Pasar al contenido principal

Se encuentra usted aquí

La sabiduría de Margarita Rosa de Francisco

Por: 
Carlos Torres
La caleña tiene una voz que en sus columnas de opinión se siente como un rugido. A sus 52 años, no le interesa reinventarse.

Fotos: Will van der Vlugt, director/DP Caramel Pictures.

 

En la columna de opinión Lo cursi, encontré las palabras precisas para describir una sensación que tenía por dentro, que por pereza yo no había pensado. “Cuando una sociedad no ha traspasado el nivel estético de la cursilería, esta se manifiesta en todas las expresiones de la gente: formas de hablar, de comportarse, de vestirse o de pensarse a sí misma, siendo las artes las que más sufren, pues son las embajadoras de lo que pasa culturalmente con esa sociedad. Si ella es cursi, vibrará con estilos artísticos que también lo serán, precisamente por su altiva pretensión de tener el rango de las obras de arte”, se lee en el texto publicado en El Tiempo. No era una columna de opinión póstuma del académico Humberto Eco en un periódico dominical. La explicación por la que descarto a la mayoría de canciones, películas, cuentos y novelas producidas en Colombia me la dio una voz nueva, que ya sabía que existía, pero que nunca llegué a imaginar que pudiera tocarme de otra manera. 

 

La emoción de descubrir un columnista es comparable a la emoción de encontrar una serie de televisión completa de cabo a rabo, terminada, que no  deje esperando un fin de semana para el nuevo capítulo o más de medio año para el comienzo de temporada. Hallar esta versión de Margarita Rosa, desconocida para el que se había acostumbrado a verla en telenovelas y en realities, significó volver a comenzar con ella. Si para reflexionar sobre lo cursi (y lo cursi colombiano, que no es fácil) era brillante, amarillas y blancas imaginé sus luces sobre otras cuestiones, como ser mujer hoy, ser mujer sin hijos en un país con vocación maternal, ser mujer reconocida que tiene una página de opinión porque realmente incrusta una reflexión en el lector. Busqué en Internet el resto de sus textos y, desde entonces, cumplo la cita de cada quince días.  

 

4 de septiembre de 1984 

 

En su segunda portada en Cromos protagonizó un reportaje gráfico con descripciones breves y elocuentes de un desfile de premiación. “Margarita De Francisco, hija de Merceditas Baquero, es la nueva Modelo del año 1984. Nació en 1965, en Cali, una ciudad a la que representó espléndidamente en el concurso. Obtuvo un contrato por 300.000 pesos, un tiquete de ida y vuelta a la ciudad de Nueva York, con alojamiento en el Hotel Doral Inn, joyas de Sterling, ropa y zapatos”.  

 

Mes y medio después, Margarita de nuevo fue portada. Esta vez en traje de baño, con la piel blanca que contrastaba con el color de su mirada. Cromos la presentó como la candidata del Valle para el Concurso Nacional de Belleza: “Margarita es blanca, de ojos verdes y cabello castaño, y mide 1,74. Le encanta el color negro, hace gimnasia todos los días y su mayor cualidad es la de no avergonzarse por nada de lo que hace o piensa”.  

_MG_0440

 

 

“Menos mal, no todos piensan como yo”

 

Cada mujer debe resolver preguntas que marcarán su destino. La maternidad es una de las más recurrentes. Inicialmente se responde con un sí o un no, pero debajo de la respuesta suele haber un puñado de razones que alimentan un tema que fácilmente se convierte en debate. La decisión y la defensa de Margarita Rosa en la columna No tener hijos alimentaron el panorama. “No ha sido tan intelectual mi elección –le dice a Cromos–. Nunca, visceralmente, he sentido ese llamado (de la maternidad). Ni siquiera de chiquita fui buena jugando a la mamá, porque el juego estaba asociado con el servicio doméstico, la lavada de la ropita, planchar, cocinar, alimentar. Eso no me resultaba divertido como juego. Yo quería jugar a las señoritas, a la cantante, a la profesora. Ya más grandecita, tampoco me llamó la atención aquello tan arrogante de 'trascender', ni realizarme como mujer a costa de un hijo, ni el mandato social de seguir reproduciendo esta extraña especie que somos los seres humanos. Pero, menos mal, no todos piensan como yo, si no, no habría gente en este planeta”. 

