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"Mi trabajo es decir sí a todo lo que me pidan" Paulina Vega

Por: 
Jairo Dueñas
"Mi trabajo es decir sí a todo lo que me pidan" Paulina Vega
Antes de su viaje, esta mujer espontánea de 22 años nos recibió en NY, en el apartamento que Donald Trump dispone para las misses ganadoras de los tres reinados que tiene los derechos. Condenada al éxito por un año entero.

Regresó a casa para festejar con los colombianos su triunfo como Miss Universo. Una gran celebración si se tiene en cuenta que tuvieron que pasar 57 años para que Paulina emulara lo que hizo Luz Marina Zuluaga en 1958.

En 2014, cuando no era la mujer más bella del planeta sino apenas nuestra señorita Colombia, me entró una llamada de su mamá porque su hija, Paulina, había olvidado algo importantísimo y quería, -aprovechando que yo viajaba un día después-, que se lo llevara urgente hasta donde estábamos haciendo las fotos del MiniCromos, en Santander. 

A mi casa llegó un pequeño morral gris con amarillo que no me atreví a abrir. No pesaba mucho. Se lo llevé hasta un pequeño hotel boutique en Curití, rodeado de cultivos de tabaco. 

Tan pronto lo recibió, lo abrió y, muerta de la risa, me mostró su contenido. Su gran secreto. El encargo eran unas gafas con lentes como culos de botella, las infaltables en su mesita de noche, cuando se quita los lentes de contacto y se convierte en una versión barranquillera de Betty la fea. ¡No ve nada! Sus ojos le sirven más para verse bella que para ver. 

Ahora la sigo por un corredor iluminado en un edificio en Nueva York, con franjas verticales verdes claras y oscuras en sus paredes. La sigo sobre un tapete color pino de laberintos diminutos. La sigo concentrado en la faena como un toro detrás de su falda muy forrada de un rojo de fiesta brava. La sigo encantado de ir tras el andar fresco de una mujer de curramba. 

Su piso en realidad es el 13. Aunque lo disfracen de 14, el de más abajo es apenas el 12. Detrás de esta puerta verde vive hace más de tres meses, desde que fue coronada como Miss Universo. Comparte apartamento con Miss USA y Miss Teen. 

 

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El lobby del edificio, con sus  pisos de mármol, paredes empapeladas, candelabros de ángeles, cuadros antiguos y conserje atildado, no es el camino habitual de Paulina. Ella prefiere el atajo de la puerta de servicio, más cerca de la oficina de Miss Universo que queda al otro lado de la calle. Por ahí entramos directo a un ascensor igual de discreto.

Ya dentro de su nueva casa, la sensación es que los muebles cayeron del cielo como revueltos por alguna tormenta. Nada está en su lugar, salvo unas orquídeas de punto salmón con hojas color de té, frente a un espejo viejo, y un libro impecablemente blanco de “Tiffany Pearls”,  en la misma repisa de la caja de pañuelos desechables y el teléfono inalámbrico. De resto es un encuentro de cosas mezcladas al azar. 

En el centro de la sala hay un puf grande de cuero oscuro, rodeado por un sofá paquidérmico echado en ele, camuflado en beige y verde, sobre un tapete estridente de grandes figuras geométricas negras, grises, rojas, verdes y terracotas. Un sillón crema se suma a la confusión de estilos y yace relegado en un rincón. Al fondo, sobre una ventana que muestra más ventanas de Manhattan, dos mesitas empinadas de vidrio con patas de plata, una debajo de la otra, separan dos sillones cafés, con sendos cojines blancos y ensortijados como dos nubes cargadas de lana. 

Por ningún lado se ve un cuadro, sólo un televisor se agarra de la pared justo encima de un equipo de sonido negro. Mientras hago mi inventario, en  el pequeño comedor con una ventanita que muestra media pincelada del Central Park, maquillan y peinan a mi anfitriona para comenzar la sesión fotográfica antes de la entrevista.

 

Sola y con corona

 

¿Se come las uñas, sufre de insomnio, tiene el pie plano? Cuéntenos un defecto suyo para no creer que su vida es perfecta.

Todo eso que dijiste es verdad.

¿Todo?

No mentiras, no tengo el pie plano, pero sufro de insomnio, me como las uñas, soy ciega –se podría decir-, como mal, duermo poco, tengo mala postura, sufro de soledad. (Sonríe).

