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'Todo Todo', y lo que haríamos por amor

Por: 
María Angélica Camacho
Esta película hace que volvamos a sentir como lo hicimos en la adolescencia.

Calificación: 4

Directora: Stella Meghie

Género: Drama / Romance

Guión: J. Mills Goodloe

Reparto: Mandla Stenberg y Nick Robinson

 

 

No podría soportar estar encerrada en una casa toda mi vida, así tuviera todos los lujos que pudieran darme. Pensar en un mundo que no va más allá de cuatro paredes me corta la respiración. La claustrofobia es poderosa y te ataca incluso cuando la reclusión es solo una idea. No imagino compartir mi tiempo con un par personas, ni saber de las fiestas que me pierdo y no tener la posibilidad de salir ni siquiera al supermercado, por lo menos para tomar aire. La posibilidad de estar atrapado de esta manera parece el argumento de una historia de ciencia ficción, pero en realidad es lo que deben enfrentar las personas que nacen con inmunodeficiencia combinada grave, una enfermedad que imposibilita combatir las infecciones que atacan al cuerpo debido a la ausencia de un sistema imunológico. Esto es lo que padece Madeline, la protagonista de Todo, todo: una ‘niña burbuja’ que, básicamente, es alérgica al mundo. Por eso no puede salir de su casa, el único espacio que cuenta con los filtros necesarios para mantenerla viva. 

 

Madeline –interpretada por Mandla Stenberg (Los juegos del hambre)– tiene 18 años, vive en una casa blanquísima y ocupa su tiempo construyendo modelos para su clase de arquitectura. No puede salir, porque eso la pondría en riesgo de morir, así que las ventanas son las únicas aliadas con las que cuenta para conectarse con el mundo. A través de ellas vio a Olly, su nuevo vecino, de quien se enamoró perdidamente. Un amor joven, de esos que nos hacen sentir mariposas por primera vez y nos llevan a mover montañas. Pero es un amor diferente, porque transcurre con un vidrio de por medio, ya que cualquier virus o bacteria en el aire fuera de casa es una amenaza. 

 

Para que nuestro primer amor fuera posible todos necesitamos un alcahueta, que nos cubrió y nos invitó a creer en idilios de cuentos de hadas. Madeline, con tantos obstáculos de por medio, necesitaba a alguien más que nadie y su celestina fue Carla, su enfermera, que se encargó de que estos adolescentes se encontraran.  

 

¿Qué estaríamos dispuestos a hacer por amor? Es posible que no sepamos contestar esta pregunta hasta que nos enfrentemos a condiciones tan extremas como las que viven Madeline y Olly; por eso esta película es tan estimulante: nos clava en el alma la ilusión de que el amor todo lo puede y, en esa medida, el amor lo vale todo. Maddie, fuerte y valiente, está dispuesta a poner su sistema inmunológico a prueba por un día perfecto con ese amor que le da alas y que la lleva a pensar, por primera vez, que eso que ocurre dentro de sus cuatro paredes no es vida.

 

Esta película hace que volvamos a sentir como lo hicimos en la adolescencia. Con ese apasionamiento desmedido, con esa entrega desinteresada. Recordamos esos amores que existían sin condiciones, sin prejuicios, sin trabas. Esta historia hace que vuelva a nosotros el olor de las primeras rosas que recibimos y el sabor de los primeros chocolates que nos regalaron. Porque, aunque parece una relación diferente, su base es la misma que cualquiera: la ilusión de haber encontrado a alguien que nos hace felices y las ganas de aprovecharlo al máximo, el tiempo que sea posible. 

 

***

Curiosidades

La película está basada en el libro homónimo publicado por la jamaiquina Nicola Yoon.

 

John Travolta protagonizó El chico de la burbuja de plástico, en 1976, que desarrolla el mismo tema. 

 

La producción de la película contó con un presupuesto de diez millones de dólares. 

 

 

Fotos: Warner Brother Pictures.

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