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Kylie Bisutti, un ángel de Victoria's Secret que colgó las alas

Por: 
Redacción Cromos
Kylie Bisutti, un ángel de Victoria's Secret que colgó las alas
Llegó a la cumbre de su carrera como ángel de Victoria's Secret, pero no logró que la fama se reconciliara con sus creencias cristianas.

“Mi cuerpo solo deber ser para mi esposo, es una cosa sagrada”. Con esas palabras, Kylie Bisutti explicó la razón que la llevó a apartarse de la carrera de modelaje que había anhelado toda su vida.

 

El reconocimiento mundial había llegado para ella en 2009, después de ser elegida entre 10.000 modelos participantes en el concurso para desfilar en los ángeles de Victoria's Secret, al lado de figuras como Heidi Klum, Rosie Huntington y Miranda Kerr.

 

Una pasarela con la que llegaba la fama, pero también un fuerte conflicto con su fe: “soy cristiana, leo la biblia y cada vez me convenzo más de ella, es muy difícil entrar en esta industria sin hacer cosas que no quieres hacer”, reveló a la edición británica de la revista Vogue.

 

Originaria de Las Vegas, Kylie Ludlow –su nombre de pila– partió a Nueva York a los quince años en busca del sueño de convertirse en modelo profesional. Allí descubrió las realidades de un mundo que resultó no ser tan glamuroso como lo imaginaba. Como confiesa en su libro No soy un ángel, su dieta se restringía a sandía, piña y agua para no sobrepasar las 108 libras de peso, el máximo que su espigado cuerpo de 1,78 metros podría tener para estar dentro del circuito.

 

Pero las exigencias iban más allá: “A los ángeles de Victoria's Secret no se les permite hablar de sus relaciones, a menos que estén casadas con celebridades, como en el caso de Miranda Kerr con su esposo Orlando Bloom”. Al igual que sus compañeras, Bisutti tenía que ser coqueta y fingir que era soltera, aunque en el fondo no pensara en más que refrendar los votos matrimoniales con su esposo Nick.

 

Pero el punto de quiebre llegó meses después en una sesión fotográfica para la revista de hombres FHM. Durante las tomas, uno de los fotógrafos le pidió una pose en topless muy sugestiva. Un llamado que cayó sobre ella como una revelación: “Me estaban pagando para desnudarme y posar provocativamente para excitar a los hombres (…) no se trataba de modelar ropa: me sentí como un pedazo de carne”.

 

Kylie entró en crisis y decidió recogerse en su fe: “Estaba en mi cuarto, me arrodillé y empecé a orar”. Al día siguiente le dio un giro definitivo a su vida: no volvería a modelar lencería.

 

A sus 23 años, Kylie ahora vive con su esposo Mike en un apacible pueblo en Big Fork, Montana. Ambos son voluntarios de la iglesia cristiana, donde Kylie, otrora modelo, ahora pregona su mensaje: “La belleza no está en cómo tu luces, sino en lo que está en tu corazón”.

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