 

Las dudas que no se resuelven tienen consecuencias imprevisibles. A sus 52 años, en su tribuna de opinión, Margarita Rosa analiza con humildad y madurez lo vivido. Sus posturas, que generalmente van en contravía de lo convencional, no son pretenciosas ni impostadas. Sus líneas tienen una verosimilitud que llena de confianza al lector, incluso si no está de acuerdo con su punto de vista. “Cada vez hay más mujeres queriendo contar su historia y sus verdades. Narrar la versión de nosotras es nuestro anhelo y, cada vez que una mujer rompe su silencio, está reescribiendo la historia que nos han obligado a leer. Yo hago lo que puedo desde mi profesión como actriz y también escribiendo en la prensa”. 

 

Otra portada en Cromos

  
En abril de 1997, la coyuntura fue el lanzamiento de su disco musical. En la mitad de la entrevista, la periodista Olga Viviana Guerrero le preguntó “¿Qué es lo que más se cuestiona?”, a lo que la cantante, entonces de 31 años, respondió: “Me cuestiono cosas que no tienen ninguna utilidad. A mí en todo me va perfecto y la gente piensa que mi vida es regia. Pero vivo haciéndome preguntas que no me llevan a ninguna parte. Me pregunto por el perfeccionismo, ¿por qué yo seré…? ¿Por qué yo estaré…? Me he pasado gran parte de la vida haciéndome las preguntas inútiles de un adolescente”.  

 

Réplicas de una voz

  
Sus columnas nacen y mueren en el mismo teclado de computador con el que escribió El hombre del teléfono, una novela en primera persona que tiene un pie en la ficción y otro en la realidad. “Aprovecho para agradecerle al director Roberto Pombo haberme invitado a escribir en El Tiempo. Dada su periodicidad, tengo espacio suficiente para cumplir con todo el ritual que me gusta seguir. Una vez tengo la idea, escribo el borrador espontáneamente, sin fijarme casi en la redacción, como en una especie de asociación libre. Luego, viene mi parte preferida, que es editarla, quitarle los adornos y dejar la idea lo más limpia posible”.  

 

Sus consideraciones han levantado ampollas. Algunas acumulan más de 22.000 compartidos. Cada una es un ejercicio de argumentación en menos de cinco párrafos, principalmente en temas profundos como el embarazo, el amor y la existencia de Dios. “Así como buscó la clínica para asesinar a su hijo, para aparentar en la sociedad ser una dama decente y señorita, por qué no fue a una farmacia y se compró una docena de condones, porque plata tenía y tiene, la justicia divina, eso que usted llama misoginia, es la que le espera al criminal al momento de morir”, comentó un usuario en la columna ¿Abortos? 

 

_MG_0060-rev-BW

 

Las respuestas de los lectores se apilan debajo del punto final, quizás esperando a ser respondidas por otro forista o, en el mejor de los casos, por la autora. “Las opiniones son valiosas para mí. No soy muy apegada a mis ideas, estoy consciente de que mi mundo es limitado. Me obligan a considerar otros lados que yo no había visto sobre el mismo tema. En las redes puede haber basura, pero yo leo comentarios no tan favorables que me han ayudado a reflexionar mucho más”. 

 

Convicciones que viajan en el tiempo 

 

Las preguntas que solía plantearse a finales de los noventa nunca fueron inútiles. Quizás de ellas nacieron un montón de pensamientos que permanecieron bajo llave durante largo rato. En otra entrevista para Cromos, en el 2010, la caleña afirmó: “Si tuviera la posibilidad de elegir y volver a este planeta como un ser humano lo dudaría, no me ha convencido del todo. Como especie no me parece tan chévere, no me gusta lo contradictorio que es. En el ser humano no reencarnaría, tal vez si hubiera otro tipo de ser, otro tipo de cosa en otro planeta, pero en seres que no tuvieran esa dualidad tan terrible y esa angustia en la que se mantiene el ser humano”. El 31 de agosto del 2016 publicó No tener hijos, columna en la que desarrolla lo que ya había dicho en Cromos: “No soy una admiradora fiel de la raza humana, no creo que seamos la última maravilla, y quizás por esa temprana desilusión no floreció en mí el anhelo por multiplicarla. No me entusiasmó ver repetidos mis genes en una criatura para trascender y conseguir ser un poquito más inmortal o vacunarme contra el olvido”. 

 

Como modelo, Señorita Valle, actriz, presentadora de noticias y de realities ha sufrido los estereotipos machistas. Las reinas de belleza son brutas, las mujeres sin hijos son incompletas, las mujeres de la farándula son superficiales, clichés que en definitiva no la reducen a ella sino a todas las mujeres. “La conciencia de género es importante en la medida que cada persona lo necesite. Estoy convencida de que ese tema en un futuro muy lejano ya no tendrá relevancia, porque el género está abarcando lugares más diversos y ambiguos que una simple identidad como hombre o mujer. Siendo chiquita yo empecé a sentirme mujer porque quería ser igualita a mi mamá”.
 
