Pasar al contenido principal

Se encuentra usted aquí

En una granja con dos mil matas descubrimos su proceso, desde que es sembrada hasta que se convierte en sustancia para uso recreativo o medicinal.

Por: David Schwarz

 

Por un rato intente dejar a un lado los prejuicios. Una mañana llama por teléfono a Colombia Cannabis Tour, porque, entre tantos planes que falta por hacer, está pendiente uno, encaramado en las montañas del Cauca. Usted aprueba los 180 mil pesos de precio, sugerido por una guía. Separa el cupo y acepta partir de Cali, en donde lo recogerá una van. Ya conoce haciendas cafeteras, vitivinícolas, ganaderas, frutales. Tiene pendiente el tour de la marihuana, que desde hace año y medio está en el mercado y opera con Registro Nacional de Turismo.

 

No es que usted se haya despertado con ganas de desafiar la legalidad. El Colombia Cannabis Tour es tan legal como ir a Panaca o a un centro comercial. Lo único que lo diferencia es su ubicación: está en la vereda El Jagual, en el municipio de Corinto, a una hora y media de la capital del Valle.
Finalmente, a bordo de la van, es parte de un grupo conformado por un colombiano, un italiano y un canadiense. La buseta parquea frente a una granja sencilla, flanqueada de cultivos frondosos. A simple vista, hay marihuana. Si agudiza más los ojos, se encontrará sembrados de aguacates, uvas y mata de coca.  

 

“No importa lo difícil que sea alcanzar nuestros sueños. Juntos lo lograremos”, se lee en un cuadro colgado en la pared. La frase está acompañada de una imagen de las propiedades de la mata verde en la medicina, la cosmética y la industria textil. 

 

Romario es uno de los guías. Está encargado de las dos mil matas sembradas.  De entrada, resume el proceso de la marihuana: “Organizar el terreno, sembrar, exponer la planta a una luz artificial de día y de noche durante tres meses. Luego esperar otro mes, dejarla secar tres días con resistencias y desmoñar la flor”. 

 

Sus palabras tienen la cadencia del que vive frente a las montañas. En la inmensidad del paisaje se pierden las sensaciones que se enquistan fácilmente en el cuerpo, como la inseguridad y el miedo. Al menos hoy. Al menos ahora, cuando ya no hay conflicto con las Farc y los estigmas entorno a las drogas empiezan a replantearse. 

 

Leer más

Publicidad
Publicidad