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2017, el año de la primera edición del torneo de la liga femenina de fútbol

Nicole Regnier, Lady Andrade y Daniela Montoya regresaron al país para aportar su talento y su experiencia a la primera edición del torneo.

Por: Camilo Amaya.

 

Nicole Regnier sufrió con el frío del invierno español, terrible siempre, peor en la noche. La naturaleza aportaba pequeñas dosis de dolor y hasta de tragedia. La idea de jugar en Europa cautivó, enamoró y hasta cegó. Lo que era una ventaja en Colombia terminó por ser algo muy común allá. Mientras acá aprovechaba su altura para marcar de cabeza y su portentoso cuerpo para defender la pelota, en la liga femenina de ese país había jugadoras más altas, más fuertes, más veloces, más atléticas. Fue necesario buscar la diferencia en el talento, en tener el balón cerquita del pie, en mostrar fantasía.

 

Llegó en el 2014 al Atlético de Madrid (con 19 años), uno de los clubes más grandes del continente. Vivió un tiempo en las residencias del equipo y después pasó a hacerlo en un pequeño apartamento sola, tan sola que en su primer cumpleaños salió a comprar una torta, un par de velas y festejó en silencio. “Ni amigas, ni familia, ni nada”. No tuvo muchos minutos, tampoco oportunidades y fue cedida al Rayo Vallecano, en la siguiente temporada. Allí conoció a la guatemalteca Ana Lucía Martínez, con quien forjó una amistad que se transformó en hermandad. Pero así como tuvo una gran relación con sus compañeras, no pudo congeniar con Alberto Ruiz de la Hermosa, un entrenador con apellidos de mártir, reaccionario, tosco y con una personalidad chocante. “No me pude adaptar a lo que él quería, y él tampoco tomó lo que yo le ofrecía”. Un hombre que si se equivocaba no le interesaba  salir del error.

 

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Lady Andrade: estuvo con la selección de Colombia en los Juegos Olímpicos de Río, en el 2016.

 

“Tenía la costumbre de pegarle patadas a las cosas cuando algo no le salía bien en los entrenamientos. Y un día, de la ira, me tiró un balonazo estando yo a menos de cinco metros. Le hice el reclamo y eso quebrantó todo”. Los siguientes 17 partidos, Nicole ni siquiera fue al banco de suplentes, pues el DT la mandó siempre a la tribuna, sin importar que tuviera un cupo extra en la planilla. “La colombiana va a las gradas. Punto”. En silencio, Regnier siguió entrenando, no dejó que la tristeza de no jugar se reflejara en su cuerpo, pero la mirada no mintió, fue veraz, y todos notaron su incomodidad. “Por eso, cuando me enteré en una concentración de la selección de Colombia que iban a armar una liga femenina en el país me emocioné. Era algo que nuestro fútbol femenino tenía pendiente y quería hacer parte, colaborar, aportar con mi experiencia en el exterior”.

 

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En el 2016, luego de los Juegos Olímpicos, y con un rumor que de a poco se transformó en realidad, decidió aceptar la oferta del América, asumiendo las palabras hirientes que llegaron del otro lado, por haber profesado siempre un amor por el Deportivo Cali. Negoció desde septiembre, firmó en octubre. Y sintió de inmediato la diferencia. “El club nos dio el mismo trato que a los hombres, puso la infraestructura de ellos a nuestro servicio y creó todo para que nos pudiéramos dedicar a jugar”. En España tuvo que ver a varias compañeras recibir elogios por jugar en el cuadro colchonero, pero no ayudas; hacían las veces de meseras para poder sobrevivir. El costo de querer jugar, de salir adelante, de materializar sueños.

 

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Nicole Regnier: llegó al América de Cali luego de estar dos temporadas en Europa.

 

“Créeme cuando te digo que la liga de acá, siendo su primer año, estuvo mucho más estructurada que otras en Europa, más equitativa. No siempre lo de afuera es mejor”, dice Regnier, a pesar de no haber podido disfrutar su condición de máxima contratación del club escarlata para la primera edición del torneo, pues apenas comenzaba sufrió una fractura de la tibia posterior de su pierna derecha, lesión que la dejó fuera más de tres meses.

 

Andrade también creyó en el regreso

 

Viernes 10 de febrero. A nueve días para el debut de Santa Fe, en la liga femenina, contra Equidad, César Pastrana le dio una transfusión de optimismo a su equipo y a los hinchas: “Lady Andrade es nueva jugadora cardenal”. La bogotana llegó como una de las máximas figuras, luego de su paso por Estados Unidos, España, Finlandia y Turquía. En Norteamérica, con el Western New York Flash, entendió lo que era ser tenida en cuenta, lo que era que un equipo de mujeres tuviera a su disposición lo mismo que el de los hombres, una realidad que solo se da en pocos lugares en el mundo. En el fútbol turco conoció los desplantes de las directivas, la falta de palabras de muchos, la conveniencia con la que se manejan las cosas, un ambiente más cruel, más amargo, más injusto.

