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El secreto de las etiquetas: Desaprender a comer (II)

Mujer leyendo etiqueta
Consejos de la mano de una de las mejores expertas. Porque quererte hace parte de tu esencia. ¡Atención!

 

Por: Dra. Alexandra Rada 

 

El etiquetado es una palabra que se ha vuelto muy popular tras la irrupción de las redes sociales. A nosotros nos interesan otro tipo de etiquetas, las que vemos en cada producto comestible que adquirimos. Ahí tenemos un montón de información que no solo sirve para contar calorías, sino para que estemos atentos a indicadores tan importantes como el del azúcar, el potasio y el sodio. Por eso es clave saber leer, de una manera rápida y fácil, las etiquetas de los alimentos, ya sean sólidos o líquidos. 

 

Hay venenos silenciosos que, sin embargo, no son anónimos, están ahí, a la vista de todos, en la información del paquete, la gaseosa o el dulce. De ahí que deberíamos  saber qué es lo que comemos. Puede que lo hayamos hecho mal hasta ahora, pero todavía hay tiempo de corregirlo. 

 

 

Las grasas

Tenemos que empezar por hacer a un lado la pereza. La información nutricional de los alimentos que adquirimos en los supermercados no está ahí de adorno, debemos aprender a entenderla para evitar esas cosas que nos pueden hacer daño. No se trata de que nos convirtamos en calculadoras ambulantes de calorías, sino de cerciorarnos de las virtudes o defectos del producto en cuestión. Fíjese en los datos por porción y en el número de porciones, en su aporte calórico, en el sodio, en los azúcares y en la proporción de grasas saturadas y trans.

 

El exceso de grasas saturadas puede favorecer la aparición de enfermedades y aumenta el colesterol malo (LDL) y la obesidad, sobre todo en la zona abdominal. Si las consumimos con moderación y esporádicamente, no nos darán mayores problemas, por eso tenemos que fijarnos en que la cantidad de este tipo de grasa que aparezca en las etiquetas sea la mínima posible. 

 

Esto mismo es aplicable a las grasas trans, que son líquidas pero pasan a ser sólidas. Las empresas alimentarias las utilizan porque son más fáciles de usar, aumentan la duración del producto y mejoran su sabor y su textura; sin embargo,  son las peores para la salud, suben el colesterol malo y bajan el bueno.

 

Tenemos que ser especialmente vigilantes con la comida chatarra, sin ser drásticos. Con moderación, podemos comer un paquete o una golosina de vez en cuando.  Un niño también puede darse su gustico, pero no se deben volver hábito. Los padres debemos analizar la frecuencia del consumo y las etiquetas de esos paquetes. 

 

 
El sodio

 

Mucho ojo a la composición de sodio. Busquemos paquetes sin tanta concentración de sal, de lo contrario, estaremos saturando el riñón de una criatura que apenas está en formación. Tengamos en cuenta que la Organización Mundial de la Salud (OMS)recomienda reducir la ingesta de sodio para controlar la tensión arterial entre los niños. El consumo máximo de sodio recomendado para los adultos está entre 2.300 y 2.400 miligramos por día (equivalentes a una cucharada con unos 5 gramos de sal). En el caso de los niños, debe reducirse para que sea proporcional a sus necesidades.

 

¿Por qué se debe mirar la etiqueta que nos da la información nutricional? Porque algunas bebidas o alimentos envasados pueden contener altas cantidades de sodio, sin tener un sabor salado. Según estudios nutricionales, alrededor del 75% del sodio que ingerimos proviene del consumo de alimentos envasados y servidos en restaurantes, solo un 11% procede de lo que nosotros añadimos.

 

Debemos entender el concepto de ‘valor diario’, que hace referencia a las cantidades recomendadas a partir de los 4 años. Como decíamos antes, en el caso del sodio, no debe superar los 2.400 miligramos al día. Cuando se encuentre con etiquetas que hablen de un porcentaje sobre este valor diario (con el símbolo %VD), lo que le están diciendo es, por ejemplo, que cada ración del producto contiene un 10% sobre el valor diario. El primer gran consejo es que elija el producto que tenga más bajo este valor de sodio. Un 5% es un porcentaje bajo, un 20% es alto. Recuerde que ese valor es por ración y el envase puede tener más de una, mucho ojo.

 

 
El peligro del azúcar

 

Recientemente, Estados Unidos empezó a buscar espacio en su legislación para el etiquetado de los alimentos que se ordenan en restaurantes, panaderías o heladerías. Y tienen su fundamento: han descubierto las toneladas de azúcar que puede comer una persona sin saber que se está devorando en silencio. Usted tiene derecho a saber qué es lo que le están dando a elegir. 

 

Muy pronto, en los alimentos encontraremos etiquetas parecidas a las que vemos en los paquetes de cigarrillos, esas que anuncian los riesgos para nuestra salud. Acaba de darse a conocer una noticia que debería escandalizarnos a todos. Así como las tabacaleras ocultaron que el cigarrillo podía matar a la gente, algunas empresas han sido descubiertas ocultando deliberadamente el lado amargo del azúcar: un nutriente que, en la dosis correcta, es imprescindible para nuestro cuerpo, pero que en exceso mata. 

 

Cada día llegan más evidencias científicas de que el azúcar es tóxico. Razón de más para que miremos con lupa en cada etiqueta cuánta azúcar estamos comiendo.  La necesidad diaria de azúcar de un hombre es de unos 35 gramos y la de una mujer, de 25. Una sola gaseosa tiene 65 gramos, eso son como 13 cucharadas o sobrecitos de azúcar. Un sobrecito de los que se le echan al café tiene 5 gramos. Hagan la cuenta.

 

 
El potasio y el hambre

 

El potasio no debe faltar nunca en los procesos de adelgazamiento ni en la dieta regular de una persona, de lo contrario una persona puede descompensarse. La creencia médica de que los niveles altos de potasio podían perjudicar al cuerpo no tenía fundamento. Se recomiendan 4.700 miligramos diarios para un adulto. Tener mucho sodio y poco potasio no favorece sino a la industria farmacéutica, que se encarga de elaborar drogas para la presión alta. Lo más saludable sería que fuera al revés.

 

¿Por qué es tan importante el potasio? Influye mucho en el control del hambre. Todo lo que comemos se convierte en glucosa, el azúcar de la sangre, y esa glucosa se acumula en el hígado, que es el órgano más grande que tenemos después de la piel. Este glucógeno es como una reserva, cuando no comemos, nuestro cuerpo empieza a consumir de esta reserva con el objetivo de convertirlo nuevamente en glucosa para quitarnos el hambre. 

 

¿Cuál es el problema de las personas que parecen tener hambre todo el tiempo? Sencillamente, les falta potasio. Al no consumir la dosis necesaria de potasio ya sea a través de los alimentos o de la ingesta de un suplemento, el cuerpo no puede generar el glucógeno necesario. La falta de potasio implica, por tanto, que el cuerpo tiene esa glucosa pero es incapaz de guardarla para evitar el hambre después. Esa persona estará con el hígado vacío de glucógeno y con sensación de hambre permanente. Con la dosis correcta de potasio, se pueden pasar horas sin comer sin que el azúcar baje ni dé la sensación de tener apetito. 

 

Las personas que, en la noche, tienen el deseo de comer un dulce, una galleta o algo parecido, manifiestan que sus niveles de potasio están bajos.

 

Foto: Istock

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