonces no creo que sea primordial porque una mujer se puede realizar sin hijos, pero es divertido, es emocionante, es lindo. Vale la pena.

 

Cuando uno es adolescente repite mucho que no se va a parecer a sus papás. ¿A usted qué no le gustaría reproducir de su crianza en la de Amapola?

Mis papás se separaron y a mí me gustaría poder mantener mi matrimonio y tener una familia que no se rompa. Nosotros fuimos educados en libertad creo que, por esa misma separación, fue una educación muy afectuosa. Eso me gusta de ellos. Me gustó la educación que me dieron. Tuve un papá muy dedicado que en una generación donde los papás todavía no eran tan delicados, él fue completamente amoroso y entregado a sus hijos. Fui la niña de mi papá. Nosotros dos hacíamos de todo: él jugaba conmigo a las muñecas, se dejaba hacer peinados, me leía cuentos todas las noches. Muchas veces pospuso cosas propias por nosotros.

 

Y usted qué piensa de eso, de posponer cosas propias por los hijos

Creo que eso es una cosa que sucede naturalmente.  Es un costo enorme para las mujeres. En los estudios se ve que nosotras ganamos menos que los hombres y en los dos extremos de la curva, es decir, las mujeres de bajos ingresos y las de altos, esos porcentajes llegan al 40 y 45% de diferencia salarial. La razón es que a veces nosotras tenemos las mismas —o mejores— capacidades que los hombres, pero por temas familiares comenzamos a rechazar asensos, oportunidades y entonces vamos quedando relegadas. Hay un montón de cosas que estaría haciendo si no estuviera Amapola. No me duele no hacerlas, pero evidentemente son costos que he tenido que asumir.

 

Usted, más allá de decidir por su familia, también tiene el poder de hablar por mucha gente, entonces ¿qué impacto tiene una mamá en la política? ¿Hay espacio para mamás en ese campo?

Esas son las preguntas que me hago todos los días. He tenido mucho tiempo de reflexionar del papel de las mujeres y los costos que tiene la maternidad en nosotras. Tiene un montón de beneficios individuales, pero tiene unos costos sociales muy altos y la pregunta es si en la política caben mujeres mamás. Eso no puedo contestarlo yo en este momento porque tengo la vocación de seguir, pero me pregunto si eso se puede. Si tú te pones a pensar las mujeres que están en la política o no tienen hijos o si los tienen ya son grandes.

 

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¿Qué otros costos sociales tienen ser mamá?, además de los que ya mencionó.

Una mujer con hijos menores a cinco años gana menos que una mujer sin hijos. Los índices de desempleo son mayores en mujeres que son madres. Hay una serie de cosas que están muy en el fondo de la estructura de la sociedad y es el prejuicio de que los hijos son solo de la mujer y de que quien tiene que responder por ellos, si hay que salirse del trabajo, si hay que posponer una vida va a ser la mujer y no el hombre quien lo haga. Acá debo mencionar a la economista Ximena Peña que decía: “La sociedad no solo necesita mejores hombres, también necesita mejores mujeres”. Nosotros necesitamos una sociedad que no le cobre a la mujer ser mamá. Mira mi caso: yo era una política de mucho trabajo en región, iba todos los fines de semana a alguna parte. Hoy en día tuve que suspender todo eso y por la bebé no podré tener el antiguo ritmo. Me pregunto si podré mantener mi prestigio político y a mis amigos en la política disminuyendo esas salidas; o llegará un senador hombre o una sin hijos que puede ir permanentemente y capturar lo que he construido. No sé.

 

Usted propuso cambiar la ley de maternidad

Claro que uno necesita una licencia de maternidad y claro que el bebé la necesita. La pregunta es ¿cómo hacemos para que esa licencia no se vuelva en un costo para la mujer? Que yo disfrute de mis 18 semanas, afecta directamente a otras mujeres. Porque el día que una mujer vaya a buscar trabajo lo que piensa el jefe es si contratar a una peladita que no ha tenido un hijo o a un joven de la misma edad que no representa a futuro un tiempo muerto para la empresa. Lo que he estado pensando es cómo interiorizar esos costos que tiene la maternidad para que no los tengan las mujeres. Una de las propuestas es poner una licencia del mismo largo para los hombres. Entonces cuando tú y un pelado de la misma edad se presenten a un trabajo estarían en igualdad de condiciones.

