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“La violencia se aprende; se transmite de una generación a otra”, Daniela Ligiero

Por: 
Carlos Torres
Directora ejecutiva de Together for Girls
La directora ejecutiva de Together for Girls, fue víctima de abuso sexual. Deja un mensaje transformador para las mujeres y niñas del mundo.

 

 

En Estados Unidos, la violencia intrafamiliar es la segunda causa de visita a urgencias. 

 

En Brasil, hace ocho meses, varios hombres violaron a una niña de 16 años. Orgullosos de su gracia, subieron el video a Facebook. Ese mismo día y en ese país, un ladrón armado amenazó de muerte a una joven para que le entregara su bolso. 

 

La menor que fue violada no buscó a la policía al día siguiente porque tenía miedo de que la juzgaran. La asaltada sí lo hizo; no se le ocurrió que pudieran preguntarle por qué se había expuesto. Los testigos de la violación se quedaron de brazos cruzados. Quienes vieron el atraco ampararon a la mujer.  Cuando se enteraron de la violación, los padres juzgaron a su hija por haber estado en la fiesta, como si fuera su culpa, como si los hombres fueran animales incontrolables. Cuando alguien es víctima de un atraco no piensa: “no se pudo controlar y me asaltó”. La mujer que se quedó sin bolso recibió apoyo; la víctima de violación, mensajes destructivos: “¿Quién la manda a salir sola?”, “Así estaría vestida...”. 

 

En Colombia, el ICBF ha recibido 2.500 denuncias por abuso sexual a menores este año. En el mundo, el suicidio es la causa número uno en muertes de niñas entre los 15 y 19 años. 

 

Ligiero se ve reflejada en estos casos. Conoce bien las dificultades de sobreponerse a la violencia, por eso busca construir una sociedad en la que nadie tenga que sufrir lo que ella sufrió. Su amarga experiencia la convirtió en una fuerza inspiradora. Ahora combate el machismo y todas las formas de maltrato contra la niñez. 
 

 

P: ¿Cuál es su definición de violencia? Los hombres la canalizamos en nuestras casas, en las mujeres y niños que tenemos a nuestro lado, en el trabajo, en la calle.

R: La violencia se aprende y hay que pensarla como una enfermedad. Es un virus que se transmite de una generación a otra. En Together for Girls tenemos evidencia que demuestra que, si uno aprende algo, un comportamiento, es candidato a repetirlo. Los niños que tienen experiencias de violencia crecen y repiten el mismo patrón. Si en tu casa los domingos se almorzaba en familia, lo más probable es que cuando crezcas sigas organizando ese espacio los fines de semana. Lo que adquieres en tu hogar lo normalizas, es el punto de partida de tu formación. Las herramientas con las que lidias con el estrés y la rabia se aprenden en la casa. Por eso a los niños criados en familias disfuncionales hay que darles otras herramientas, para que no vayan a repetir los mismos comportamientos. 

 

 

P: Together for Girls realiza estudios sobre maltrato a las niñas y los niños. ¿Cómo podemos pasar de los datos a la acción para que las víctimas no sean una cifra más? 

R: Se necesitan tres factores para poder cambiar. El primero son las estadísticas, que nos ayudan a entender la magnitud del flagelo, porque si no, la gente seguirá creyendo que los problemas suceden en otros lugares, no en el barrio ni en la propia familia. Las estadísticas permiten demostrar que el problema es amplio y está cerca de cada uno de nosotros. El segundo componente es darle una cara humana a la problemática, conocer las historias de personas con quienes podamos identificarnos. Todavía hay mucho tabú, mucha discriminación a las mujeres que hablan sobre estos temas. Por eso yo, en los foros hablo de mi propia experiencia cuando era niña. El tercer factor es la solución, en el que todos cumplimos un papel. Puede transformar el mundo una tarea que parece chiquita, como apoyar a otras mujeres que han sufrido abusos. Si vemos que alguien está en peligro, debemos elevar la voz en contra. Abundan los mensajes que apuntan a ser buen padre, buen marido, buen compañero de trabajo, pero hay pocos que hablen de la necesidad de enfrentar la pasividad y el silencio. 

 

 

P:  ¿Las mujeres y los niños son las poblaciones más vulnerables?

R: No lo diría en esos términos. Hay que pensar de manera más amplia y estratégica sobre la vulnerabilidad. Hay hombres que también viven situaciones horribles. Si uno mira la cuestión de la violencia, principalmente, en el contexto de alguien que uno conoce y en quien uno confía, las mujeres y los niños están más expuestos. Lo difícil es tratar este tema cuando pasa dentro de la casa, en una relación. Como vivimos en un mundo machista, es fácil sentir que no hay demasiado por hacer, se fortalece la idea de la conspiración patriarcal, en donde la violencia se esconde y todos callan.

 

 

P: ¿Qué podemos hacer los hombres para combatir la violencia hacia la mujer y los niños?

