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Cuando ya no son un juego

Cuando ya no son un juego
No convertirlos en un enemigo sino enseñar a darles un buen uso es el secreto para que los niños y adolescentes disfruten de esta forma de entretenimiento sin caer en los excesos.

Es prácticamente inevitable que un niño o joven no se antoje de jugar cuando ve una consola de X-Box, Wii o Play Station. La industria de los videojuegos ha logrado conquistar a miles de personas alrededor del mundo gracias a la tecnología de los equipos y a las historias y calidad de los juegos que se parecen cada vez más a la realidad. ?

Al igual que sucedió en el pasado con la televisión o que pasa en esta época con el auge de las redes sociales, lo que aconsejan los expertos es evitar caer en el prohibicionismo y más bien preocuparse por acompañar a los hijos en estas actividades de esparcimiento que tanto los divierten. La pedagoga Mónica Pombo explica que para empezar no hay que satanizarlos y comprender que también tienen un lado positivo.?

“El uso ocasional de los videojuegos, por ejemplo, no sólo es inofensivo sino que a veces puede ayudar en algunos desórdenes psicológicos, porque generan mejoras significativas en la memoria espacial a corto plazo. El aprendizaje espacial y la concentración”. Además, es importante recordar que este es uno de los medios principales a través de los cuales los pequeños tienen acceso a la tecnología y la llegan a dominar.?

Sin embargo, esto no significa que si se abusa de ellos y se permite que los niños los utilicen durante largos periodos de tiempo no se vayan a generar efectos contraproducentes, empezando por la interferencia de las actividades cotidianas, un bajo rendimiento en el colegio y los problemas de socialización. Por eso hay que estar muy atento cuando los hijos se resisten a dejar el control, aduciendo que deben avanzar de nivel y hasta no lograrlo no pueden apagar la consola. ?

De acuerdo con estudios internacionales realizados por las principales marcas de videojuegos, más del 50% de los fanáticos prefieren aquellos relacionados con batallas, guerras y misiones que incluyen violencia; algunos los deportivos y muy pocos los educativos. Precisamente sobre estos últimos se han desarrollado ejemplos maravillosos como Remission, diseñado para niños con cáncer que deben ser sometidos a quimioterapia, y que consiste en que un hombrecito se mete al cuerpo humano y va matando enemigos (infecciones, células cancerígenas).

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