 

Pero el bebé necesita físicamente a la mamá

Sí, ese es un problema. Por el tema de la lactancia el bebé necesita a la mamá y uno comienza a preguntarse si a los hombres le van a dar 18 semanas de vacaciones, no creo que todos los hombres cuiden de lleno al bebé. Hay otra opción: compartir la licencia, que ambos podamos decidir el tiempo. Creo que la licencia debe ser obligatoria. Lo que creo es que no debe ser obligatoria solo para la mujer. Hay que intentar crear un tipo de política que nos ayude a suplir el problema de una mujer que la van a contratar pero que prefieren emplear a un hombre porque no va a tener una licencia.

 

Entonces usted comparte la licencia con su esposo

No. Mi esposo está súper motivado y él quiere ser un papá muy presente y tiene una ventaja que al ser un profesor sus horarios son más controlados que los míos y él se ofrece mucho. Parte de lo que yo he pensado es que la bebé puede hacer política conmigo. Me imagino que la puedo llevar a muchos sitios, creo que ella puede estar cerca de mí en el congreso, porque yo tengo sesiones de 14 y 16 horas y si yo no puedo llevar el bebé significa que esos días no lo voy a poder ver. Parte de mi plan es tratar de organizarme para que la bebé pueda estar conmigo. Espero que el senado me dé el chance de cumplir como política y como mamá.

 

¿Usted pensó esto solo cuando se convirtió en mamá?

Sí. Cuando vi lo que venía de la licencia, vinieron también un montón de preguntas. Por ejemplo, los de mi oficina me decían que si ellos tenían que buscar trabajo porque me iba a ir por un tiempo y como llegaba un senador a reemplazarme pensaban que él los iba a echar. Lo primero que hice fue llamar a mi reemplazo y decirle qué cómo íbamos a manejar eso y él me dijo que iba a respetar mi equipo. En Cámara de Representantes hubo un caso donde le echaron a la señora a todo su equipo mientras ella estaba en licencia. Ahí comencé a pensar cómo iba a ser mi vida en la política después de Amapola. Yo no me puedo desaparecer definitivamente durante 18 semanas. Tengo que articular ciertos momentos y me di cuenta de las enormes dificultades de ser madre.

 

¿Paloma Valencia es feminista?

No diría que feminista, pero sí soy muy reflexiva del género y de las dificultades que tenemos las mujeres. El mundo me ha ido volviendo más consciente de eso. Yo estoy en una profesión de hombres, la política. Tener una coyuntura social como en la que estamos en este momento, me hace mucho más consciente de lo que significa ser mujer, de los costos que tiene ser mujer y de las virtudes que tiene.

 

¿Cómo se ha hecho lugar en ese mundo?

Ha sido muy duro. Cuando un hombre echa un discurso, es muy elocuente; si yo lo echo es que soy muy brava. Si yo hablo duro es que soy gritona; pero si un hombre habla duro, es que tiene mucho carácter. Hay una serie de estereotipos de lo que tiene que ser la mujer: sumisa, mansita, muy ajustada, maleable. El matoneo por ser mujer es evidente.

 

¿Qué piensa del matoneo que ha recibido en redes sociales?

Al principio me dolía… me duele siempre. Van construyendo un monstruo que no eres tú y uno puede responder de sus prejuicios, pero uno no puede medir los prejuicios de la otra gente. Hay personas que tiene preconceptos y pretenden que uno sea ese ser horrible que ellos tienen en su mente. En muchos sentidos uno se siente despersonificado, como si uno no fuera una persona y tuvieran derecho a decirle cualquier cantidad de cosas horribles y, además, asumir que uno es la persona que ellos creen. Esa distancia entre el sujeto creado, mentiroso, que inventa la red sobre ti y lo que tú eres es desconcertante y es perturbadora. Te duele.

 

¿Ha tenido conflictos de identidad frente a la imagen que, según usted, han inventado y la que es verdaderamente?

No. Tengo muy claro lo que soy y lo que digo, pero por ejemplo sí me he dado cuenta que el nivel de prejuicio de la gente es tan grande que no están dispuestos a aceptar los comentarios de buena fe, sino que todo es malo y eso es terrible. Uno no puede relacionarse con un mundo donde todo lo que tú hagas sea asumido como malo. Me frustra mucho.

 

Entonces, ¿quién sí es Paloma Valencia?

