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"Me gustaría tener el poder de oír la voz de mis muertos": Ricardo Silva Romero

Por: 
Redacción Cromos
Después de casi veinte años de hacer libros, ahora publica Ficcionario, una reflexión sobre el oficio de contar historias.

En la medida de lo posible, Ricardo Silva evita salir de su casa, esa es una de las razones por las que se le da tan bien escribir. Esto nos contó el escritor y periodista. 

 

¿La ficción para qué? 

Para darle forma a lo que pasa antes de que se olvide.

 

¿Qué es lo más difícil de dedicarse a escribir? 

Superar una voz que de vez en cuando le dice a uno que no vale la pena.

 

Si no hubiera sido escritor, ¿qué habría sido? 

Terminé siendo escritor. Me habría gustado ser músico o cineasta, pero luego caí en cuenta de que en ambos casos había que salir de la casa.

 

¿Cuándo es imposible escribir?

Cuando hasta ahora está pasando lo que uno va a escribir.

 

¿Por qué escribir un libro para escritores? 

Porque yo creo que nunca sobran las muletas.  

 

¿Cuál es la diferencia entre escribir ficción y columnas de opinión? 

En ambos casos se trata de que el lector vaya de la primera línea a la última. 

 

¿Qué hay detrás de una buena historia? 

Creo que un buen personaje y una gran reivindicación.

 

Un verso, una frase, que nunca se le olvida. 

“Es un mundo duro para los seres pequeños”, de La noche del cazador.

 

¿Qué poder le gustaría tener? 

Querría oír la voz de mis muertos.

 

Su palabra favorita.

Plegaria.

 

Ricardo Silva

 

Una que odie.

Sobaco.

 

 Asegura tener buena memoria, ¿para qué sirve esa virtud? 

Para cuando el iPhone se queda sin pila, por ejemplo, pero también para recrear lo que se ha vivido y para darle espíritu a lo que se está inventando. 

 

Es futbolero, ¿hay alguna relación entre el fútbol y la literatura? 

El suspenso, aquella carrera contra el tiempo.

 

Un video de TED que vale la pena ver. 

El de Oliver Sacks, sobre las alucinaciones de nuestras mentes.

 

¿Por qué vuelve, de manera inevitable, al humor? 

Creo que el humor puede ser un rasgo, una lengua, un pacto entre amigos, pero también una posibilidad de la poesía: un hallazgo al que no le puede sobrar ni una palabra ni un gesto. 

 

¿En qué cree? 

En todo, por si acaso, de Dios para abajo.

 

Qué es lo más bogotano que tiene. 

Yo diría que la ‘jartera’, pero, pensando en algo concreto, creería que las ganas de ir al restaurante Las Margaritas.

 

¿Qué se necesita para escribir sobre Colombia? 

Compasión por el país.

 

Tres palabras para describir a los colombianos.  

Fe, violencia y coraje.

 

Un miedo. 

Tengo muchos, pero últimamente pienso mucho en que no puedo morirme porque tengo esta familia que cuidar.

 

Un defecto suyo.

De tanto tragarme lo que pienso, tengo luego mis días de amargura.

 

¿Cuál es su mayor extravagancia?

Comer picante a las diez de la noche. 

 

Una virtud que admire en las mujeres. 

Su inteligencia, que se vale además de los cinco sentidos.

 

Una expresión colombiana que se debería traducir a otros idiomas. 

“Este sol es de agua”.

 

Un arrepentimiento. 

Suelo reaccionar demasiado tarde. Todavía me duele no haber visto a los Rolling Stones en Bogotá.  

 

¿Cuál fue su último gran hallazgo en Netflix? 

Jerry Before Seinfeld. 

 

Un pensamiento recurrente. 

Que es increíble haber estado a la altura de Carolina, mi esposa, en el momento justo. Que es increíble haber logrado la vida que tenemos.

 

Una adicción. 

Sé que es triste, pero no deja de ser valiente reconocer que no he podido dejar la Coca-Cola.

 

¿Hay algo que extrañe de escribir sobre cine?

Eso de que estar en cine a las diez de la mañana sea estar trabajando.

 

Qué es lo primero que se le viene a la cabeza cuando se levanta. 

Que hay que hacer todo lo que sea necesario, caiga quien caiga, para que Pascual llegue a tiempo al bus: el colegio de él queda en Sopó.

 

Lo mejor de ser papá.

Por un lado, todo lo demás adquiere su verdadera importancia. Por otro lado, es un privilegio esto de ver a estas dos personas, Pascual e Inés, ser el milagro que son.

 

 

Foto: Daniel Álvarez.

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