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París para dos

Pasajes secretos, calles empedradas, una boca de metro, pequeñas plazas, bancos públicos y jardines escondidos son todos lugares perfectos para dejarse llevar por un beso francés.

A lo largo del tiempo, París no ha parado de hacer correr tinta en el papel ni de figurar como decoración en las salas de cine ni de ser la musa de artistas, poetas, escritores y fotógrafos. París la Ciudad Luz, París la de los enamorados, la de las cigüeñas, París capital romántica y la de los 1.001 apodos. Es una ciudad que despierta pasiones, convirtiéndose ella misma en objeto de deseo. París.

enamora porque se transfigura en esa gran dama elegante de tacones altos, de mirada misteriosa, llena de rincones secretos que deja huella en quien la conoce. ¿Cómo no la van a llamar la ciudad del amor si eso es lo que destila? La manía de grandeza de los franceses, a veces tan equivocada, a veces tan certera, tiene toda razón de ser en cuanto a su capital se refiere. Grande puede ser un adjetivo pequeño para describir a esta ciudad.

Los encantos de París van mucho más allá de los grandes clásicos como la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, los Campos Elíseos o la Basílica del Sagrado Corazón. Empiece por recorrer algún trayecto del río Sena a pie, váyase al arrondissement (distrito)11 y recorra todo el Canal St. Martin, visite la Plaza del Muro del amor en el 18, justo a la salida de la boca del metro Abbesses, cruce el puente de los artistas (Pont des Artistes) y el Pont Neuf; visite el salón de la dama del unicornio en el Museo de la Edad Media, piérdase por los caminos del cementerio Père Lachaise y recorra el camino verde (La Promenade Plantée), que comienza en la Ópera de la Bastilla; y los amantes de los placeres culinarios no duden practicar sus tácticas de conquista en alguno de los restaurantes con vistas increíbles, como la del Café de l' Homme o Georges, arriba del museo Pompidou.

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