¿En este apartamento quién hace mercado?

Lo hace una persona que trabaja para Miss Universo, esa es una de las cosas buenas. Tenemos un tablero en la cocina y anotamos todo lo que se nos ocurra y lo traen... menos, obviamente, arepa de huevo y butifarra, pero cualquier cosa que tengan acá en Estados Unidos me la traen.

¿Y qué es lo que más pide?

Cereal, bananos, huevos, raviolis, que es lo que más me gusta comer, y ya. Como lo mismo todos los días, porque nos toca cocinar a nosotras y nos toca hacer todo solas, lavar platos y todas esas cosas, entonces trato de no complicarme.

¿Y cómo va con la cocina? 

Mal, voy muy mal. Pero ahí voy, a paso lento pero seguro.

¿Pero asiste a cursos de culinaria?

No, yo sola. Llamo a mi mamá por Skype o por teléfono y ella me dice: “Haz esto, pones aceite, pones mantequilla…” , y ahí voy aprendiendo.

¿Cuánto lleva en este apartamento?

Casi tres meses. Entré por primera vez como a las 10 de la noche, y lo primero que hice fue pedir pizza, conocí a mi roommate, Nía Sánchez, que es la virreina con la que me agarré de las manos, siempre nos reímos de esa historia, es mucha la casualidad que terminamos viviendo juntas.

¿Qué le gustó, a primera vista, al entrar a este apartamento?

Yo creo que la cocina, porque uno mira por la ventana y se alcanza a ver el Central Park, uno de mis lugares preferidos. Cuando llegue el verano me la voy a pasar allá.

¿Ha puesto algo suyo en este apartamento?

No, no he puesto nada. Estoy tratando de decorar el cuarto que estaba muy muerto, y ya le estoy poniendo flores y cosas. 

¿Y algún mueble?

No, ya todo estaba amoblado.  Ya tenía todo, la cama lista, todas esas cosas, pero yo le estoy poniendo libros, los que me quiero leer.

¿Qué libros quiere leer?

Un libro que me dio mi papá de Gabriel García Márquez que se llama Yo no vengo a dar un discurso. Más otros cinco que también me mandó  y que no los he empezado.

¿Todos de Gabo?

No, no todos de Gabo. Hay otro de Fernando Savater que habla de los mandamientos… Tampoco es que tenga tanto tiempo para leer, y pienso que si me voy a poner a leer también me tengo que informar sobre el VIH, que es la primera campaña que tiene Miss Universo.

La gran enseñanza de los tres meses que lleva viviendo en Nueva York…

Ahora estoy valorando más la ayuda que tenía en Colombia. Creo que lo tenía muy fácil y creo que al vivir acá sola, y al hacer todo yo sola, esta nueva vida me ha enseñado que uno tiene que hacer muchísimos sacrificios para lograr lo que uno quiere a largo plazo. 

Acá muy sola y allá en Colombia muy acompañada.

Exacto, es que allá tenía todo: a mi familia, a muchísimas personas, acá estoy sola en una ciudad como Nueva York. No tenemos tiempo para hacer amigos, para conocer a nuevas personas, ni siquiera en los eventos, porque hay entrevistas y entrevistas, fotos y más fotos. Es vivir para el trabajo. Por ejemplo, todos en la oficina pueden entrar a mi casa, coger mi celular, eso es no tener privacidad.

 

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“Mis pies no me gustan”

 

¿A la Miss Universo la pueden abrazar? 

Si, acá si me pueden abrazar. No hay problema, pero mira que los guardaespaldas son como mis papás, ellos me tratan como a una hija, entonces les da más rabia cuando me abrazan que a mí, y siempre están esperando una señal mía para quitarme alguna mano o algún brazo, pero no ha pasado nada malo hasta ahora.

¿Cómo funciona cualquier desplazamiento suyo, cuánta gente va detrás suyo?

Depende. Entre más gente latina esté presente en los eventos, más seguridad y más compañía me ponen porque se han dado cuenta de que son más alborotados y la gente se enloquece un poquito. Entonces, a veces viajo con un guardaespaldas, otras veces con cuatro, depende de cómo sea el ambiente. Siempre estoy, mínimo, con cinco personas, todos tienen la llave de mi cuarto, no me puedo encerrar sola en el hotel, todos están conmigo, tengo que estar cerca.

¿Qué pasa con el público latino?

