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En el día mundial de la poesía, cinco poemas de escritoras latinoamericanas

Versos de Teresa Wilms Montt, Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni, Piedad Bonnet y Blanca Varela, que nos llegan al alma.

Teresa Wilms Montt

Viña del Mar, Chile (1893-1921)

 

Teresa_Wilms_Montt_divan

 

Belzebuth

 

Mi alma, celeste columna de humo, se eleva hacia

la bóveda azul.

Levantados en imploración mis brazos, forman la puerta

de alabastro de un templo.

Mis ojos extáticos, fijos en el misterio, son dos lámparas

de zafiro en cuyo fondo arde el amor divino.

Una sombra pasa eclipsando mi oración, es una sombra

de oro empenachado de llamas alocadas.

Sombra hermosa que sonríe oblicua, acariciando los sedosos

bucles de larga cabellera luminosa.

Es una sombra que mira con un mirar de abismo,

en cuyo borde se abren flores rojas de pecado.

Se llama Belzebuth, me lo ha susurrado en la cavidad

de la oreja, produciéndome calor y frío.

Se han helado mis labios.

Mi corazón se ha vuelto rojo de rubí y un ardor de fragua

me quema el pecho.

Belzebuth. Ha pasado Belzebuth, desviando mi oración

azul hacia la negrura aterciopelada de su alma rebelde.

Los pilares de mis brazos se han vuelto humanos, pierden

su forma vertical, extendiéndose con temblores de pasión.

Las lámparas de mis ojos destellan fulgores verdes encendidos

de amor, culpables y queriendo ofrecerse a Dios; siguen

ansiosos la sombra de oro envuelta en el torbellino refulgente

de fuego eterno.

Belzebuth, arcángel del mal, por qué turbar el alma

que se torna a Dios, el alma que había olvidado las fantásticas

bellezas del pecado original.

Belzebuth, mi novio, mi perdición...

Madrid. 1919.

 

 

Alejandra Pizarnik

Buenos Aires, Argentina (1936-1972)

 

Pizarnik_byn

 

Solamente

 

ya comprendo la verdad

 

estalla en mis deseos

 

y en mis desdichas

en mis desencuentros

en mis desequilibrios

en mis delirios

 

ya comprendo la verdad

 

ahora

a buscar la vida

 

 

Alfonsina Storni

Sala Capriasca, Suiza (1892-1938)

 

Alfonsina_Storni_-_24_años_de_edad

 

Loba

 

Yo soy como la loba.

Quebré con el rebaño

Y me fui a la montaña

Fatigada del llano.

 

Yo tengo un hijo fruto del amor, de amor sin ley,

que yo no pude ser como las otras, casta de buey

con yugo al cuello; libre se eleve mi cabeza!

Yo quiero con mis manos apartar la maleza.

 

Mirad cómo se rien y cómo me señalan

porque lo digo así: (Las ovejitas balan

porque ven que una loba ha entrado en el corral

y saben que las lobas vienen del matorral).

 

¡Pobrecitas y mansas ovejas del rebaño!

¡No temáis a la loba, ella no os hará daño.

Pero tampoco riaís, que sus dientes son finos

y en el bosque aprendieron sus manejos felinos!

 

¡No os robará; la loba al pastor, no os inquieteís;

yo sé que alguien lo dijo y vosotros lo creéis

pero sin fundamento, que no sabe robar

esa loba; sus dientes son armas de matar!

 

Ha entrado en el corral porque sí, porque gusta

de ver cómo al llegar el rebaño se asusta,

y cómo disimula con risas su temor

bosquejando en el gesto un extraño escozor...

 

Id si acaso podéis frente a la loba

¡Y robadle el cachorro! no vayaís en la boba

conjunción de un rebaño ni llevéis un pastor...

¡Id solas! ¡Fuerza a fuerza oponed el valor!

 

Ovejitas mostradme los dientes. ¡Qué pequeños!

No podréis, pobrecitas, caminar sin los dueños

por la montaña abrupta, que si el tigre os acecha

no sabréis defenderos, moriréis en la brecha.

 

Yo soy como la loba. Ando sola y me río

del rebaño. El sustento me lo gano y es mío

donde quiera que sea, que yo tengo una mano

que sabe trabajar y un cerebro que es sano.

 

La que pueda seguirme que se venga conmigo,

pero yo estoy de pie, de frente al enemigo,

la vida, y no temo su arrebato fatal

porque tengo en el mano siempre pronto un puñal.

 

El hijo y después yo y después... ¡lo que sea!

aquello que me llame más pronto a la pelea.

A veces la ilusión de un capullo de amor

que yo sé malograr antes que se haga flor.

 

Yo soy como la loba.

Quebré con el rebaño

Y me fui a la montaña

Fatigada de llano.

 

Piedad Bonnett

Amalfi, Colombia (1951)

 

piedad

 

Confesión

 

Para tus ojos

quisiera yo beber el agua dulce azogue,

y amanecer cubierta de polvos de metales

como una joven faraona muerta.

Robarle su color a los almendros,

y hundiéndome en el lodo feroz de los pantanos

lustrar mi desnudez

para tus ojos.

Recuperar la luz de las espadas

y hacerla batallar en mis pupilas.

Tornarme espléndida

como una esclava etrusca cuya cabeza calva

perturba el sueño de los mercaderes,

como iracunda araña al sol del mediodía,

como la dentadura feroz de los guerreros,

como el líquido

despertar matutino de las dianas.

 

(Pero todo esto no es sino literatura

y debo resignarme a sonreírte

sin existir, quizá para tus ojos).

 

Blanca Varela

Lima, Perú (1926-2009)

 

BlancaVarela

 

Canto Villano

 

y de pronto la vida

en mi plato de pobre

un magro trozo de celeste cerdo

aquí en mi plato

observarme

observarte

o matar una mosca sin malicia

aniquilar la luz

o hacerla

hacerla

como quien abre los ojos y elige

un cielo rebosante

en el plato vacío

rubens más cebollas

más lágrimas

tantas historias

negros indigeribles milagros

y la estrella de oriente

emparedada

y el huesos del amor

tan roído y tan duro

brillando en otro plato

este hambre propio

existe

es la gana del alma

que es el cuerpo

es la rosa de grasa

que envejece

en su cielo de carne

mea culpa ojo turbio

mea culpa negro bocado

mea culpa divina náusea

no hay otro aquí

en este plato vacío

sino yo

devorando mis ojos

y los tuyos

 

Foto: Getty - Google etiquetada para reutilización. 

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