Creo que soy una mujer que quiere mucho a Colombia, quiere una mejor versión de ella y está dispuesta a hacer muchas cosas por este país.

 

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¿Cómo lidia con eso?

Cada vez le he perdido más afecto a las redes sociales, me he vuelto menos comunicativa. Ya me dan mucha hartera. Uno se va inhibiendo: a mí me parecía que twitter era una gran herramienta para discutir ideas, uno soltaba una idea y la gente opinaba, pero sobre la idea; ahora se volvió una insultadera y una destrucción individual pues uno dice mejor no hablemos, entonces. Hay unos mínimos para el diálogo y creo que las redes han perdido ese tópico.

 

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Todas las noches Guillermo, su papá, se sentaba al borde de su cama para leerle cuentos. Esa imagen le cruzaría el pecho para siempre a Paloma Valencia. Tal vez por eso comenzó a escribir cuentos cuando estaba en la universidad, los recuerdos de la infancia son salvavidas y puentes entre la niñez y la adultez. Su libro Otras culpas (Borrador editores, 2011) según ella, es una catarsis sobre su pasado, sobre la violencia en Colombia. Un libro de culpas y amores.

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¿Qué queda de la mujer que estudió escritura creativa en Nueva York?  

Es la misma Paloma. Ese libro de cuentos que publiqué en la maestría fue una catarsis sobre la violencia en Colombia, es un libro que pretende decir que uno sí vio la violencia y sí le dolió y se refiere a las culpas que genera vivir en una sociedad donde a tanta gente la están matando, violentando, secuestrando. Es una paradoja de ser feliz en el infierno.

 

¿Cómo se dio el cambio de escritora a política?

A mí me gusta mucho la política porque uno puede – o creo poder- cambiar muchas cosas que no están bien en la sociedad. Esa es la razón por la que uno comienza a pensar que en la política se puede hacer algo interesante. La escritura la comparo con la política con una frase de Rilke: “Uno escribe porque no puede no escribir”, uno siente tantas cosas, ve tantas cosas y hay que expresarlas y, más importante, querer corregirlas.

 

Ahora hay menos tabúes para hablar de sexualidad. ¿Qué haría si Amapola le dijera que tiene una orientación sexual distinta a la que usted quisiera?

La respetaría totalmente. Creo que uno tiene que ser muy abierto y tolerante y sobre todo querer la persona. Y a ella nunca la va a definir ni su orientación sexual, ni su raza, ni su estrato. Sino su moralidad, sus principios, su valor y su posibilidad de contribuir a la sociedad. Eso es lo que importa.

 

No le importa la diferencia…

No, crecí en una familia donde por ejemplo la gente ha hecho mucha política, pero ha estado en diferentes espacios del espectro político. Mi abuelo, por ejemplo, era conservador, pero su hermano liberal. Él era antirojista y su hermana era rojista a muerte y su otro hermano era comunista y así, todos hacían política. Y se sentaban a almorzar los domingos tranquilos porque entendían la perspectiva que cada uno tenía podía construir una mejor Colombia, con unas diferencias ideológicas enormes, pero en paz. Yo por eso puedo discutir muy duro con las ideas, pero suave con las personas, porque distingo una idea que no comparto frente a la persona que la está teniendo. Creo que la gente en general tiene buenas intenciones. Parto de la base de que cuando estoy hablando de un tema público con otra persona ella quiere tanto como yo solucionar el problema.

 

¿Cuáles son los valores que no le pueden faltar a Amapola?

Honorabilidad, la defensa de la justicia y la perseverancia.

 

¿Qué defectos no quisiera pasarle a Amapola?

Ser tan poco medida. No soy medida y creo que el mundo exige ser más estratégico. Soy muy espontánea, no tengo muchas rigideces y creo que el mundo te pide ser más rígido. Soy poco desconfiada del mundo, soy muy tranquila frente al mundo.  Ojalá que no herede mis problemas de sueño, a veces se lo veo: siempre vigilando como un perro guardián. Yo duermo muy ligero. Me despierto con nada desde chiquita. Siempre estoy pendiente de lo que está pasando a mi alrededor.

 

¿Cómo quisiera que fuera su hija?

Muy luchadora, con un carácter fuerte. Con ideas y deseos de dar luchas. La figura que me inspira mucho es Don Quijote, no importa que las batallas sean contra gigantes, hay que darlas.

 

Foto: David Schwarz.

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