Rompen protocolo, se acercan para la foto, a veces me halan, entonces como que los guardaespaldas se asustan un poquito. Yo sé que todo va a estar bien pero ellos se asustan y yo los entiendo.

¿Su parte del cuerpo de la que está más orgullosa?

El abdomen, no es que esté orgullosa, estoy satisfecha, porque es la única parte que así coma terriblemente no cambia.

Su parte del cuerpo que más sufre.

Mis pies, y la que menos me gusta también, mire mis tobillos (alza su pie descalzo y me lo muestra). ¡Calzo nueve!

¿Y todo el tiempo en tacones?

Sí, totalmente. Pero más bajitos afortunadamente. En Colombia usaba tacones muy altos, de 12 centímetros, y acá les gustan los tacones muchísimo más bajitos, como de cinco o seis centímetros, pero solamente cuando estoy en eventos, porque de resto estoy en tenis, en Converse, con saco de capucha, lentes y mi mochila, relajadísima.

¿Anda con chaperona?

Si, aquí le dicen mánager. Es más que chaperona. Ella decide qué hago y qué no hago. Cuadra toda mi agenda. Ella es Esther Swan y es como mi nueva mamá, es con la que más me la paso.

¿Cuáles son los deberes de una Miss Universo?

Las tareas esenciales: apoyar todas las fundaciones que tengan que ver con el VIH y la comunidad latina aquí en Nueva York. Tengo que ser la vocera de esta causa, promocionar todas las marcas y todos los patrocinadores que tiene Miss Universo y simplemente mi trabajo es decirle sí a todo lo que ellos me pidan.

Tres trabajos de esta semana.

Sesiones de fotos para She, que son unos vestidos de baño; productos de pelo y de maquillaje. Hace poquito estuvimos en Europa para lanzar la línea Miss Universe by She, que es una línea mía. En eso nos la pasamos, en desfiles de moda, viajes, eventos donde necesitan mi presencia para recaudar fondos o eventos que queremos apoyar. Obviamente, el trato económico a veces varía.

¿Siempre hay un trato económico?

No siempre, a veces voy porque simplemente queremos apoyar la causa.

 

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Los ojos de Donald Trump

 

Después del triunfo, en la primera reunión con Donald Trump, ¿de qué hablaron?

Lo primero que hice con la gente de la organización fue visitar sus oficinas, y me lo presentaron formalmente. Ya lo conocía porque durante el reinado él nos caía de sorpresa a los ensayos, entonces, obviamente, uno se presenta para que tenga el nombre de tu país presente. Pero lo primero que hice fue ir a su oficina, nos tomamos una foto, me preguntó qué me parecían las candidatas que habían entrado y no habían entrado al top. Me hizo un tour por toda la oficina, donde tiene mil fotos, premios y trofeos. Me presentó a sus hijos, a su hija Ivanka, me compró una cartera, tengo mil regalos que me compró ese día, y desde ese momento ya nos hemos visto como cuatro o cinco veces más. Para cada evento que él tiene siempre me llama y me invita a decir unas palabras, no entiendo por qué. Y yo sin saber de golf, sin saber en las cosas que él anda exactamente, siempre me pone a decir como un medio discurso ahí rápido.

¿Trump es su jefe?

Es mi jefe total.

¿Buen jefe?

Excelente, es bien exigente, y se fija en cosas que nadie nota. Una vez tenía la banda sucia, era un puntico de café, un puntico de nada en la banda...¡Y se dio cuenta! Tiene los ojos puestos en todo.

¿Cuántas horas duerme una Miss Universo?

Mmmm, el problema no es cuántas horas duerme una Miss Universo, sino cuantas horas duerme Paulina. Soy una persona muy nocturna. Puedo tener algo importantísimo muy temprano al siguiente día  y, sin embargo, me acuesto tarde.

¿Tarde es qué?

Tarde es 2:00 o 3:00 de la mañana. Me dicen 12 de la noche y eso es temprano para mí. Desde pequeña tengo un problema con los horarios.

¿Y en Nueva York?

Es cada vez peor, y como oscurece tarde, se me alarga todo lo que hago.

Un personaje que haya conocido recientemente en su condición de Miss Universo.

¡Ay! ¿Cuál será?  He conocido a muchísimos actores, pero soy mala con los nombres, conocí al actor de E.T., que es como de tu generación (suelta una carcajada). Pero hay una serie que me gusta muchísimo que se llama Scandal, no sé si la has visto, ¡buenísima! Conocí al actor que hace de presidente de Estados Unidos, que no sé cómo se llama…

Tony Goldwyn, que interpreta a Fitzgerald Grant.

