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'El día de la cabra', una película que rescata la esencia de Providencia

Por: 
Redacción Cromos
Hizo parte de la selección oficial del Festival de Cine de Londres.

Dirección: Samir Oliveros Zayed 

Guion: Samir Oliveros Zayed

Protagonistas: Honlenny Huffington Robinson, Kiara Mishell y Elkin Robinson

Duración: 76 min

 

 

Todos hemos tenido un mal día. De esos en los que parece que nos hubieran echado un tarro de sal encima. Una embarrada nos lleva a la otra y esa a la siguiente. Entonces, solo esperamos que llegue pronto la noche para que todo termine, para empezar de nuevo. Eso cuenta esta película: la historia de un mal día. Corn y su hermana Rita salen a hacerle un mandado de su mamá y en el camino atropellan una cabra. Ese momento determina todo lo que pasará en las siguientes 24 horas, en las que tendrán que buscar una mentira para cubrir la anterior y así consecutivamente. Son jóvenes, corren el riesgo de ser castigados de por vida y la verdad no es una opción. 

 

El día de la cabra entretiene. Dan ganas de saber cómo esos dos jóvenes van a desenredar el nudo que armaron. Pero lo que se le queda a uno de la película, más que la historia misma, es Providencia, la isla donde transcurre la vida de esa cabra que se atraviesa en la carretera. Los realizadores saben explotar cada rincón de ese pedacito de Colombia, donde poco hablan español, donde el sol hace que los colores se sientan (no solo se vean), donde el agua del mar atrae como si fuera una hechicera, donde la música va al ritmo de las olas y del viento. 

 

Una de las escenas más bellas de la película transcurre en un manglar. Cuatro hombres con rastas y sin camiseta están sentados en el agua. La mitad de su cuerpo está sumergida y con la otra mitad producen música. Utilizan instrumentos improvisados. Uno de los integrantes del grupo sopla sobre la boca de dos botellas de vidrio. Otro cubre con su aliento unos caracoles de mar que suenan cuando el aire los atraviesa. El siguiente artista toca una especie de marimba elaborada con recipientes donde antes se guardaron bebidas o remedios. Y el último completa la melodía con una flauta. Es un instante de serenidad que anhelamos quienes a veces nos sentimos atrapados en medio del concreto, los pitos y el exceso de las ciudades. Es un momento que refleja muy bien cómo es eso de vivir en esa isla, en esa paz. Entonces uno, como espectador, tiene la sensación de estar en medio de una alucinación. 

 

Eso logra la película, rescatar la esencia de Providencia, de su belleza, de sus sonidos, de su gente. Todos los diálogos son en creole, así que es difícil creer que la historia transcurre en Colombia; sin embargo, hay un humor que permea las aventuras de Corn y Rita, y con él nos identificamos. La película tiene una chispa con un toque latino. También está presente esa visión supersticiosa que ronda los pueblos del Caribe: para Corn y para Rita, atropellar la cabra es un mal agüero, por eso pasan todo el día en busca de alternativas para reversar la suerte negra que se echaron encima. 

 

El día de la cabra es simpática, pero, sobre todo, es bonita. Cada color, cada paisaje y cada encuadre está pensando para atraer la mirada y atraparla. Y por eso uno se queda hasta el final, encantado y contemplativo.

 

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