 

_MG_0142

 

Su presente en Estados Unidos 

 

Sus días en Miami y sus días en Cali tienen algo en común. Hubo una vida anónima antes del empalagoso reconocimiento. De su primera portada en Cromos al 2017 han transcurrido más de tres décadas; Margarita Rosa hoy tiene 52 años, lo que da como resultado una existencia expuesta a los medios de comunicación. “Ahora, más que nunca, disfruto esa libertad que hay en el anonimato, me siento cómoda caminando por lugares donde nadie se fija en mí. Me gusta el silencio, cada vez soporto menos el ruido, la gritería, incluso necesito descansar de la música, a veces ansío no oír nada. Gozo cuando me quedo sola en la casa porque leo y escribo con gusto. Pero acepto que es refrescante salir del aislamiento, de vez en cuando”.  

 

Ahora, en esta versión suya parece que la escritura siempre hubiera sido su refugio. Sin embargo, en la actividad física siempre ha metido la cabeza. “Hago ejercicio porque soy físicamente adicta a él. Creo que ya ni siquiera lo hago para mantenerme joven ni atlética, sino porque me lo pide mi organismo. El ejercicio físico combinado con una alimentación adecuada es una de las mejores vacunas contra cualquier enfermedad, incluyendo la ansiedad y la depresión. Yo entreno todos los días hasta que mi cuerpo me pide descanso. Ahí también le hago caso, pero no por más de un día”. 

 

El 25 de mayo publicó Joven y bella, una reflexión brillante sobre el inevitable paso del tiempo. “No pensé que hacerme mayor me produciría tanto alivio. Esa es la palabra exacta, alivio. Ser joven y bella no fue suficiente para sentirme feliz conmigo misma. No veía la hora de que todo ese esfuerzo por mantener una imagen fresca ya no fuera necesario y pudiera, de una vez por todas, dedicarme a envejecer con pasión…”. Una columna de opinión se puede ampliar en una entrevista. Al explayarse, su talento se vuelve inabarcable.  En el bolsillo tiene las palabras precisas para describir una sensación que cualquier interlocutor tiene por dentro, que ella, Margarita Rosa, materializa con sabiduría: “La juventud es un estado de ansiedad constante, esas ganas insoportables de comerse el mundo sin saber exactamente para qué, esa necesidad de ‘estar donde no estoy’ que lo mantiene a uno dando vueltas en redondo. La madurez, en cambio, es probablemente ese punto en que las preguntas de la juventud no se han resuelto pero ya no existe más el afán por contestarlas. Yo estoy muy contenta haciéndome mayor, lo estoy disfrutando, mucho más que mi juventud. No me interesa defender mi estado de vitalidad diciendo que me siento joven por dentro. La verdad, me siento más vieja, solo que más en paz”. 

***

 

 

 

_MG_02871

 

¿Tras la publicación de la columna ¿Abortos?, recibió la crítica esperada o, al contrario, le sorprendió la recepción? 
Fue recibida como lo esperaba, con mucha resistencia. Sin embargo, me atrevo a decir que la sociedad está cambiando, hubo personas que aunque no estaban de acuerdo, expresaron con admirable respeto y solidez la posición contraria.  

 

Ha sido periodista, ha escrito libros, estuvo en el Desafío, es actriz. ¿Qué le falta por hacer? ¿Cómo se reinventa? 
No me gusta esa palabra tan de moda, “reinventarse”. No tengo la intención de volverme a hacer ni de demostrar que sigo vigente. Mi proyecto de vida es muy sencillo, quizás aburrido para estos tiempos movidos, porque no incluye grandes causas ni creaciones.   

 

¿Cuál es su lado más conservador? 
Duermo en pijama y no soy de las que anda desnuda por la casa, ni siquiera cuando estoy sola. ¡Me gusta estar vestida! 

 

¿Qué reflexión le dejó haber participado en el reinado de belleza de 1984? 
Que fue un juego, a veces entretenido, otras no tanto. Hay que atreverse a mirar los símbolos de los que se nutre un reinado de belleza y ser conscientes de la imagen de mujer que se reparte en un evento así. 

 

Después de haber vivido su vida, ¿qué sabor le queda en el paladar? 
Me hago muchas veces la pregunta de qué hubiera pasado si hubiera tomado decisiones distintas. Pero el sabor que tengo ahora, de todos modos, es agradable. 

Leer mas: 

Leer más

Publicidad