Me encanta y casi me muero, íbamos a hacer la misma entrevista y ahí lo conocí en un programa que se llama Kelly and Michael. Él la tuvo antes y después yo.

¿Y qué  hablaron? 

No nada. Yo le dije que me encantaba la serie, obviamente es algo que todo el mundo le dirá, y ya.

¿A veces no se despierta pensando que todo esto que vive es un sueño?

Sí, hay muchísimas situaciones en las que es muy notable la locura de tener este título. A veces es muy abrumador y digo: “¡Dios mío, es que yo soy la nueva Miss Universo!”.  Y me queda un año más, el otro año tengo que venir, porque uno de los premios de Miss Universo es una beca en la New York Film Academy. Así las cosas, Nueva York es mi nueva ciudad y mi nuevo hogar, donde tengo a mi nueva familia, donde tengo que hacer mis nuevos amigos.

Su nueva familia, el equipo de Miss Universo que nunca la desampara, ¿quiénes son?

Uy, trabajan casi 30 personas. Están la presidenta y el vicepresidente. A cada evento que voy, a cada viaje, está mi mánager, las diferente chaperonas, las personas que se encargan de todos los medios de comunicación, de las redes sociales, los guardaespaldas y los conductores.

¿Las chaperonas de acá son tan estrictas como las de Colombia?

Para algunas cosas sí, para otras no. Su trabajo es molestar por muchísimas cosas, y a veces exageradamente, pero eso es lo que hace que todo funcione.

¿En qué son demasiado exigentes?

La puntualidad es extremadamente importante, que me tome esto como lo que es, como un trabajo.

¿Y en qué son más relajadas que las chaperonas de Colombia?

Mmmm, que me puedo vestir como quiera, puedo andar sin maquillaje, puedo tener muchísimo menos tiempo la banda, en Colombia tenía que tenerla puesta todo el tiempo, acá me la quito, me la pongo, a veces nunca la uso en un evento.

 

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¡Una cosa de locos!

 

¿Qué tal la correspondencia? ¿Le escriben mucho? 

En la oficina tengo un mail y trato de leer todo con calma porque me llegan muchísimas cartas de Alemania, de Rusia, gente de Francia, otras culturas totalmente distintas, no solamente latinos, que están pendientes de todo lo que hago. Me llegan fotos para que firme, gente fanática de los reinados que me dice un pocotón de cosas como si fuéramos los mejores amigos y me conocieran de toda la vida. 

 ¿Y qué le preguntan?

Que cuándo voy a visitar sus países, eso siempre me lo preguntan. Pero eso sí no lo sé. Yo no sé casi ni lo que voy a hacer la semana entrante, lo sabe más la organización que yo. A veces solo sé hasta el día anterior lo que voy a hacer la mañana siguiente. Tengo que tener una maleta lista para viajar, tengo que estar ready to go como dicen. 

Hoy que es Miss Universo, ¿era como se lo imaginaba?

De todo lo que asumo en la vida, siempre averiguo muchísimo y me trato de enterar lo más que pueda, pero lo que sí sé es que superó totalmente mis expectativas y fue mucho más de lo que pensé. Hay muchísima gente joven trabajando en Miss Universo. Me dejan ser yo completamente, me dejan vestirme como quiera, me dejan comportarme y decir lo que yo de verdad pienso. Yo pensaba que iba a ser muchísimo más limitado en eso, pero acá me tienen sin límites.

Confiéseme un lujo de Miss Universo.

Todos los días recibo cosas. Bueno, hoy me regalaron un vestido. Ayer un vestido de una diseñadora de acá famosísima, que se me olvida el nombre y una caja de maquillaje. Antier un tiquete a no sé dónde, y así, en general es una vida de lujos por un año.

Algo que tuvo que dejar en el instante en que se consagró como la mujer más hermosa. ¿Es cierto que lo primero que le quitaron fue su celular?

Yo gané, fui directo a mi nuevo cuarto en el hotel por esa noche, y en seguida mi mánager, Esther, me dio mi celular de trabajo, y me dijo que debería tenerlo siempre. Ellos me lo pueden coger cuando quiera, entonces tampoco puedo tener mis cosas personales en él, solamente fotos y contactos relacionados con el trabajo.

