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Perú, más allá de Machu Picchu

Por: 
Gabriela Castro Rico
A 254 km de la capital peruana está Paracas, un lugar que enamora a los turistas por sus diferentes ecosistemas.

Mi viaje a Perú tenía un objetivo específico: conocer la historia cultural y religiosa de Lima y su rica gastronomía a través de Mistura, la Feria Gastronómica Internacional de la capital. Probaría las delicias de varios restaurantes que están en la lista de los 50 mejores de Latinoamérica: Central, Maido, Isolina y Malabar. Sin embargo, hice un desvío inesperado y terminé caminando por paisajes insólitos, con extensas cordilleras de arena,  leones marinos y hasta pingüinos.

 

A tres horas de Lima está ubicada Paracas, una ciudad de la costa sur del Perú en la provincia de Pisco. Su nombre, en quechua, significa ‘lluvia de arena’, ya que su territorio cuenta con un desierto de 335.000 hectáreas, donde los vientos transportan polvo dorado a una velocidad de hasta 32 km por hora.

 

Ese desierto inmenso es hipnótico y la fascinación que produce se complementa con el hecho de que Paracas esté tan cerca del mar, razón por la cual termina de encantar a los turistas, con sus playas, su clima, su fauna y su historia mitológica ancestral. Allí los contrastes maravillan y hacen que el tiempo pase sin prisa .

 

Después de mi experiencia , le recomiendo algunos de los planes que debería probar en este insospechado paraíso peruano:

 

Recorrer el desierto de California

 

Aquí no solo abruma el horizonte infinito de arena, sino la cercanía con el sol. Uno lo tiene ahí, a la mano, y siente que puede tocarlo. El territorio se recorre en camionetas 4x4 (que no son recomendables para personas que sufran de mareo) o en vehículos areneros 4x4, en los que se disfrutan más la brisa y las dunas. En el camino se hacen algunas paradas para practicar sandboarding, que, aunque al principio intimida,  es una actividad muy desestresante. Lo recomendable es visitar el desierto durante el atardecer para disfrutar la puesta del sol y, en la noche cenar con amigos o familiares bajo una carpa en medio del desierto. 

 

Practicar deportes acuáticos o tener una experiencia de altura

 

Para los viajeros que aman los deportes acuáticos está la playa Playón, donde las olas ascienden varios metros y son perfectas para surfear o hacer windsurf y kitesurf. Si su espíritu es más aéreo, tiene que vivir una experiencia por los cielos, como hacer paravelismo o planear en un parapente.

 

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Ir a la reserva Nacional de Paracas

 

Esta es la reserva marina costera más importante de Perú. Hasta el momento tiene registradas 1.543 especies, entre plantas y animales. Aquí hay varias cosas por hacer, como visitar el Museo Julio C. Tello para conocer todo sobre la reserva y las especies que allí se conservan y para aprender sobre la cultura de esta zona, cuyos vestigios están representados en restos cerámicos, textiles y momias encontradas en el área. También se pueden visitar playas con poco oleaje, como Lagunillas, La Mina, Yumaque y Mendieta, que son ideales para acampar y pescar. Además, es posible ir a zonas fosilíferas para disfrutar hermosos paisajes marinos, o pasar por el istmo de la península de Paracas y sentir el poder de los vientos mientras aprecia una panorámica del lugar.

 

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Visitar Islas Ballestas

 

Estas islas quedan en el océano Pacífico, muy cerca a la costa de Perú. El recorrido, que dura dos horas, se hace en lancha y lo lleva a ver de cerca los pingüinos de Humboldt, los lobos marinos, los pelícanos, los cóndores, los piqueros peruanos y, si corre con suerte, los delfines que viven en la zona.

 

Ver el Candelabro de Paracas

 

En camino hacia las Islas Ballestas se puede apreciar un geoglifo, una figura construida en una ladera que es patrimonio cultural de la nación. Mide 170 metros y se cree que tiene relación con las líneas de Nazca. Hay varias teorías sobre su construcción. Se dice que es obra de extraterrestres, otros la atribuyen a ancestros peruanos, y otros, a José de San Martín (general de la expedición libertadora de Perú). Se cuenta que era una señal para los piratas y un símbolo ritual de sacrificios humanos. Todas estas teorías nacen del asombro que causa el hecho de que la imagen se mantenga intacta a pesar de los fuertes vientos que rellenan y vacían de arena las líneas, a las que no se les ha borrado un solo detalle.

 

Fotos: iStock.
 

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