R: Los hombres son los principales perpetradores de la violencia. La idea es comenzar a tener autocrítica, saber qué tipo de comportamientos hacen daño. Todos tenemos un papel en lo que está pasando alrededor de nosotros. Todavía, cuando hablamos de violencia hacia la mujer y los niños, tenemos la noción de que eso es algo privado, que se tapa, que uno no se mete. Se debe empezar a empoderar a la gente, inculcar la idea de que hombres y mujeres podemos hacer la diferencia, en situaciones cotidianas, como esa en la que un hombre ve a otro molestando a una mujer que no está interesada en él. El testigo puede decirle “espera, detente un segundo”, con el debido respeto. Tenemos muchas normas sociales que apuntan a  no intervenir. La gente activa hace la diferencia. Hay que tener un papel, llamar a la policía y denunciar lo que está pasando. Hemos visto que, entre grupos de hombres que se conocen, que son amigos, con que uno se ponga en el lugar de la agredida, puede tener una gran influencia positiva. 

 

 

P: ¿Penas como la cadena perpetua a Rafael Uribe Noguera por el feminicidio de Yuliana Samboní tienen un efecto disuasorio sobre potenciales asesinos?

R: En los países siempre habrá sicópatas. La cuestión es la cantidad de casos de feminicidio y abuso, ahí está la diferencia. En países donde las leyes se implementan, en donde no hay impunidad en las agresiones a mujeres, baja este tipo de violencia. Es un tema de cantidad y prevalencia. En países donde la violencia intrafamiliar es castigada, en donde se ha entrenado a las autoridades para saber afrontar estos casos, los índices disminuyen notablemente. El problema es que en muchos lugares las leyes solo existen en los libros. En Colombia, tuve la oportunidad de conocer a María Isabel Covaleda, la mujer agredida por su novio en un teatro de Bogotá. Cuando ella fue a poner la denuncia, la policía la dejó todo el tiempo al lado de su agresor. Si así es el comienzo, imagínate el desenlace. 

 

 

P: Están los derechos del niño y los objetivos de desarrollo sostenible, que incluyen “poner fin al maltrato, la explotación, la trata y todas las formas de violencia contra los niños”, pero vemos que no pasa nada, al menos en Colombia.

R: Hay muchas promesas vacías, hay compromisos firmados que se quedan en lo escrito y no en la acción. Algunos países han hecho grandes esfuerzos, en los que hay discusión sobre estos temas y medidas concretas que responden al problema. Yo creo que la violencia contra las mujeres y las niñas y los niños es algo muy antiguo, relacionado al valor que les damos a las mujeres. ¿Qué significa ser hombre? ¿Qué significa ser mujer? Son fibras profundas que tocan la identidad que por generaciones se ha construido y  que es muy difícil cambiar de la noche a la mañana. Es importante saber que el machismo y la violencia hacia los niños no es una enfermedad como la tuberculosis, que se trata con un remedio. Tiene que ver con ideas muy personales que cada uno carga, de ahí que sea difícil el cambio, aunque no significa que sea imposible. 

 

La pelea contra la violencia hacia los niños parece una batalla perdida. En Colombia van 2.500 denuncias por abuso sexual en lo corrido del 2017.

 

R: Hay estudios que demuestran que cada vez hay más hombres que no son machistas, a la vez que hay un porcentaje que siguen perpetuando el machismo. Siempre que yo veo a un hombre que reconoce que no está bien el maltrato, que se refiere al tema, que tiene el coraje de hablar públicamente contra hombres agresores, me da esperanza. Aquí, en Estados Unidos, en la cadena Fox News, hace poco despidieron al presentador Bill O'Reilly  por denuncias de abuso sexual. Eso hace una década era impensable. Por la presión social, porque hombres y mujeres se revelaron contra el programa, las directivas tomaron la decisión. Actos como ese hacen la diferencia. 

 

 

P: ¿Qué les diría a los padres que son del pensamiento 'la letra con sangre entra'?

R: Para implementar disciplina en los hijos no es necesaria la violencia. Muchos papás sienten que es la única manera de corregir. A esos padres hay que indicarles el camino para que lo hagan de otra manera. Persiste la actitud de que los niños serán irresponsables y problemáticos si no hay castigo físico o psicológico. No hay evidencia que muestre eso, al contrario, los niños que no son maltratados son más felices. Hay otras maneras de poner límites.

 

Algo de pesimismo debe haber en sus expectativas.

R: Vivimos en un mundo en el que hemos dado pasos grandes por generaciones. Debemos recordar que hace cien años las mujeres no votaban en la mayoría de naciones. En la medida que la gente hable más sobre los problemas, la situación mejorará. De este modo empiezan los movimientos transformadores. Hace cincuenta años, si miras Estados Unidos, había leyes donde los negros no podían usar los mismos baños que los blancos. Y hace poco tuvimos un presidente negro. El cambio tarda, pero estoy convencida de que es posible. Todavía hay gente racista, pero menos que antes. Ya no es lo mismo ser negro aquí, los que discriminan son minoría. Ojalá un día no haya un solo discriminador sobre la Tierra. Del mismo modo que el problema se redujo, aspiro a que cambie el trato hacia las mujeres y los niños, lo más pronto. El progreso no es una línea recta, puedes dar cinco pasos adelante y otro atrás. 

 

 

Fotos: Together for girls / Fundación juanfe

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