¿Y su celular? ¿Qué pasó?

¿El mío? Quedó en el olvido.

Algún hábito que cambió de manera drástica desde que es Miss Universo. 

Siempre iba al gimnasio y ahora si quiero ir al gimnasio tengo que pegarme un madrugón que pocas veces me lo pego. Cuando estoy aquí en Nueva York sí puedo seguir con mis cosas, pero cuando estoy en eventos me tengo que olvidar de todo, y de todo es de todo. A veces no tengo tiempo ni para almorzar, desayunar o ni para comer.

¿Cuántos eventos puede haber en un día loco?

Cinco, seis, es un corre-corre impresionante. 

¿Y en ese corre-corre qué es lo más complicado? 

¡Comer! O sea, es una deshidratación extrema, me estoy muriendo del hambre, me duelen los pies, llego muerta a la casa, pero bueno, para eso me metí en esto.

¿Cuántas entrevistas puede hacer en un día?

En un día he logrado hacer más de treinta entrevistas. A veces me han tocado rondas solamente de entrevistas por radio, entonces en una llamada me pasan de una radio a otra, a otra, a otra… A veces son dos horas y media sin parar. Es una cosa de locos.

En sus interminables entrevistas, ¿cuál es la pregunta que siempre le hacen? 

Mmmm, que ¿qué sentí cuando gané? Y eso es algo que ni siquiera puedo describir, es un momento que pasa en segundos.  A mí me pusieron la corona y enseguida me cogieron cinco personas que yo no me acuerdo quiénes eran, me llevaron a un cuarto que tengo borrado, no  recuerdo qué me preguntaron. Me subieron en un carro, me entrevistaron, se regaba la champaña… O sea, todo pasa tan rápido y me hacen esa pregunta tantas veces que yo ya ni sé qué inventar... Digo que estaba feliz, triste, emocionada, en shock.

¿De la paz de Colombia también le han preguntado?

Sí, a veces a los periodistas les da por hacerse los intelectuales y me piden respuestas que ni ellos tienen, pero sí, hay ocasiones que me preguntan muchísimas cosas de Colombia, cosas relacionadas con el Sida y mi país, me preguntan muchísimo si es posible que lidere causas sociales o ayudar a fundaciones en Colombia, pero es algo que no depende de mí, no está en mis manos hablar de ese tema.

¿Y cree que puede aportar a la paz desde su posición?

No pienso que exactamente a la paz, pero sí pienso que puedo ayudar a cambiar la imagen que tiene Colombia ante el mundo, ya se han logrado muchísimas cosas pero todavía quedan muchas por lograr. Y en eso sí puedo aportar, porque cada vez que voy a una entrevista, la gente se entera de que la Miss Universo es de Colombia, entonces cada vez más personas se van dando cuenta de las cosas buenas que tiene Colombia.

¿Hay todavía preguntas incómodas sobre Colombia? 

Si, muchísimo, la gente me sigue diciendo: “Colombia es igual a cirugías plásticas, Colombia es igual a droga, Colombia es igual a prostitución”, y en ciertas zonas del país sí es así, pero en general las cosas están cambiando. Sin embargo, la gente sigue con esa perspectiva del pasado. Es que a veces ni siquiera me preguntan, solamente lanzan el comentario.

 

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Miss Universo con gafas

 

¿Cuál cree que fue la clave de tu triunfo? 

Que no me lo tomé muy en serio. Cuando me equivocaba me reía y ya. Simple. Hoy en día la gente está valorando más la autenticidad que un disfraz. No tuve miedo de asumir mis errores y mis defectos, y creo que eso le gustó al jurado. Con algunos tuve la oportunidad de hablar después de que gané y me dijeron: ‘es que entraste con una sonrisa de verdad natural, auténtica, espontánea y se notaba que eras tú’. 

¿Lidiar con tantos hermanos entra en la fórmula ganadora? 

¡Obvio! Somos cinco mujeres y tres hombres, yo estoy en la mitad, la peor posición. He aprendido a ser una mujer muy tolerante y a no dejarme llevar por las emociones. Tengo una hermana un año menor que yo, Valeria, y siempre nos peleábamos por la ropa y por la compartida del cuarto. Y en Miss Universo nos tocaba compartir cuarto y a las europeas las ponen con las europeas, y a las latinas con latinas y así, obviamente, a mí me tocó con las latinas que son las más jodoncitas, no se me ocurre otra palabra. Son las que más quieren ganar, entonces algunas son menos amigables. Y uno tiene que guardar la compostura y ser tolerante. Me acordaba de mi hermana menor, y decía: “Paulina, cálmate”.