 

“Me prometieron un salario, pero con el tiempo los pagos no eran exactos. Yo me fui con dos compañeras más y, como ellas ganaban menos, tomaban mi dinero para completarles el sueldo. Y me lo decían así, sin pudor, sin vergüenza”. Si el equipo (1207 Antalya Dösemealtı Belediyespor) ganaba, todo marchaba sin problemas. Si perdía, la cosa se complicaba, las represalias llegaban por otros lados, como en el hospedaje, la alimentación, garantías mínimas para un futbolista extranjero que, en principio, lo que busca es sobrevivir. Sumado a eso, la intermitencia de los entrenamientos desesperó a Lady y la mediocridad la desmotivó. No había hora fija de llegada, cambiaban los itinerarios media hora antes de iniciarlos y tampoco hubo respuestas. “Prometían, volvían y prometían, pero nunca cumplían”.

 

Daniela Montoya Quiroz

Daniela Montoya: hace parte del proceso de la selección nacional, rumbo a la Copa América de Chile, en el 2018.

 

No existió la cordialidad, ni la amistad, mucho menos la humanidad. Y eso quedó comprobado cuando el contrato estuvo próximo a terminarse y la colombiana les hizo saber que se iría. “Empezaron a cobrarme cosas que yo no entendía. Y después de amenazarme con eso me decían que si me quedaba más tiempo darían por sellada la supuesta deuda”. El pago se volvió como el aire, impalpable, y el silencio hostil de los directivos apresuró una decisión ya meditada. “Y me vine para Colombia, porque supe que en mi país sería feliz jugando. Además, siempre las niñas de la selección habíamos peleado mucho tiempo por tener una liga. Era lógico regresar”.

 

Lady se convenció de algo y lo logró. Llevó a Santa Fe al título, a convertirse en el primer campeón del torneo femenino, así como lo fue en el masculino en 1948. Y más allá de la victoria, Andrade valoró la forma en la que lo consiguieron y el amparo con el que contó a lo largo del desarrollo del certamen. “Nos fue muy bien. Y hablo más allá de ser campeonas, hablo de lo que significó el apoyo de la gente, de las directivas, de todos. Las cosas van por buen camino y con unos cuantos patrocinadores más, que se interesen en nosotras, todo seguirá en aumento. Fue y seguirá siendo un acierto”.

 

La decisión correcta de Montoya

 

Daniela Montoya habla con un ritmo lento, más bien manso. Con pausa y balanza se refiere a su experiencia en el Levante, equipo de la primera división española, al que llegó en el 2016 (tenía 26 años). Club que la hizo palpitar, sentir viva, al enfrentar a las mejores jugadoras del mundo. Fútbol en el que apeló a una dosis mínima de coraje para acostumbrarse. Su cabeza siempre fue más rápida que sus pies, y esa velocidad de pensamiento, de tomar decisiones con prontitud y exactitud, le permitieron destacarse. “Hice lo mío, aprendí a mejorar lo mío”. Estuvo una temporada, tiempo en el que hizo esfuerzos tremendos para no quedarse atrás y, con una valentía única, siempre le sacó provecho a cada suceso.

 

 

“Un nivel alto aumenta el tuyo”, dice. Sacrificio, esfuerzo, dedicación, palabras que tiene arraigadas en un discurso creíble, que repite de manera sacrosanta. “Es que si no hacés eso, pues no llegás lejos”. Pero, ¿por qué una futbolista que lo tenía todo en Valencia prefirió volver a Colombia? “Porque las que hemos recorrido más caminos tenemos que ayudar”. No hay prepotencia en las palabras de la capitana del Envigado. El bien común pagó su tiquete de vuelta.

 

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“Si queremos ser tenidas en cuenta, en nuestro país, lo lógico es estar acá, apoyando el torneo, demostrando que no solo hay talento, que hay espacios para fomentarlo, para crecer, para pelear por lograr más cosas”, agrega. No es para menos. Es referente y lo sabe. Y también sabe que el juego debe jugar con ellas, contar con ellas y surgir por el bien de ellas. “A mí me gustó mucho la primera edición de la liga. Y creo que con los años será mejor. Eso depende de todos, aunque mucho más de nosotras”.

 

Nicole Regnier, Lady Andrade y Daniela Montoya, tres ejemplos de por qué siempre es bueno volver a casa, a las raíces, a sembrar cosas nuevas, a encontrarse con uno mismo para el beneficio de todos, a infundir un espíritu de lucha irreductible, todo por el bien del fútbol femenino en Colombia. El primer paso ya está dado, ahora hay que seguir aprendiendo a caminar.

 

Foto de apertura: Mauricio Alvarado - El Espectador.

Fotos: Daniel Álvarez - David Schwarz.

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