Hoy el mundo quiere verla, recibirla, celebrarla, ¿cómo es su itinerario este año? ¿Cuántos países tiene pensado visitar?

Bueno, llevo tres meses y ya he visitado cinco países, Canadá, Italia, Francia, Indonesia y Chile,  pero la Miss Universo del año pasado visitó 16 países. Espero superar ese número.

De las reinas que compitieron con usted ¿a cuál veía como la gran competidora a vencer? ¿Jamaica?

No, España me parecía muy fuerte. Estaba en la jugada, era superlinda, tenía personalidad y sabía lo que quería. Al final no terminó en el top 5, lo cual fue una sorpresa para muchos. Ella, Desiré Cordero, cuando nos estábamos maquillando para la final, porque escogimos al mismo maquillador,  a un colombiano, por cierto, me dijo: “tú y yo vamos a quedar agarradas de las manos esta noche”. 

Al final, después de todo, cuando las otras candidatas me felicitaban, ella me miró de lejos y me hizo un gesto de “no pasó como pensaba”.

¿Cuánto lleva sin ir a Colombia? 

Casi cinco meses.

¿Y qué es lo primero que va a hacer cuando vaya? 

¡Uy! Comer comida colombiana, estar con mis amigos, estar con mi familia, irme de paseo, relajarme un poquito, olvidarme del celular, no responder mails, estar con mis papás, estar con todas las personas que me apoyaron desde el principio y que me hicieron barra en Miami sin nada a cambio.

¿El plato que sueña comerse?

Son muchísimos, de pronto una posta cartagenera con arroz de coco y buena ensalada.

 

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¿Qué es lo que hace que Barranquilla tenga mujeres como usted? 

El ser costeño, como que no nos da pena ser auténticos, por ejemplo, Sofía Vergara y Shakira confiaron en lo que ellas tenían para el mundo, y eso fue lo que yo también me creí.

Después de la corona de Miss Universo, ¿qué le gustaría hacer? ¿Sigue con las ganas de ser actriz?

¡Yo nunca he dicho que quiero ser actriz!  Hay unas entrevistas que dicen unas cosas absurdas. A mí me gusta la actuación y me gustan muchísimas poses del mundo del entretenimiento, pero no sé exactamente qué voy a hacer. Además, me toca prepararme y aprender porque yo no voy a salir a actuar sin saber actuar, hay muchísimas cosas que tengo que aprender primero. Quiero seguir con mi carrera que es administración de empresas, no sé si en Colombia, no sé si acá en Nueva York, o en alguna parte de Estados Unidos.

¿Es cierto lo que decía una entrevista suya que antes de los 30 tenía que estar casada y con hijos?

Todo lo contrario, yo digo que después de los 30,  hasta lo que mi cuerpo me dé para tener hijos, ahí los voy a tener, yo no tengo afán de nada, ni de casarme ni de tener hijos, sí lo voy a hacer pero todavía faltan por ahí 10 años. 

Pareciera que a Miss Universo no le hace falta nada, pero siempre algo falta...

Me hace falta un televisor en mi cuarto.

¿No tiene?

Sí tengo, pero es muy chiquito y yo soy ciega.  Nunca puedo ver las películas y las series que me gustan, pero bueno…

¡Un televisor más grande! ¡Señor Trump! 

Si, le voy a decir a Trump… No creo que le duela mucho un televisor más grande a Trump (sonríe).

¿Qué tan ciega es?

Mis ojos están muy mal. He estado en eventos al punto de un ataque de pánico, porque si me quito los lentes ya no puedo hacer nada, me vuelvo inútil, me ha tocado sufrir un poquito.

¿Sin lentes qué tanto puede ver?

¡Nada! Literalmente, nada. No te alcanzaría a ver, soy totalmente ciega.

¿Miopía? 

Y astigmatismo también, tengo 7 dioptrías.

La Miss Universo con gafas.

¿Con gafas y banda? De pronto imponga esa nueva moda, y así el otro año todas las candidatas empiecen a usar gafas.

¿¡Pero con esos culos de botella!?

Así son las que tengo. Obviamente que con esas no me dejan salir a la calle. 

 

Fotos: César Balcázar

 

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